Un reel reciente está llamando la atención por un acto misional sorprendente. Entre saludos, personas grabando con sus celulares y una multitud intentando acercarse, ocurrió un momento que llamó la atención de muchos en redes sociales.
Mientras la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, avanzaba entre la gente durante una visita pública en un pueblo del país, un joven misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días logró acercarse lo suficiente para entregarle un ejemplar del Libro de Mormón.
Todo pasó rápido. Había personas entregándole cartas, regalos y otros objetos, así que el libro quedó entre varias cosas más que la presidenta recibió en ese momento. Pero para los misioneros, ese pequeño instante significó mucho más de lo que parece.
A pocos metros, su compañero observaba la escena. Cuando vio que el Libro de Mormón había llegado a sus manos, levantó el pulgar y le hizo una señal de aprobación. Un gesto simple, pero que reflejaba exactamente el propósito con el que ambos estaban allí.
Más que repartir libros

Para quienes no están familiarizados con el trabajo misional, los misioneros no salen a las calles simplemente para entregar folletos o hablar con personas al azar. Su propósito principal es invitar a otros a acercarse más a Jesucristo. Y una de las herramientas más importantes para eso es precisamente el Libro de Mormón.
Además, si pensamos en el momento es solo un misionero intentando enseñar el evangelio. Porque al final, eso es lo que hacen miles de jóvenes Santos de los Últimos Días alrededor del mundo todos los días.
Aunque probablemente nunca sepan qué ocurrirá después con ese Libro de Mormón, para ellos el objetivo ya estaba cumplido. Hicieron la invitación. Compartieron su fe. Y dejaron que la otra persona decidiera qué hacer con ella.
Ellos entienden que muchas veces el éxito no está en obtener resultados inmediatos, sino en simplemente atreverse a compartir el Evangelio.
A veces, una conversación dura una hora. Otras veces, solo unos segundos entre una multitud. Pero para un misionero, cada oportunidad cuenta.
