En un mensaje dirigido a los nuevos líderes de misión de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el presidente D. Todd Christofferson, segundo consejero de la Primera Presidencia, destacó la importancia de ver el arrepentimiento como una fuente de gozo y el centro mismo del propósito misional: ayudar a las personas a acercarse a Jesucristo.
Durante el Seminario para Nuevos Líderes Misionales 2026, realizado en el Centro de Capacitación Misional de Provo, Utah, el presidente Christofferson recordó que el mensaje del evangelio restaurado es, en esencia, una invitación llena de esperanza para cambiar la dirección de nuestras vidas y volver a Dios.
El arrepentimiento: una invitación al gozo, no a la culpa

Uno de los énfasis principales de su discurso fue que el arrepentimiento debe entenderse como una oportunidad para experimentar la misericordia divina y no únicamente como un proceso para abandonar el pecado.
Citando al presidente Dallin H. Oaks, el presidente Christofferson recordó una enseñanza que resume esta perspectiva:
«El arrepentimiento comienza con nuestro Salvador, y es una alegría, no una carga».
Bajo esta visión, enseñar que el arrepentimiento es posible constituye una de las mejores buenas nuevas del evangelio y explica por qué los misioneros son enviados al mundo: invitar a las personas a recibir el amor redentor de Jesucristo.
Más que abandonar el pecado: cambiar el corazón

El presidente Christofferson explicó que el arrepentimiento implica reconocer la existencia de una ley divina, admitir que todos hemos fallado en vivirla perfectamente y aceptar que existe un Salvador cuya expiación hace posible el perdón.
Retomando enseñanzas del Diccionario Bíblico y de Predicad Mi Evangelio, señaló que arrepentirse significa cambiar de dirección, orientarse hacia Dios y someter la propia voluntad a la Suya.
En ese sentido, el bautismo representa el paso que sella ese cambio de vida. Sin embargo, aclaró que la conversión no termina allí, porque los convenios deben renovarse constantemente mediante la fe, el arrepentimiento diario y la participación semanal de la Santa Cena.
El propósito final es llegar a ser semejantes a Cristo

El presidente Christofferson hizo hincapié en una verdad que para muchos resulta algo confusa: el arrepentimiento no busca únicamente obtener el perdón de los pecados.
«El arrepentimiento es el camino para perfeccionar nuestra obediencia y, por lo tanto, para desarrollar un carácter semejante al de Cristo».
El objetivo último al arrepentirnos no es simplemente regresar a la presencia del Padre Celestial, sino hacerlo preparados para vivir con Él eternamente, desarrollando atributos cristianos mediante decisiones diarias y un compromiso constante con el evangelio.
El papel esencial de los misioneros

Dirigiéndose a los futuros líderes de misión, el presidente Christofferson enseñó que los misioneros deben comprender personalmente el gozo del arrepentimiento para poder invitar a otros a experimentarlo.
Al preparar sus lecciones, explicó, deben ayudar a las personas a reconocer por qué necesitan arrepentirse y estructurar su enseñanza alrededor de invitaciones claras a actuar con fe.
Sin embargo, también recordó que el arrepentimiento por sí solo no elimina el pecado.
«Es la Expiación de Cristo la que justifica y santifica al pecador arrepentido».
De esa manera, el arrepentimiento se convierte en la respuesta voluntaria del ser humano para aceptar la gracia que el Salvador ofrece, respetando plenamente el don del albedrío.
No existen atajos hacia el perdón

El presidente Christofferson también advirtió sobre ideas equivocadas que minimizan la importancia del arrepentimiento, como creer que «el pecado no existe» o asumir que «Dios perdona automáticamente cualquier acción sin requerir un cambio de corazón«.
Para refutar esta ideas, recordó las palabras del Señor en Doctrina y Convenios 1:31, donde declara que «no puede tolerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia», así como la promesa de Mosíah 26:30:
«Cuantas veces mi pueblo se arrepienta, le perdonaré sus transgresiones contra mí».
Al mismo tiempo, transmitió un poderoso mensaje de esperanza al afirmar que la misericordia de Jesucristo siempre supera las debilidades humanas:
«Aunque somos imperfectos y podemos volver a fallar, hay más gracia, amor y misericordia en Jesucristo que fracaso, defecto o pecado en nosotros. Dios siempre está dispuesto y deseoso de acogernos cuando nos volvemos a Él».
También recordó que el perdón que recibimos de Dios está estrechamente relacionado con nuestra disposición a perdonar a los demás.
Cinco principios para centrar la obra misional en el arrepentimiento

Como conclusión, el presidente Christofferson invitó a los nuevos líderes de misión a edificar su servicio sobre cinco principios fundamentales:
- Abrazar el gozo del arrepentimiento como el centro de la labor misional diaria.
- Ayudar a los misioneros a comprender la naturaleza y las implicaciones del verdadero arrepentimiento.
- Relacionar el arrepentimiento con el bautismo y la vida de convenio con Jesucristo.
- Planificar la enseñanza alrededor de los compromisos que invitan a las personas a ejercer fe y arrepentirse.
- Mantener siempre presente que el objetivo final es conducir a los hijos de Dios hacia una conversión duradera y una vida eterna con Cristo.
Al concluír su mensaje, el presidente Christofferson enseñó que cuando una persona decide arrepentirse y regresar al Salvador, el Buen Pastor se regocija; y quienes ayudan a otros en ese camino tienen el privilegio de participar de ese mismo gozo divino.
Esa, afirmó, es una de las experiencias más profundas y transformadoras que un misionero puede vivir.
Fuente: Church News
