En noviembre de 2016, Dennis Schleicher estaba frente al Templo de Hartford, Connecticut, con una cámara nueva y la idea de documentar sus críticas contra La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
En aquel momento, Dennis era uno de los directores de Hartford Pride y, como parte de su trabajo, organizaba eventos, comités y marchas por Connecticut. Incluso había considerado organizar una protesta frente al templo. Mientras observaba el edificio, pensaba:
«Esta iglesia jamás podría amar a alguien como yo».
Lo que Dennis no sabía era que menos de un año después, entraría en uno como miembro de la Iglesia. El 19 de agosto de 2017, Dennis fue bautizado. Y unos años después, tendría una recomendación vigente para el templo.
Su historia comenzó con rechazo, dudas y muchas ideas preconcebidas, pero también con algo que terminaría siendo decisivo: la disposición a descubrir por sí mismo aquello que durante años había juzgado desde fuera.
Una opinión errónea desde fuera

Dennis reconoce que durante mucho tiempo tenía una imagen muy negativa de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Había escuchado diferentes críticas y estereotipos sobre ella y había llegado a sus propias conclusiones.
Entre otras cosas, pensaba que la Iglesia era racista, sexista y homófoba. Sin embargo, años después comprendió que había un problema con la manera en que había construido aquella opinión.
Dennis llegó a darse cuenta de que durante mucho tiempo pensó que el templo era un lugar secreto, pero cuando finalmente tuvo la oportunidad de conocerlo, descubrió que la realidad era diferente.
Para él, lo que encontró allí era algo sagrado y esa diferencia entre lo secreto y lo sagrado terminó cambiando su manera de mirar los templos.
Una invitación que no quería aceptar

Uno de los eventos más importantes que le ayudaron a llegar a esa conclusión fue cuando un amigo suyo , Andrew Earl, lo invitó a visitar Palmyra, Nueva York.
Dennis no quería ir al principio porque no tenía interés en pasar parte de sus vacaciones visitando lugares relacionados con una Iglesia que ya había decidido que no le gustaba, pero luego de varios intentos fallidos por inventar excusas, aceptó.
El 17 de julio, mientras viajaba en automóvil entre Palmyra y Susquehanna, Pensilvania, Dennis seguía sintiéndose incómodo con la idea de conocer lugares relacionados con la Iglesia. Entonces encendió la radio y comenzó a sonar la canción «I Can Only Imagine», de MercyMe.
Para Dennis, aquella canción tenía un significado especial ya que la habían puesto en el funeral de su hermano menor, Darin, quien había muerto después de una sobredosis de drogas. Volver a escuchar esa canción, le despertó recuerdos y emociones que llevaba consigo. Entonces, la ira que sentía por la Iglesia comenzó a desaparecer y las lágrimas aparecieron.
Fue entonces cuando Dennis describe haber recibido una fuerte impresión espiritual:
«Únanse a esta iglesia para nuestra salvación».
En aquel momento ni siquiera comprendía completamente qué significaba la palabra «salvación», pero sintió que Dios estaba respondiendo a algo que había dentro de él. Y a partir de ahí, su viaje se convirtió en una búsqueda personal.
El templo empezó a tener otro significado

Al día siguiente, su amiga Audrey lo acompañó a recorrer los alrededores del Templo de Palmyra, Nueva York. Durante la visita, ella le explicó algunas de las creencias de los Santos de los Últimos Días relacionadas con las ordenanzas a favor de los muertos y Dennis comenzó a pensar en su hermano Darin.
Después de eso, Dennis comenzó a ver el templo como una posibilidad de esperanza y una manera de sentir que los vínculos familiares podían tener un significado que iba más allá de la muerte.
Con el tiempo, Dennis decidió bautizarse y recibió su recomendación para el templo, pero allí nació una nueva pregunta: ¿era digno de entrar? Dennis compartió esas dudas con el presidente del templo, quien lo escuchó, lo miró directamente a los ojos y le dijo:
«Basta. Eres digno».
Cuando finalmente cruzó las puertas del templo, Dennis se sintió como en casa.
Años después de aquella experiencia, mientras Dennis asistía a la jornada de Puertas Abiertas del Templo de Washington D.C., una hermana que trabajaba como ujier se acercó a él, lo abrazó en silencio y le susurró:
«Perteneces a este lugar».
Dennis nunca olvidó esas palabras y, luego de meditar en ellas, expresó:
«Sentí que pertenecía a ese lugar mucho antes de creer que pertenecía».
Una fe que también se convirtió en parte de su vida cotidiana

Con el paso de los años, Dennis continuó participando activamente en la Iglesia de Jesucristo sirviendo en comunicaciones de la Estaca Hartford Connecticut y colaborando con las Máquinas de Donaciones como parte de la campaña #IluminaElMundo.
Para alguien que en 2016 había pensado en protestar frente a un templo, aquella realidad habría parecido imposible.
En aquel momento estaba convencido de que una persona como él no podía ser amada por la Iglesia, pero menos de un año después, entró a las aguas del bautismo, luego entró al templo e hizo la obra por aquellas personas que amaba.
Hoy, cuando se anuncia una jornada de puertas abiertas en un templo, Dennis anima tanto a miembros como a quienes no pertenecen a la Iglesia a visitarlo y su consejo siempre es recorrer el edificio, hacer preguntas respetuosas y aprender por uno mismo.
Ahora Dennis se da cuenta de que la invitación a acercarse al Salvador siempre estuvo allí mucho antes de que él estuviera dispuesto a aceptarla. Como él mismo lo expresó:
«El templo nunca me impidió el acceso. Como pude comprobar por mí mismo, Jesucristo me había estado invitando a acercarme a él desde siempre».
Lo que comenzó frente a un templo con la intención de criticarlo y protestar, terminó llevándolo al interior de ese mismo lugar. Y allí encontró algo que nunca había esperado encontrar: un lugar donde sentía que pertenecía.
Fuente: Deseret News
