Para muchos, el verdadero arrepentimiento llega cuando una persona toca fondo y descubre que Jesucristo todavía quiere ayudarla a levantarse.
Eso fue lo que vivió Chris Epson. Él creció en California, sirvió una misión en Chile y durante muchos años llevó una vida aparentemente normal dentro de la Iglesia. Se casó, formó una familia y continuó participando activamente.
Sin embargo, detrás de todo eso había una lucha que llevaba escondiendo desde los once años, su adicción a la pornografía.
Durante décadas pensó que jamás podría cambiar realmente. Hasta que a los 62 años llegó a un punto donde ya no podía seguir fingiendo que todo estaba bien.
Curiosamente, ese momento que parecía el final, terminó convirtiéndose en el inicio de algo completamente distinto.
Cuando el Evangelio deja de ser teoría

Hay escrituras que uno lee toda la vida, pero que recién entiende cuando las vive.
Chris cuenta que durante años escuchó hablar sobre el poder de la Expiación de Jesucristo, el perdón y la gracia, pero no fue hasta iniciar la recuperación que esas palabras dejaron de sonar como doctrina bonita y empezaron a sentirse reales.
Una de las escrituras que más lo marcó fue Isaías 1:18:
“Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos.”
Para él, esa promesa ya no era solo una escritura porque sentía que había pasado demasiados años viviendo en oscuridad, culpa y vergüenza. Y aun así, Dios seguía diciendo:
“Podemos empezar otra vez”.
Dios sí podía perdonarlo

Mientras estaba en un centro de recuperación, Chris participó en una sesión de yoga terapéutico. En medio del ejercicio le dieron una tarjeta con un mensaje sobre el perdón personal.
Mientras meditaba en eso, sintió una paz que él describe que fue como si amor puro lo cubriera completamente. Empezó a llorar mientras entendía que Jesucristo realmente podía limpiarlo.
No parcialmente, sino por completo:
“El que se ha arrepentido de sus pecados es perdonado, y yo, el Señor, no los recuerdo más.” – Doctrina y Convenios 58
Chris dice que por primera vez entendió lo radical que es realmente el Evangelio porque muchas veces nosotros seguimos cargando pecados que Cristo ya estaba dispuesto a soltar.
La diferencia entre culpa y tristeza

Algo que también descubrió durante la recuperación fue que existe una diferencia enorme entre vivir atrapados en culpa y experimentar lo que las escrituras llaman “tristeza según Dios”.
Después de una conversación donde volvió a hablar sobre cosas relacionadas con su antigua adicción, Chris sintió otra vez ese vacío oscuro que antes dominaba su vida.
Esa noche terminó llorando mientras pensaba en el daño que había causado a su esposa, a sus hijos y a sí mismo. Sólo que esta vez era una tristeza sincera.
Más adelante entendió mejor las palabras de 2 Corintios 7:10:
“La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación.”
A veces confundimos arrepentimiento con humillación constante. Pero el Evangelio no busca destruirnos emocionalmente. Busca transformarnos.
Confesar todo fue más liberador

Por años Chris juró que jamás le contaría a un líder de la Iglesia, pensaba que lo miraría diferente para siempre.
Cuando finalmente habló con su obispo encontró comprensión, amor y esperanza. Entendió que Jesucristo no trabaja desde la vergüenza. Trabaja desde la redención.
Tiempo después, Chris participó en un consejo de membresía con líderes de la estaca. Él sabía que probablemente perdería temporalmente su membresía en la Iglesia. Y cuando llegó el momento fue doloroso, pero no sintió rechazo, sólo amor.
Describe ese momento como una de las experiencias espirituales más fuertes de toda su vida. Porque entendió que el Señor le estaba dando una oportunidad real de empezar desde cero.
Muchas veces vemos la disciplina espiritual como castigo; sin embargo, el Evangelio enseña que también puede ser una expresión de amor, límites y misericordia.
Volver a empezar sí es posible

Durante un tiempo asistió a la Iglesia sin participar de la Santa Cena y sin ejercer llamamientos. Pero lejos de sentirse más distante del Evangelio, dice que empezó a conocer a Cristo de una manera mucho más profunda.
Catorce meses después, Chris fue bautizado nuevamente.
Invitó a decenas de personas que habían sido parte de su recuperación. Familiares, amigos y personas que estuvieron a su lado cuando pensaba que todo estaba perdido.
Y ese día entendió que la gracia de Jesucristo es mucho más grande de lo que solemos imaginar.
No arruinaste demasiado tu vida

A veces dentro de la Iglesia hablamos tanto sobre “ser fuertes” que olvidamos que muchos están peleando batallas silenciosas.
Aunque cada historia es distinta, el mensaje del Evangelio es que Jesucristo no vino solamente por personas perfectas. Vino precisamente por personas heridas.
Eso no significa que el arrepentimiento sea fácil. Chris tuvo que enfrentar consecuencias reales, conversaciones difíciles y años de reconstrucción emocional y espiritual.
Pero también descubrió que la Expiación no solamente limpia el pecado. También sana el corazón de quien quiere volver a empezar.
Fuente: Leading Saints
