Para quienes lo conocen, C. S. Lewis es reconocido como el autor de historias infantiles sobre un país mágico llamado Narnia. Sin embargo, quienes han leído «Las Crónicas de Narnia« con atención saben que en sus páginas hay mucho más que lo superficial que todos conocemos.

El académico Daniel C. Peterson, profesor emérito de estudios islámicos y árabe de la Universidad Brigham Young y fundador de Interpreter Foundation, escribió recientemente un ensayo en el que recomienda una obra de Lewis especialmente a los Santos de los Últimos Días.

Según Peterson, los lectores que aún no conocen a Lewis tienen por delante un placer envidiable. Y quienes leyeron sus libros hace años probablemente descubrirán, al volver a ellos, una profundidad mayor de la que recuerdan.

¿Por qué C. S. Lewis conecta tanto con los Santos de los Últimos Días?

C.S. Lewis, escritor de «Las crónicas de Narnia». Imagen: Pinterest

C. S. Lewis murió el 22 de noviembre de 1963, el mismo día en que fue asesinado el presidente John F. Kennedy. Ese último suceso fue tan impactante que la muerte del escritor pasó prácticamente desapercibida para gran parte de la prensa y el público de la época.

Lewis fue profesor de literatura medieval y renacentista en la Universidad de Oxford y posteriormente en Cambridge. Es recordado como uno de los apologistas cristianos más importantes del siglo XX y como autor de obras como «Mero cristianismo«.

El académico Peterson considera que Lewis puede resultar especialmente cercano para muchos Santos de los Últimos Días ya que aunque él nunca perteneció a la Iglesia de Jesucristo, su enfoque del cristianismo se concentraba en las verdades centrales que comparten las diferentes tradiciones cristianas.

«Las Crónicas de Narnia». Imagen: IGN España

A eso se suma otra de sus grandes cualidades: Lewis era un extraordinario narrador. Tenía la capacidad de explorar ideas profundas sobre la fe, el bien, el mal y la naturaleza humana sin que sus historias se sintieran como un sermón.

«Las Crónicas de Narnia« están compuestas por siete libros. Pueden leerse siguiendo el orden original de publicación, que comienza con «El león, la bruja y el armario«, publicado en 1950, y termina con «La última batalla«, publicada en 1956. También existe un orden cronológico de los acontecimientos de la historia, que comienza con «El sobrino del mago«.

Sin embargo, en su ensayo Peterson se concentra en el último libro de la serie: «La última batalla». Allí encuentra tres momentos especialmente interesantes para reflexionar sobre la fe.

Aslan, Tash y el conflicto que rodea a Narnia

Aslan y Tash. Imagen: Pinterest

Gran parte de la historia de Narnia se desarrolla en medio del conflicto entre el reino de Narnia y el vecino Imperio de Calormen.

Narnia sigue a Aslan, el león que habla y que es una clara representación de Jesucristo. En los libros se le describe como hijo del misterioso «Emperador de Ultramar», quien nunca aparece directamente en la historia.

Calormen, en cambio, rinde culto a Tash, una figura cruel representada con varios brazos y cabeza de buitre, que inspira temor y exige sacrificios a sus seguidores.

En «La última batalla«, una invasión de los calormenos desencadena el capítulo final de la historia de Narnia y conduce finalmente al fin de aquel mundo. Es en medio de ese escenario de guerra y destrucción donde ocurren dos de los episodios que Peterson destaca.

Los enanos que ya no podían reconocer la verdad

Durante la historia, un grupo de enanos decide no creer ni en Aslan ni en Tash. Imagen: Pinterest

Durante la batalla final, un grupo de enanos decide no creer ni en Aslan ni en Tash. Después de sentirse engañados por diferentes promesas y conflictos, llegan a la conclusión de que no confiarán en nadie más que en ellos mismos.

Aslan, al verlos, siente compasión por ellos y hace aparecer ante sus ojos un magnífico banquete. Hay pasteles, carnes, aves, postres y copas de buen vino. Sin embargo, los enanos continúan percibiendo todo como si siguieran sentados en un establo oscuro y sucio.

Donde había comida deliciosa, ellos sentían que estaban comiendo heno, nabos o hojas de col. Donde había vino, creían estar bebiendo agua sucia de un abrevadero.

Pronto, cada uno comenzó a sospechar que los demás habían encontrado algo mejor que él. El banquete terminó en una pelea y, cuando finalmente quedaron sentados con el rostro sucio, los ojos amoratados y la nariz sangrando, se consolaron repitiendo que, al menos, nadie había conseguido engañarlos.

«Los enanos son para los enanos», insistían, orgullosos de su propia desconfianza.

El gran león Aslan. Imagen: Pinterest

La respuesta de Aslan resume la tragedia de aquella escena. Su prisión existía únicamente en sus propias mentes, pero seguía siendo una prisión real. Tenían tanto miedo de volver a ser engañados que ya no permitían que nadie los ayudara ni podía sacarlos de allí.

Estaban tan convencidos de que todo era un engaño que habían perdido la capacidad de reconocer algo bueno incluso cuando lo tenían delante de ellos. Peterson relaciona esta escena con las palabras del profeta Isaías:

«¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno, malo; que hacen de la luz tinieblas y de las tinieblas luz… ¡Ay de los sabios ante sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!»

Esa escritura ilustrada en la escena de los enanos nos recuerda que una persona puede alejarse tanto de la influencia del Espíritu que termina perdiendo la capacidad de discernir lo bueno porque ya no logra reconocerlo.

Esa es también una advertencia sobre el cinismo. Llevado al extremo, el cinismo puede convertirse en una forma de ceguera espiritual. A veces, el temor a ser engañados puede impedirnos aceptar la verdad, incluso cuando está frente a nosotros.

Emeth: el guerrero que buscaba la verdad

Emeth y Aslan. Imagen: Pinterest

El segundo episodio que Peterson destaca es, quizá, uno de los más conmovedores de «La última batalla«. Emeth es un joven guerrero calormeno que ha dedicado su vida a servir sinceramente a Tash. Nunca había seguido a Aslan y, de hecho, ni siquiera le agradaba lo que había escuchado sobre él.

Al terminar la batalla, Emeth se encuentra cara a cara con el propio Aslan y está convencido de que ese será el momento de su muerte. Después de todo, había dedicado su vida al servicio de otro dios. Pero para su sorpresa, Aslan lo recibe con amor.

«Hijo, eres bienvenido», le dice el León después de tocar su frente con la lengua.

Emeth, confundido, protesta ya que él no es hijo de Aslan, sino siervo de Tash. Entonces Aslan le explica que todo servicio que Emeth realizó sinceramente buscando hacer lo correcto fue contado como servicio hecho a Él. Emeth le pregunta entonces si Aslan y Tash son, en realidad, la misma entidad.

Aslan deja claro que no. No son lo mismo: son opuestos. Y precisamente porque son tan diferentes, ninguna obra verdaderamente cruel puede hacerse realmente al servicio de Aslan.

Aslan recibe con amor a Emeth a pesar de que este servía a Tash. Imagen: Pinterest

Del mismo modo, ninguna obra verdaderamente buena puede ser, en esencia, un servicio a Tash, sin importar el nombre que alguien diga estar invocando. Peterson relaciona este pasaje con una enseñanza del Libro de Mormón:

«Y me dijo: He aquí, no hay más que dos iglesias solamente; una es la iglesia del Cordero de Dios, y la otra es la iglesia del diablo».

Esta comparación nos recuerda que podemos llevar el nombre de una iglesia, hacer convenios con Dios e incluso hablar constantemente de Él, pero si vivimos de manera contraria a esos convenios y justificamos la crueldad, la hipocresía o la injusticia en nombre de la fe, no estamos llevando verdaderamente el nombre de Dios.

Pero esta misma idea también contiene un mensaje esperanzador.

Hay millones de personas en el mundo que nunca han escuchado el mensaje completo del evangelio restaurado y que, en algunos casos, ni siquiera se identifican como cristianos. Sin embargo, se esfuerzan sinceramente por hacer el bien y vivir de acuerdo con la verdad que han llegado a comprender.

El deseo genuino de encontrar la verdad y hacer el bien importa. Imagen: Shutterstock

La historia de Emeth ofrece una reflexión sobre esas personas. Como explica Aslan, quien busca sinceramente la verdad durante tanto tiempo, en el fondo está buscando algo que finalmente conduce hacia Él, aunque todavía no reconozca Su nombre.

En palabras sencillas, el deseo genuino de encontrar la verdad y hacer el bien importa. Y la luz de Dios puede estar obrando en personas que todavía tienen mucho más por aprender.

El final que, en realidad, era un comienzo

Los hermanos Pevensie. Imagen: Pinterest

El tercer momento que Peterson destaca llega al final de «La última batalla«.

Los hermanos Pevensie, Peter, Edmund, Susan y Lucy, han pasado buena parte de la historia viajando entre nuestro mundo y Narnia. Sin embargo, en el capítulo final, titulado «Adiós a las Tierras Sombrías«, descubren algo que cambia por completo la manera en que entienden su historia.

Habían muerto en un accidente de tren.

Lo que parecía ser otra visita a Narnia era, en realidad, el comienzo de algo completamente nuevo. La vida que ahora encontraban era más real, más viva y más sólida que cualquier cosa que hubieran experimentado anteriormente, tanto en la Tierra como en Narnia.

Aslan expresa esa realidad con unas palabras que Peterson considera especialmente poderosas:

«El sueño ha terminado: esta es la mañana».

Para los Pevensie, la muerte, en lugar de representar el final de su historia, era el comienzo de la verdadera historia.

Lo que viene después de morir es el comienzo de una nueva etapa de la existencia. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

El narrador explica que todo lo que habían vivido hasta entonces, su vida en este mundo y sus aventuras en Narnia, había sido apenas como la cubierta y la portada de un libro. Ahora comenzaban, por fin, el primer capítulo de una historia mucho mayor, una historia que continuaría para siempre y en la que cada capítulo sería mejor que el anterior.

Es difícil no encontrar en esas frases un eco de la manera en que los Santos de los Últimos Días entienden la resurrección y la vida eterna.

La muerte no es simplemente un punto final ni la última página de la existencia. Desde esa perspectiva, forma parte de una historia que continúa para siempre. Lo que viene después de morir no es el cierre definitivo, sino el comienzo de una nueva etapa de la existencia.

¿Vale la pena conocer o volver a leer a C. S. Lewis?

C. S. Lewis. Imagen: The Long, Long Trail

Estos tres momentos son solo una pequeña muestra de lo que «La última batalla« y, en general, la obra de C. S. Lewis pueden ofrecer a un lector dispuesto a mirar el texto desde una perspectiva espiritual.

Las historias de Narnia pueden ser disfrutadas por los niños, pero no terminan allí. Una lectura crítica y madura puede revelar preguntas, símbolos e ideas que quizá pasaron desapercibidos para los ojos de un niño.

La historia de los enanos invita a preguntarnos si nuestra desconfianza nos ha impedido reconocer la verdad. La historia de Emeth nos recuerda que Dios conoce el corazón de quienes buscan sinceramente hacer el bien. Y el final de Narnia abre una ventana hacia una esperanza que mira más allá de la muerte y contempla la eternidad como el comienzo de una historia aún mayor.

Si leíste «Las crónicas de Narnia» hace muchos años, quizá sea un buen momento para regresar a esos libros. Y si nunca lo has leído, todavía tienes por delante una historia llena de imaginación, pero también de temas sobre la fe, la verdad y lo que significa buscar sinceramente a Dios.

Fuente: maisfe.org

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