Hay historias de conversión que comienzan con una respuesta inmediata. Otras toman años, atraviesan errores, recaídas y decisiones difíciles antes de mostrar el poder de la gracia de Jesucristo.
La historia de Shane pertenece a ese segundo grupo.
Durante mucho tiempo creyó que había ido demasiado lejos para volver. Sin embargo, descubrió que el Salvador nunca dejó de buscarlo. Hoy sirve junto a su esposa como obrero del templo y asegura que todo lo que vivió le enseñó una verdad que jamás olvidará.
El Evangelio de Jesucristo tiene el poder de cambiar cualquier vida cuando decidimos volver a Él.
Un hogar lleno de amor, pero un camino diferente

Shane creció en un hogar protestante donde aprendió a amar a Dios y recibió una buena base de valores.
Sin embargo, al llegar a la adolescencia comenzó a tomar un rumbo distinto. Se involucró en la cultura punk y poco a poco fue alejándose de la vida espiritual que había conocido desde niño.
Fue durante esa etapa cuando conoció a Carla, su esposa. Más adelante, el divorcio de sus padres hizo que la familia de ella, miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se convirtiera en un apoyo importante para él.
Con el nacimiento de su primer hijo, Shane decidió bautizarse en la Iglesia a los 21 años.
Aunque había dado ese paso de fe, su conversión todavía estaba comenzando.
Cuando poco a poco dejamos espacio para alejarnos

Con el paso de los años, Shane y Carla comenzaron a descuidar su vida espiritual. Sin darse cuenta, las reuniones de la Iglesia dejaron de ser una prioridad y otros hábitos ocuparon ese lugar.
Las fiestas, el alcohol y, más adelante, las drogas comenzaron a formar parte de su hogar.
Aquellas decisiones afectaron profundamente su matrimonio y su familia.
Shane reconoce que cada pequeña decisión que nos aleja del Señor puede abrir espacio para dificultades mucho mayores. Lo que parecía algo temporal terminó afectando casi todos los aspectos de su vida.
El momento en que sintió que ya no había salida

Hubo un momento en que Shane creyó que todo estaba perdido. Desesperado, caminó hacia el desierto con la intención de terminar con su vida.
Pero mientras estaba solo, los rostros de sus hijos llegaron con fuerza a su mente. Aquella experiencia lo hizo detenerse y regresar.
Más adelante buscó ayuda profesional e ingresó a un hospital para recibir tratamiento. Sin embargo, aún tendría que enfrentar las consecuencias de varias decisiones tomadas durante esos años.
Finalmente fue condenado y pasó dos años en prisión. De ser padre de familia, empresario y entrenador deportivo, pasó a convertirse en un recluso.
El Libro de Mormón cambió el rumbo de todo

Fue durante ese tiempo en prisión cuando la madre de Carla le envió un ejemplar del Libro de Mormón junto con el programa de recuperación de 12 pasos basado en el Evangelio.
Shane comenzó a leer las Escrituras todos los días. Terminó el Libro de Mormón una vez, luego volvió a leerlo completo y encontró una paz que hacía años no experimentaba.
Descubrió que el Salvador podía acercarse incluso en los lugares donde parecía imposible encontrar esperanza.
Un día oró para encontrar a otro miembro de la Iglesia dentro de la prisión y la respuesta llegó casi de inmediato.
Conoció a un pequeño grupo de Santos de los Últimos Días que también se reunía allí. Junto a ellos volvió a fortalecer su fe y comenzó a sentir nuevamente la influencia del Espíritu Santo.
Dios siguió siendo paciente

Cuando recuperó su libertad, Shane volvió a alejarse durante un tiempo. Pero después, cuando Carla decidió volver, Shane comprendió que también debía hacerlo.
Esta vez ambos comenzaron a asistir juntos a la Iglesia. Shane reconoce que regresar no fue sencillo. Llevaba un pasado que muchas personas podían juzgar.
Para su sorpresa, ocurrió exactamente lo contrario. Los miembros de su barrio lo recibieron con cariño, respeto y disposición para ayudarlo. El amor cristiano que encontró en la Iglesia le recordó que todos somos bienvenidos.
Aquella aceptación le permitió seguir creciendo espiritualmente y reconstruir su vida junto a su familia. Con el tiempo, Shane y Carla fueron sellados en el templo y hoy ambos sirven juntos como obreros del templo.
Ninguna historia está fuera del alcance del Salvador

Al mirar hacia atrás, Shane no recuerda únicamente los años difíciles. Recuerda, sobre todo, la paciencia del Señor.
Ahora, para Shane, ver a su esposa vestida de blanco mientras sirven al Señor es un recordatorio constante de todo lo que Jesucristo hizo posible.
Su historia demuestra que el Evangelio no promete una vida sin errores, pero sí ofrece un camino para regresar cuando nos hemos alejado.
Cuando aceptamos la invitación de volver, el Salvador puede hacer mucho más que cambiar nuestras circunstancias, puede cambiar nuestro corazón.
