Cuando pensamos en un milagro, muchas veces imaginamos una respuesta inmediata, una enfermedad que desaparece o una situación que cambia de un momento a otro.
Sin embargo, para Corby y Tess Campbell, miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el mayor milagro llegó de una manera muy distinta.
Después de años de orar por una sanación física que nunca ocurrió, ambos descubrieron que el Salvador también obra a través de las respuestas que no esperábamos. Hoy aseguran que no cambiarían su historia, porque gracias a ella conocieron bendiciones que jamás habrían imaginado.
Un accidente que transformó el rumbo de su vida

Mientras estudiaba en la universidad, Corby sufrió un accidente al intentar hacer una voltereta hacia atrás. La lesión le provocó una parálisis permanente y desde entonces utiliza una silla de ruedas eléctrica para movilizarse.
Años después conoció a Tess. Aunque rápidamente surgió una conexión entre ellos, ella reconoce que aceptar una vida diferente a la que siempre había imaginado no fue sencillo.
Durante su noviazgo sintió tristeza al pensar que muchas experiencias tradicionales de un matrimonio, como caminar por senderos, bailar o acampar, serían diferentes.
En ese proceso también se preguntó por qué Jesucristo, quien sanó a tantas personas durante Su ministerio terrenal, no respondía de la misma manera a las oraciones de Corby.
Cuando Dios responde de otra manera

Con el tiempo, Tess encontró una perspectiva diferente al estudiar las Escrituras.
Recordó el relato del estanque de Betesda, donde el Salvador sanó a un solo hombre entre muchas personas que esperaban recibir un milagro.
Aquella historia le ayudó a comprender que Jesucristo no siempre concede la sanación física de inmediato, no porque no tenga poder para hacerlo, sino porque Su propósito eterno muchas veces incluye un aprendizaje más profundo.
«Creo que aprendemos mucho más de las sanaciones que no llegan que de las cosas que salen exactamente como esperamos», explicó.
Hoy confía en que, si la sanación física hubiera sido necesaria para cumplir el plan de Dios, habría ocurrido. En cambio, descubrió que el Señor abrió otras puertas que nunca habría considerado.
Gracias a esa experiencia, la pareja escribió un libro, ha compartido su testimonio con miles de personas y ha podido fortalecer la fe de quienes también enfrentan pruebas difíciles.
«No volvería atrás»
Quizá una de las declaraciones que más llama la atención es la de Corby.
Si pudiera regresar al pasado y evitar el accidente que cambió su vida, asegura que no lo haría.
«No volvería atrás», afirmó.
Explica que, aunque espera con ilusión el día en que reciba un cuerpo perfecto gracias a la Resurrección, la persona en la que se ha convertido y las relaciones que ha construido valen mucho más que aquello que perdió aquel día.
Su historia refleja una verdad del Evangelio. La Expiación de Jesucristo no siempre elimina nuestras pruebas de inmediato, pero sí tiene el poder de transformarnos mientras las enfrentamos.
Todos necesitamos ser sanados

Aunque la discapacidad de Corby es visible, Tess también enfrenta desafíos propios. Ella vive con una fuerte sensibilidad sensorial, una condición que afecta distintos aspectos de su vida diaria.
Esa experiencia le permitió comprender que todas las personas necesitan algún tipo de sanación, aunque muchas heridas no puedan verse.
Algunas luchan con la infertilidad, otras con la pérdida de un ser querido, la ansiedad, un llamamiento desafiante, el abuso o cualquier otra carga silenciosa. Cada persona libra batallas que muchas veces pasan desapercibidas.
Por eso, explican que el poder de la Expiación de Jesucristo alcanza tanto las heridas visibles como las invisibles.
El Salvador también fortalece lo que no cambia

Corby cuenta que depender de otras personas para actividades cotidianas le permitió desarrollar amistades profundas que nunca habría tenido de otra manera.
Cada vez que alguien lo ayuda, aprovecha ese momento para conversar, expresar gratitud y conocer mejor a quienes lo rodean. Lo que para algunos podría parecer una limitación, para él se convirtió en una oportunidad para servir y dejar que otros también sirvan.
Tess, por su parte, ha visto cómo el Señor fortalece sus debilidades. Aunque naturalmente es una persona reservada, ha recibido la capacidad de adaptarse a situaciones sociales para apoyar a su esposo.
El Señor no siempre elimina nuestras limitaciones, pero puede fortalecernos para hacer aquello que parecía imposible.
Dios prepara el camino

Al mirar su historia, ambos sienten que Dios los preparó mucho antes de conocerse.
Las fortalezas de uno complementan las debilidades del otro, y esa combinación les confirma que el Padre Celestial conocía el camino que recorrerían juntos.
Su historia recuerda que la voluntad de Dios muchas veces es diferente de nuestros planes, pero nunca deja de estar llena de propósito. Incluso cuando la respuesta que esperamos no llega, el Salvador continúa obrando para convertir nuestras pruebas en oportunidades para crecer, servir y acercarnos más a Él
Fuente: LDS Living
