Durante años, muchos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que experimentan atracción hacia personas de su mismo sexo han compartido una pregunta parecida:

¿Hay un lugar para mí dentro de la Iglesia?

La respuesta no siempre ha sido fácil de encontrar. Algunos han enfrentado incomprensión, otros han luchado con sentimientos de soledad y muchos han pasado años intentando entender cómo encajan su fe, su identidad y su relación con Dios.

Sin embargo, detrás de los debates y las etiquetas, existen historias reales de personas que siguen caminando junto a Jesucristo mientras buscan respuestas, crecimiento espiritual y paz personal.

Más que una etiqueta, una persona amada por Dios

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Uno de esos jóvenes contó que durante mucho tiempo sintió que debía elegir entre su fe y lo que experimentaba personalmente. Como muchos otros, se preguntó si Dios realmente lo entendía o si había espacio para él dentro de Su Iglesia.

Con el tiempo descubrió algo que cambió su perspectiva. Antes que cualquier otra característica, su identidad principal era la de ser un hijo de Dios.

Esa comprensión no eliminó todas sus preguntas ni resolvió cada desafío de inmediato. Sin embargo, le permitió dejar de verse únicamente a través de una etiqueta y comenzar a verse como el Padre Celestial lo veía.

La doctrina de la Iglesia enseña que cada persona posee un valor divino infinito. Esa verdad no cambia según nuestras circunstancias, luchas o experiencias personales. Nuestro valor delante de Dios nunca depende de las dificultades que enfrentamos.

No todas las respuestas llegan de inmediato

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Algo que este joven aprendió durante su proceso fue que el discipulado rara vez consiste en tener todas las respuestas desde el principio.

Muchas veces esperamos que Dios elimine nuestras dudas de inmediato o que nos muestre el camino completo antes de dar el siguiente paso. Sin embargo, el Evangelio suele enseñarnos a avanzar por fe.

El presidente Russell M. Nelson ha enseñado que el Señor ama el esfuerzo. Esa idea cobró un significado especial para él. Aunque todavía tenía preguntas, decidió seguir orando, estudiando las Escrituras y participando en la Iglesia.

La fe no siempre consiste en saberlo todo. A veces consiste en seguir caminando mientras confiamos en Dios.

Lo que aprendió al estudiar el perdón

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En medio de ese proceso espiritual, este joven comenzó a estudiar distintos temas del Evangelio relacionados con las relaciones, la salud emocional y el perdón.

Fue entonces cuando encontró una enseñanza de Jesucristo que lo hizo reflexionar profundamente:

«Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial. Mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas» (Mateo 6:14–15).

Al leer esas palabras comprendió que el perdón no era simplemente una sugerencia. Era una parte esencial del discipulado.

Según explicó después, se dio cuenta de que muchas veces había esperado recibir misericordia de Dios mientras le resultaba difícil extender esa misma misericordia a otras personas.

El perdón no justifica lo que ocurrió. Tampoco minimiza el dolor. Lo que hace es permitir que el poder sanador de Jesucristo entre en nuestra vida.

Atracción hacia el mismo sexo en la Iglesia

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La Iglesia enseña que experimentar atracción hacia personas del mismo sexo no constituye un pecado en sí mismo. También enseña que todos los hijos de Dios son bienvenidos para adorar, servir y acercarse a Jesucristo.

Cada historia es diferente y cada persona vive circunstancias únicas. Sin embargo, el mensaje central del Evangelio permanece igual para todos.

Jesucristo invita a cada persona a venir a Él. Esa invitación incluye a quienes tienen preguntas, a quienes todavía están buscando respuestas y a quienes a veces sienten que no encajan.

El Salvador nunca limitó Su amor a quienes tenían una vida perfecta. Su ministerio estuvo lleno de personas que cargaban dudas, desafíos y luchas personales. A todos ellos les ofreció lo mismo, esperanza, gracia y la oportunidad de seguir adelante.

Un lugar para crecer espiritualmente

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Quizás una de las lecciones más importantes de historias como esta es que nadie necesita tener todo resuelto para acercarse a Dios.

La Iglesia no es un lugar reservado para personas perfectas. Es un lugar donde personas reales buscan seguir a Jesucristo día tras día.

Y para quienes alguna vez se han preguntado si hay espacio para ellos dentro del Evangelio, la respuesta sigue siendo la misma.

El Padre Celestial conoce cada corazón individualmente. Jesucristo comprende perfectamente cada lucha. Y Su invitación de venir a Él continúa abierta para todos.

Fuente: churchofjesuschrist.org

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