Durante años, Xavier Mitchell tenía claro que no quería servir en una misión. Desde que se convirtió a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, no sentía que ese fuera su camino y, durante casi seis años, mantuvo esa decisión.
Pero este año, una serie de experiencias personales comenzó a cambiar su perspectiva.
Xavier compartió que, durante el invierno pasado, empezó a notar cambios en su vida y en las circunstancias que lo rodeaban. En la víspera de Año Nuevo hizo una oración en la que pidió dos cosas especialmente importantes para él: poner a Dios en primer lugar en todo lo que hiciera y convertirse en la persona que Dios quería que fuera.
Después de esa oración, atravesó varios desafíos personales y momentos de dolor. En medio de esas experiencias, contó que buscó constantemente la guía de Dios y comenzó a recibir impresiones que, poco a poco, lo llevaron a considerar algo que durante años había descartado: servir una misión.
Una idea que comenzó a crecer poco a poco

Xavier explicó que antes no sentía la necesidad de ser misionero. Pensaba que dos años era mucho tiempo y que prefería seguir adelante con otros planes para su vida. Su deseo era casarse y sellarse en el templo, por lo que una misión simplemente no estaba entre sus planes.
Sin embargo, mientras atravesaba un periodo difícil, comenzó a acercarse de otras maneras al ambiente misional.
Asistía a barrios de jóvenes adultos y veía a otras personas recibir sus llamamientos. También entraba a clases de preparación misional en el campus de BYU y empezó a dedicar más tiempo al estudio del Libro de Mormón.
Más adelante solicitó un empleo en FSY, pero no consiguió el puesto. Esa situación lo llevó a buscar otra oportunidad y finalmente consiguió trabajo en un CCM, donde comenzó a trabajar en mayo. Fue allí donde su propósito comenzó a parecerle más claro.
Según contó, trabajar en el CCM le hizo sentir como si fuera, de alguna manera, un misionero no oficial. Estaba rodeado de jóvenes que se preparaban para servir y participaba diariamente en un ambiente centrado en el Evangelio y en la obra misional.
La pregunta que lo cambió todo

A principios de junio, tres élderes lo invitaron a participar en una oración de rama por la noche. Después de la oración, los tres le hicieron una invitación directa: le preguntaron si consideraría presentar sus papeles para servir una misión.
Para Xavier, aquel momento tuvo un significado especial. Durante meses había estado orando para saber qué quería Dios que hiciera con su vida y sintió que esa invitación llegó en el momento indicado.
Aceptó considerarlo y finalmente decidió presentar sus papeles. El proceso tomó su tiempo, pero la respuesta llegó.
La emoción al abrir su llamamiento

El momento en que Xavier abrió su llamamiento quedó registrado en un video compartido en redes sociales. Mientras leía la carta, su emoción era evidente. En varios momentos tuvo que detenerse porque sus manos temblaban y no podía contener los nervios.
Todos los misioneros lo animaban mientras Xavier trataba de calmarse mientras continuaba leyendo. Finalmente llegó la parte que esperaba:
«Se le ha asignado trabajar en la Misión de la Ciudad de Nueva York».
Su reacción fue inmediata. Xavier y las personas que lo acompañaban celebraron con gritos y aplausos al conocer que serviría en Nueva York.
El joven explicó que tiene previsto comenzar su misión en octubre y que está emocionado por lo que viene, aunque reconoce que no sabe exactamente qué experiencias encontrará ni qué tiene preparado Dios para él.
De evitar una misión a decidir servir

Para Xavier, el cambiode su decisión fue el resultado de varios años de pensar que una misión no era para él, seguidos por meses de experiencias que lo llevaron a replantearse esa decisión.
Los desafíos personales, sus oraciones, el estudio del evangelio, las experiencias relacionadas con la obra misional y, finalmente, la invitación de tres misioneros, fueron parte de ese proceso. Ahora dice que siente que servir una misión es algo que necesita hacer.
Durante mucho tiempo encontró razones para postergar esa decisión, pero finalmente llegó a sentir que era su momento y que Dios quería que sirviera. Sin saber todavía todo lo que encontrará en Nueva York, Xavier ha decidido avanzar con fe.
Su historia nos recuerda que, a veces, una respuesta no llega de la manera ni en el momento que esperamos. Un camino que durante años parecía completamente descartado puede comenzar a cobrar sentido a través de experiencias inesperadas, una invitación sencilla y la disposición de volver a preguntarle a Dios qué espera de nosotros.
En el caso de Xavier Mitchell, aquella pregunta hecha por tres misioneros en una noche aparentemente común terminó siendo el comienzo de un nuevo capítulo que lo llevará a dejar atrás sus planes por un tiempo para servir al Señor en la Misión Nueva York.
