Pregunta
José Smith y su esposa Emma fueron figuras cruciales importantes dentro de la historia de la Restauración del evangelio, pero también enfrentaron pruebas en el trayecto incluso dentro de su familia.
Eso ha llevado a muchos a preguntarse: ¿hubo descendientes de los suegros de José Smith e incluso quizá algunos primos de Emma Smith que fueron bautizados en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días?
Respuesta

Según la evidencia histórica disponible actualmente, parece que ningún familiar directo de Emma Smith se unió a la Iglesia durante su vida. De hecho, no existe evidencia histórica clara de que sus padres, Isaac y Elizabeth Hale, fueran bautizados, y tampoco se ha encontrado evidencia de que alguno de sus hermanos se convirtiera en miembro de la Iglesia durante la vida de José Smith.
La respuesta puede resultar sorprendente, especialmente porque la familia de Emma estuvo muy cerca de algunos de los acontecimientos más importantes de los primeros años de la Restauración.
Emma nació el 10 de julio de 1804, hija de Isaac Hale y Elizabeth Lewis Hale, en Pensilvania. Ellos vivían en Harmony, una localidad que años después se convertiría en un lugar fundamental en la historia de la Iglesia.

José Smith conoció a Emma mientras se hospedaba con su familia. Después de casarse en enero de 1827, José y Emma regresaron a Harmony y vivieron cerca de los padres de Emma.
Allí se desarrollaron algunos acontecimientos trascendentales: Emma ayudó a José como escribiente durante parte del Libro de Mormón y la zona estuvo relacionada con la restauración del Sacerdocio Aarónico y con varias revelaciones tempranas.
Sin embargo, estar cerca de esos acontecimientos no significó que toda la familia aceptara las afirmaciones de José Smith.
Emma eligió creer por sí misma

La historia de Emma resulta especialmente significativa porque, a pesar de las reservas de su familia, ella tomó su propia decisión.
Emma fue bautizada el 28 de junio de 1830, pocos meses después de la organización de la Iglesia. La persecución impidió que fuera confirmada inmediatamente, pero posteriormente lo hizo.
Poco después, José recibió una revelación dirigida a ella, actualmente registrada como Doctrina y Convenios 25 en la que el Señor llamó a Emma «una dama elegida» y le dio responsabilidades relacionadas con enseñar, apoyar a la Iglesia y ayudar en la publicación de himnos.
Ella participó directamente en acontecimientos importantes de la Restauración. A parte de ser escribiente durante la traducción del Libro de Mormón, participó en la preparación del primer himnario de la Iglesia y posteriormente fue la primera presidenta general de la Sociedad de Socorro.
Su familia podía observar lo que estaba ocurriendo, escuchar las enseñanzas de José y conocer personalmente a quienes participaban en la Restauración, pero la fe no podía heredarse automáticamente.
¿Y qué ocurrió con sus padres y hermanos?

Los registros históricos indican que Isaac y Elizabeth Hale no se unieron a la Iglesia durante su vida. Isaac, en particular, tuvo importantes reservas respecto a José Smith y sus afirmaciones religiosas.
La situación con los hermanos de Emma es menos sencilla. Emma tenía ocho hermanos, pero no se puede identificar convincentemente a ninguno de ellos como un miembro bautizado de la Iglesia durante la vida de José Smith.
Eso no significa necesariamente que podamos afirmar que ningún pariente lejano de Emma se unió jamás. La familia Hale se extendió por diferentes lugares, por eso, sería demasiado incierto decir que ningún primo o familiar más distante de Emma Smith llegó a aceptar el evangelio restaurado.
Lo que sí puede decirse con seguridad es que no existe evidencia histórica de una conversión general de la familia Hale. Y quizá ahí se encuentra una de las partes más interesantes de esta historia.
La fe no se hereda, se elige

La historia de Emma y su familia nos recuerda algo que también aparece repetidamente en las Escrituras: tener cerca a una persona de gran fe no garantiza que quienes la rodean tendrán automáticamente la misma convicción. Incluso Jesús enseñó:
«No hay profeta sin honra sino en su propia tierra y en su casa».
La historia de Emma parece ilustrar de alguna manera ese principio. Sus padres conocieron a José y algunos de sus familiares estuvieron físicamente cerca de lugares donde ocurrieron acontecimientos fundamentales de la Restauración. Pero cada persona tuvo que tomar sus propias decisiones espirituales.
Emma no creyó en el evangelio simplemente porque se había casado con José Smith. Su bautismo ocurrió después de que había tenido años junto a él y después de haber observado personalmente los sucesos de la Restauración. Ella creía en las visiones y revelaciones de su esposo y sus experiencias fortalecieron su convicción.

Su historia también muestra que la conversión de una persona puede ocurrir incluso cuando quienes están más cerca de ella no comparten su fe.
Así, aunque los padres de Emma no fueron bautizados en la Iglesia y aunque no haya evidencia de que sus familiares lo hayan sido, en última instancia, la historia de Emma nos recuerda que Dios respeta profundamente nuestro albedrío.
Podemos enseñar a nuestros hijos, compartir nuestro testimonio con nuestros familiares y vivir de acuerdo con nuestras convicciones, pero cada persona debe encontrar su propio testimonio como Emma.
Ella creció en una familia que no terminó siguiendo el mismo camino que ella, pero aun así decidió seguir adelante con la fe que había encontrado por sí misma.
Fuente: askgramps.org
