Hay momentos en los que las palabras simplemente no alcanzan. La pérdida de un ser querido, una despedida inesperada o una prueba difícil pueden dejar preguntas que ningún consejo logra responder.
En esos momentos, muchas personas descubren algo que los discípulos de Jesucristo han experimentado durante generaciones: la música también puede convertirse en una forma de sentir la paz del Señor.
Las Escrituras muestran que los himnos siempre han tenido un lugar especial entre el pueblo de Dios. Antes de entrar en Getsemaní, Jesucristo y Sus discípulos cantaron un himno (Mateo 26:30).
Años después, el profeta José Smith encontró consuelo en sus últimas horas cuando su amigo John Taylor cantó Un pobre forastero mientras permanecían en la cárcel de Carthage.
No es casualidad que el Señor enseñara:
«Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; sí, la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una bendición sobre su cabeza» – Doctrina y Convenios 25:12.
Los himnos como consuelo

Desde los primeros días de la Restauración, el Señor mostró la importancia de la música sagrada.
Apenas unas semanas después de organizarse la Iglesia, Emma Smith recibió el llamamiento de preparar el primer himnario, una obra que vería la luz cinco años después y que seguiría fortaleciendo la fe de generaciones de santos.
Como enseñó el élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce Apóstoles:
«La música es un lenguaje del Espíritu y puede profundizar su amor y aprecio por Dios y Su Divino Hijo y por la restauración de la Iglesia del Señor en estos últimos días».
Cuando el corazón está pasando por una prueba, un himno no elimina el dolor. Pero sí puede recordarnos quién camina con nosotros mientras lo atravesamos. Estas son siete opciones que han fortalecido la fe de miles de personas:
1. Himno 50: «Más cerca, Dios, de ti»

Este himno expresa uno de los mayores anhelos de un discípulo: acercarse más al Señor incluso en medio de las dificultades. Su mensaje recuerda que cada experiencia puede convertirse en una oportunidad para confiar más plenamente en Dios.
«La senda hallaré que al cielo va; en ella Tu bondad me sostendrá. Y ángeles habrá que me conducirán más cerca, Dios, de Ti.»
Más que prometer una vida sin pruebas, este himno enseña que el Señor sostiene a quienes deciden caminar con Él.
2. Himno 89: «Para siempre Dios esté con vos»

Las despedidas suelen ser difíciles, pero el Evangelio enseña que, gracias a Jesucristo, no todas las despedidas son para siempre.
Este himno se ha convertido en uno de los más significativos al concluir reuniones y despedir a seres queridos porque dirige la mirada hacia la esperanza del reencuentro.
«Hasta ver, hasta ver, hasta vernos con el Rey; hasta ver, hasta ver, para siempre Dios esté con vos.»
La fe en la Resurrección transforma la manera en que vivimos incluso los momentos de separación.
3. Himno 188: «Quienes nos brindan su amor»

Recordar a quienes ya no están también puede ser una forma de agradecer.
Este himno habla del legado que dejan las personas que amaron y sirvieron durante su vida. Aunque una vida termine, el amor que sembró continúa bendiciendo a quienes permanecen.
«Cuando este mundo deje ya el que es amigo de verdad, dulces recuerdos vivirán los que aquí se quedarán.»
El Evangelio enseña que las relaciones selladas por convenios y fortalecidas por el amor tienen un propósito eterno.
4. Himno 17: «¡Oh, está todo bien!»

Pocas expresiones transmiten tanta confianza como el conocido estribillo de este himno.
Fue escrito en circunstancias difíciles y recuerda que la paz no depende únicamente de las condiciones externas, sino de la certeza de que Dios cumple Sus promesas.
«Aunque morir nos toque sin llegar, ¡oh, qué gozo y paz! Podremos ya, sin penas ni dolor, con los justos morar.»
La esperanza en Jesucristo permite mirar el futuro con confianza, aun cuando el presente sea incierto.
5. Himno 63: «Aunque colmados de pesar»

Este himno reconoce una realidad que todos experimentamos, es decir que hay momentos de profundo dolor.
Sin embargo, también invita a mirar más allá del sufrimiento presente y recordar una de las mayores promesas del Evangelio: la Resurrección hará que el dolor no tenga la última palabra.
«Aunque colmados de pesar, seguid, oh santos; avanzad. Ya pronto la resurrección su luz eterna mostrará.»
La esperanza cristiana no niega el dolor; lo ilumina con la promesa de Cristo.
6. Himno 69: «¿Dónde hallo el solaz?»

Cuando las preguntas parecen no tener respuesta, este himno dirige la mirada hacia el único que comprende completamente cada carga.
«Cuando la pena es tal que languidezco… ¿dónde hallo a un ser que me consuele? ¿Quién puede comprender? Nuestro Señor.»
Jesucristo conoce el dolor desde una perspectiva perfecta porque Él mismo lo experimentó para poder socorrernos.
7. Himno 56: «Jehová mi Pastor es»

Inspirado en el Salmo 23, este himno recuerda que el Señor acompaña a Sus hijos incluso en los momentos más oscuros.
No promete que nunca atravesaremos valles difíciles. Promete algo mucho mejor: que no tendremos que cruzarlos solos.
«Y cuando por valles de muerte iré, si Tú me amparas, temor no tendré. Tu vara y cayado me confortarán.»
La confianza en el Buen Pastor nos permite seguir adelante aun cuando todavía no podemos ver el final del camino.
Cuando un himno se convierte en una oración

Muchas veces llegamos a una reunión sin fuerzas para orar o sin encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que sentimos. En esos momentos, los himnos pueden hacer aquello que nosotros no logramos decir.
No son solo música. Son testimonios puestos en melodía, doctrinas convertidas en esperanza y verdades eternas que el Espíritu puede grabar en el corazón.
Quizá por eso el Señor declaró que «la canción de los justos es una oración». Cuando cantamos con fe, no solo recordamos verdades del Evangelio; también abrimos nuestro corazón para recibir la paz que únicamente Jesucristo puede dar.
Si hoy estás atravesando una despedida, una pérdida o una prueba personal, quizá uno de estos himnos pueda acompañarte. Tal vez las circunstancias no cambien de inmediato, pero el Salvador sí puede cambiar la manera en que las enfrentas, recordándote que Su amor, Su paz y Sus promesas permanecen para siempre.
