Los niños menores de 8 años no necesitan bautizarse y son salvos en el Reino Celestial. Pero si un niño se bautiza a los 8 años o después, ¿el bautismo, además de convertirlo en miembro de la Iglesia de Jesucristo y expresar su deseo de seguir a Jesucristo, sirve para limpiarlo de los pecados que haya cometido después de cumplir los 8 años?

El bautismo no tiene como propósito limpiar los pecados cometidos antes de la edad de responsabilidad, porque esos pecados no les son imputados a los niños. Más bien, el bautismo marca el comienzo de la responsabilidad personal ante Dios. Permite recibir la remisión de los pecados cometidos después de llegar a ser responsables y da inicio a una relación de convenio con Jesucristo que debe durar toda la vida.
El Señor ha revelado que los niños pequeños no son responsables del pecado antes de llegar a la edad de ocho años. En una revelación moderna declaró:
“Los niños pequeños son redimidos desde la fundación del mundo mediante mi Unigénito” (Doctrina y Convenios 29:46).
También enseñó:
“Y sus hijos serán bautizados para la remisión de sus pecados cuando tengan ocho años de edad, y recibirán la imposición de manos” (Doctrina y Convenios 68:27).
A primera vista, estos dos versículos podrían parecer difíciles de conciliar. Si los niños pequeños ya son redimidos, ¿por qué deben bautizarse “para la remisión de sus pecados” cuando cumplen ocho años?

La respuesta está en comprender lo que cambia al llegar a esa edad.
Antes de la edad de responsabilidad, los niños son inocentes delante de Dios. Pueden equivocarse e incluso hacer cosas incorrectas, pero el Señor no los considera responsables de la misma manera que a una persona que ya comprende el bien y el mal.
El profeta Mormón enseñó este principio claramente cuando escribió a su hijo Moroni:
“Los niños pequeños viven en Cristo, aun desde la fundación del mundo”.
Además, explicó que bautizar a los niños pequeños constituye una “solemne burla ante Dios”, porque ellos ya están vivos en Cristo por medio de Su misericordia (véase Moroni 8:8–12).

En otras palabras, antes de la edad de responsabilidad, el bautismo no es necesario porque no existen pecados de los cuales necesiten recibir remisión. La gracia de Jesucristo ya los cubre por completo.
La situación cambia cuando una persona llega a la edad de responsabilidad.
Cumplir ocho años no significa que un niño de repente comprenda perfectamente todas las cuestiones morales. Más bien, el Señor ha establecido esa edad como el momento a partir del cual una persona comienza a ser responsable ante Él por sus propias decisiones.
Desde entonces, cuando una persona decide conscientemente hacer algo incorrecto, esas acciones pasan a ser su responsabilidad. Esos son los pecados que pueden ser perdonados mediante el bautismo y la expiación de Jesucristo.

Por ejemplo, si un niño después de alcanzar la edad de responsabilidad ha mentido, desobedecido, tratado mal a alguien o cometido otros pecados, el bautismo permite recibir la remisión de esos pecados mediante Jesucristo. Nada de lo ocurrido antes de esa etapa necesita ser limpiado, porque esas acciones no fueron consideradas pecados imputables al niño.
Sin embargo, el bautismo significa mucho más que recibir el perdón de los pecados. También es el momento en que una persona entra formalmente en un convenio con Dios.
Al bautizarnos, nos comprometemos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo, guardar Sus mandamientos y servirle durante nuestra vida. A cambio, nuestro Padre Celestial nos promete bendiciones, entre ellas la compañía del Espíritu Santo después de la confirmación y el acceso continuo al poder de la expiación de Jesucristo a medida que nos arrepentimos.

El rey Benjamín describió este convenio de una manera hermosa al enseñar que quienes entran en él llegan a ser “hijos de Cristo”, porque han nacido espiritualmente de nuevo (véase Mosíah 5:7).
Esto también explica por qué incluso una persona que nunca haya cometido lo que podríamos considerar un pecado “grave” necesita bautizarse. El bautismo no consiste solamente en borrar el pasado. También representa el comienzo de una nueva vida como discípulo de Jesucristo que ha hecho convenios con Dios.
El presidente Russell M. Nelson enseñó:
“Cuando hacemos un convenio con Dios, abandonamos el terreno neutral para siempre”.
Esta enseñanza nos recuerda que el bautismo cambia nuestra relación con Dios. No se trata simplemente de una limpieza única del pecado, sino del comienzo de una vida de discipulado basada en convenios.

Otro principio importante es que el bautismo no elimina la necesidad de arrepentirnos en el futuro. Incluso después del bautismo, todos seguimos cometiendo errores. La diferencia es que ahora estamos en el camino de los convenios. Al arrepentirnos sinceramente, participar de la Santa Cena y esforzarnos por seguir a Jesucristo, el poder purificador de Su expiación continúa bendiciendo nuestra vida.
La Santa Cena nos permite recordar y renovar nuestro compromiso con los convenios que hicimos al bautizarnos. Por eso los miembros de la Iglesia participan de ella cada semana: para recordar al Salvador, volver a comprometernos con Él y continuar recibiendo Su gracia.
Esto también permite responder otra pregunta común: ¿qué ocurre si alguien se bautiza a los nueve, diez años o incluso mucho más adelante en la vida?
El principio es el mismo.

Toda persona que ya ha alcanzado la edad de responsabilidad se bautiza para la remisión de sus pecados. En el caso de alguien que se bautiza más adelante, esto comprende los pecados cometidos después de alcanzar la edad de responsabilidad y antes del bautismo, siempre que exista un arrepentimiento sincero. Nuevamente, nada de lo ocurrido antes de la edad de responsabilidad necesita ser perdonado, porque Jesucristo ya había cubierto completamente esa etapa de su vida.
El mismo Salvador nos dio el ejemplo perfecto. Aunque Jesucristo nunca cometió pecado, también fue bautizado. Cuando Juan el Bautista se preguntó por qué debía bautizar al Salvador, Jesús explicó que era necesario “cumplir toda justicia” (Mateo 3:15).
Si el Hijo de Dios, siendo completamente libre de pecado, decidió bautizarse para obedecer al Padre y establecer el ejemplo que todos debemos seguir, queda claro que el bautismo representa mucho más que el perdón de los pecados. Es un acto de obediencia, humildad, convenio y discipulado.
Entonces, ¿era correcta tu comprensión?
Sí.

Los niños que mueren antes de llegar a la edad de responsabilidad son salvos mediante la misericordia y la gracia de Jesucristo. No necesitan bautizarse porque no han cometido pecados por los cuales sean responsables ante Dios.
Cuando un niño se bautiza a los ocho años o después, el bautismo no elimina pecados cometidos antes de la edad de responsabilidad. Esos años ya están completamente cubiertos por la expiación del Salvador. Más bien, el bautismo permite recibir la remisión de los pecados cometidos después de alcanzar la responsabilidad y da inicio a una relación de convenio con Jesucristo para toda la vida.

En última instancia, el bautismo tiene menos que ver con mirar hacia atrás y mucho más con mirar hacia adelante. Marca el momento en que una persona decide voluntariamente seguir al Salvador, tomar Su nombre sobre sí, recibir el don del Espíritu Santo y comenzar a recorrer el camino de los convenios que conduce de regreso a nuestro Padre Celestial.
Por eso, el bautismo de un niño de ocho años es una ocasión tan especial y llena de alegría. No porque antes estuviera perdido y recién en ese momento fuera rescatado, sino porque un niño inocente está eligiendo convertirse en discípulo de Jesucristo y hacer convenios sagrados que, mediante la gracia del Salvador, pueden conducirlo finalmente a la vida eterna.
Fuente: Ask Gramps
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