En diciembre de 2024, un pequeño bebé llamado Samuel llegó al mundo en Zambia enfrentando una batalla que parecía imposible.

Nació con apenas 26 semanas de gestación y pesando menos de un kilo. Sus pulmones aún no estaban completamente desarrollados, tenía dificultades para alimentarse y su cuerpo no podía regular adecuadamente la temperatura.

Durante los días siguientes, su condición empeoró. Comenzó a sufrir episodios de apnea, una afección que provoca que la respiración se detenga por periodos prolongados. 

En un país donde la mortalidad infantil sigue siendo uno de los grandes desafíos de salud pública, las probabilidades de supervivencia eran reducidas.

Sin embargo, la historia de Samuel tomó un rumbo diferente gracias a una capacitación médica financiada por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Una capacitación que llegó justo a tiempo

Samuel y su madre, Nasilele, cuyos apellidos no se proporcionaron, están sentados afuera del Hospital General de Lewanika en la Provincia Occidental de Zambia. Créditos: Gift Mwansa. Imagen: Save the Children

Un mes antes del nacimiento de Samuel, el personal de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital General Lewanika recibió entrenamiento especializado para atender recién nacidos prematuros.

La capacitación fue impartida por la organización humanitaria “Save the Children” como parte de un proyecto enfocado en la salud materna, neonatal e infantil.

Detrás de esa iniciativa se encontraba una donación de la Iglesia destinada a fortalecer la atención médica para madres y bebés en Zambia.

Gracias a ese programa, médicos y enfermeras aprendieron nuevas técnicas para cuidar a recién nacidos extremadamente vulnerables.

Y una de ellas terminaría siendo clave para salvar la vida de Samuel.

El método que marcó la diferencia

Samuel practicando el método canguro sobre el pecho de su madre días después de nacer prematuramente en el Hospital General de Lewanika, en Mongu, Zambia, en diciembre de 2024. Créditos: Martha Zyambo. Imagen: Save the Children

La técnica se conoce como «cuidado madre canguro».

Consiste en mantener al bebé en contacto directo con el pecho de la madre durante largos periodos de tiempo, utilizando una tela que lo sostiene cerca del cuerpo.

Este método ayuda a estabilizar la temperatura corporal, favorece la alimentación y reduce el estrés físico que enfrentan los bebés prematuros.

Además, permite que la madre detecte rápidamente cualquier problema respiratorio y pueda alertar al personal médico.

«Desde el día en que Samuel nació, los médicos y enfermeras nunca nos dejaron solos», recordó su madre.

«Me explicaban todo, me daban ánimo cuando tenía miedo y me enseñaron cómo cuidar a mi bebé, incluso cuando era tan pequeño».

Contra todo pronóstico

Samuel, de un año de edad, sentado en el regazo de su madre a las afueras del Hospital General Lewanika en Mongu, Zambia. Nació prematuro en diciembre de 2024. Créditos: Gift Mwansa. Imagen: Save the Children

El personal médico reconoce que, antes de recibir la capacitación, un caso tan delicado habría sido mucho más difícil de manejar.

Pero esta vez las cosas fueron distintas, poco a poco Samuel comenzó a mejorar. Ganó peso, logró alimentarse de manera constante y sus problemas respiratorios empezaron a estabilizarse.

Menos de cuatro meses después pudo salir del hospital. Cuando cumplió diez meses ya pesaba más de ocho kilos y continuaba desarrollándose con normalidad.

Hoy su historia es un recordatorio de cómo una intervención aparentemente pequeña puede cambiar el futuro de una familia completa.

Mucho más que una donación

Samuel se reencuentra con un miembro del personal de la UCI neonatal, a la derecha, que ayudó en su recuperación, a las afueras del Hospital General Lewanika en Mongu, Zambia. Créditos: Gift Mwansa. Imagen: Save the Children

La ayuda que recibió el hospital forma parte de los esfuerzos humanitarios que la Iglesia realiza alrededor del mundo.

Solo en 2025, la Iglesia destinó más de 1.580 millones de dólares a iniciativas humanitarias globales, incluyendo proyectos relacionados con alimentación, educación, agua potable, atención médica y apoyo a mujeres y niños.

En lugares donde millones de personas enfrentan dificultades para acceder a servicios básicos de salud, estas contribuciones permiten que hospitales, profesionales y organizaciones locales tengan mejores herramientas para servir.

Una vida que representa muchas más

El élder Mathias N. Niambe, Setenta de Área en el Área África Oeste; Ombretta Passoti, directora del Hospital Católico San Giuseppe Moscati, y otros líderes y funcionarios recorren el hospital en Yamoussoukro, Costa de Marfil, el 11 de marzo de 2026, después de que la Iglesia donara equipo médico. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La historia de Samuel es una entre miles, pero también muestra que detrás de cada proyecto humanitario hay personas reales. 

Hay madres que reciben ayuda cuando más la necesitan, profesionales que obtienen capacitación para servir mejor y hay niños que tienen una oportunidad que quizá no habrían tenido de otra manera.

Cuando el servicio inspirado se combina con el conocimiento y la compasión, vidas enteras pueden cambiar.

Para Samuel, esa diferencia significó lo invaluable que es la oportunidad de crecer, vivir y seguir adelante.

Fuente: Church News 

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