Muchos recuerdan la misión con fotografías sonrientes, bautismos, compañeros y paisajes hermosos, pero hay otros que viven la misión de una forma más cruda y distinta. La historia de Nolan Randall es una muestra de eso.

En un reel publicado recientemente en Instagram, Nolan decidió contar en pocas palabras cómo comenzó su lucha con la ansiedad durante su misión en Nuevo México y cómo, después de regresar a casa, tuvo que enfrentarse no solo a lo que sentía, sino también a la sensación de haber fracasado.

«Estaba muy emocionado de ser misionero, pero empecé a luchar con una ansiedad dolorosa», contó Nolan.

Lo que comenzó como ansiedad fue creciendo hasta convertirse en una batalla mucho más fuerte. La experiencia llegó a un punto en el que Nolan comenzó a tener pensamientos dolorosos relacionados con quitarse la vida. Finalmente, su presidente de misión tomó la decisión de regresarlo a casa.

Para Nolan, regresar significó enfrentarse a la sensación de que algo había salido mal.

Pensó que volver a casa solucionaría todo

Al regresar a casa, Nolan no logró vencer su ansiedad de inmediato. Imagen: Instagram (nolanrandall.8)

Cuando regresó, Nolan pensó que las cosas mejorarían inmediatamente. Después de todo, ya no estaría sometido a las mismas exigencias de la misión y podría alejarse de las circunstancias que habían acompañado el comienzo de su ansiedad. Pero su lucha no desapareció.

«Luché contra sentimientos de fracaso, inutilidad y odio hacia mí mismo», explicó.

Aunque Nolan sabía que regresar a casa fue la decisión correcta, al mismo tiempo, sintió como si hubiera fracasado. Para él, volver a casa no puso punto final a su batalla con la ansiedad. Ese desafío continuó de una manera diferente: ahora tenía que aprender a sanar mientras lidiaba con las consecuencias emocionales de todo lo que había vivido.

Y esa batalla, según cuenta, todavía forma parte de su vida.

«Hasta el día de hoy lucho continuamente contra mi ansiedad, mientras hago todo lo posible por sanar», escribió.

Desde que Nolan regresó a su casa, inició un proceso que de esfuerzos que continúa hasta hoy con el propósito de sanar y recuperarse.

Una misión también puede ser una experiencia difícil

Los misioneros dejan atrás su familia, sus amigos, sus rutinas y prácticamente todo lo que conocen para adaptarse a una vida completamente diferente. Imagen: masfe.org

Las historias sobre las misiones suelen concentrarse en los momentos de crecimiento, las personas que se conocen, los bautismos, las experiencias espirituales y las lecciones que permanecen para toda la vida. Y todos esos momentos pueden ser reales.

Sin embargo, existe otra parte de la experiencia misional que casi no se le presta atención: lo difícil que puede resultar emocionalmente.

Los misioneros dejan atrás su familia, sus amigos, sus rutinas y prácticamente todo lo que conocen para adaptarse a una vida completamente diferente. A eso se suman nuevas responsabilidades, horarios exigentes, expectativas personales y religiosas, cambios constantes y, para algunos, una sensación de presión por estar siempre bien.

Pero un misionero sigue siendo una persona.

Puede sentirse solo, tener miedo, experimentar ansiedad, tristeza, agotamiento o dudas e incluso puede llegar a necesitar ayuda profesional, familiar o espiritual. Cuando eso ocurre, no significa que el misionero tenga menos fe.

La historia de Nolan rompe con la idea de que una misión tiene que desarrollarse de una sola manera para ser valiosa. Su experiencia no terminó como él esperaba, pero eso no significa que su esfuerzo haya carecido de valor ni que su relación con Dios haya terminado cuando regresó a casa.

«Sé quién es mi Dios»

Nolan todavía lucha por sanar, pero ya no se siente quebrantado porque sigue creyendo. Imagen: Instagram (nolanrandall.8)

A pesar de todo lo que ha vivido, Nolan decidió terminar su mensaje hablando de su fe.

«Pero a pesar de mi dolorosa batalla, sé quién es mi Dios y sé que Su plan es perfecto. Él no se rendirá contigo ni conmigo», escribió.

Esa es probablemente la parte más poderosa de su historia. A la fecha de hoy, Nolan todavía lucha por sanar, pero ya no se siente quebrantado porque sigue creyendo.

Aunque todavía tiene días difíciles, conserva la convicción de que Dios no ha dejado de estar presente.

Esa perspectiva también puede cambiar la manera en que entendemos las experiencias difíciles. Tener fe no significa que una persona nunca vaya a sentir ansiedad, tristeza o desesperación. A veces, parte del proceso de sanar consiste en reconocer que necesitamos que otras personas nos acompañen.

Hablar de la ansiedad también es parte de la misión

En momentos de ansiedad, creer puede sentirse difícil incluso para un misionero. Imagen: masfe.org

La historia de Nolan muestra que hay jóvenes que comienzan una misión llenos de ilusión y, en algún momento, descubren que emocionalmente no están bien. Por eso, hablar de la salud mental en la misión es importante.

Un misionero no debería sentir que tiene que esconder su sufrimiento para demostrar que tiene fe. La salud mental no debería convertirse en una competencia en la que cada joven misionero intenta demostrar cuánto puede soportar antes de pedir ayuda.

La enseñanza de Jesucristo sobre llevar las cargas de los demás adquiere un significado especial en situaciones así. En el Nuevo Testamento se enseña:

«Sobrellevad los unos las cargas de los otros».

En momentos de ansiedad, incluso creer puede sentirse difícil. Por eso, la pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo podemos ayudar a todo el que sufra ansiedad, incluyendo los misioneros, a no sentirse solo?

La historia de Nolan también recuerda que una misión puede terminar antes de lo previsto por dificultades emocionales, pero aun así, puede ser una parte importante de la vida de quien sirvió.

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