John S. K. Kauwe III, presidente de BYU–Hawaii, estaba acostumbrado a dedicar gran parte de su tiempo al trabajo que amaba. Sin embargo, durante este último año, una enfermedad le obligó a detenerse de manera inesperada y a descubrir que, en ocasiones, descansar también puede ser una forma de avanzar.
Kauwe enfrentó un cáncer de recto y los efectos de la quimioterapia comenzaron a debilitar considerablemente su organismo. Su sistema inmunológico estaba comprometido y, debido a su estado de salud, sus médicos tuvieron que mantenerlo aislado durante el tratamiento.
Fue durante uno de esos momentos, mientras se encontraba en un centro de infusión oncológica en Honolulu, esperando una sesión de quimioterapia de aproximadamente tres horas, cuando recibió una llamada inesperada del élder Ronald A. Rasband, y lo que pasó después, fue el inicio de un gran viaje de aprendizaje.
Una llamada que llegó en medio del tratamiento

El élder Rasband acababa de salir de una reunión con los miembros de la Primera Presidencia, quienes también forman parte de la junta directiva de BYU–Hawaii. Durante aquella reunión habían tomado una decisión que cambiaría temporalmente la rutina de Kauwe: concederle una licencia médica con efecto inmediato.
Cuando el élder Rasband le preguntó qué pensaba sobre la decisión, Kauwe fue sincero.
“No me gusta”, respondió.
A pesar de todo lo que estaba atravesando, una parte de él sentía que debía continuar trabajando y superar el dolor. Dejar sus responsabilidades no estaba en sus planes, especialmente porque disfrutaba profundamente de su labor al frente de la universidad.
Pero tomar la licencia no era una sugerencia. La Primera Presidencia sabía que Kauwe probablemente intentaría continuar trabajando incluso mientras enfrentaba el tratamiento, por lo que necesitaban que se detuviera y concentrara sus fuerzas en recuperarse.
“El élder Rasband dijo que necesitaban que descansara. Necesitaban que me recuperara”, recordó Kauwe.
Aquella firme indicación terminó produciendo algo inesperado en él: le permitió aceptar que descansar no significaba estar fallando en sus responsabilidades.
“Esa firme indicación finalmente me hizo sentir que estaba bien que descansara”, explicó.
El año en que tuvo que aprender a quedarse en casa

Mientras se concentraba en su recuperación, el presidente Kauwe pasó largos periodos aislado en su hogar, muy cerca del campus de BYU–Hawaii, pero lejos de la vida universitaria que acostumbraba compartir con sus estudiantes.
Durante un devocional reciente, recordó ante aproximadamente 3,000 estudiantes lo extraño que resultaba observar desde casa cómo la vida continuaba sin él.
“Estaba en casa, con todos ustedes en las residencias, viendo cómo se celebraban las graduaciones”, contó. “Estudiantes a los que conocía y quería se habían marchado sin que yo estuviera allí para celebrarlo con ellos”.
La situación también le enseñó que no todos los años de nuestra vida pueden medirse por lo que conseguimos o por cuánto trabajamos. En su familia existe una broma para esos momentos en los que alguien dice que tuvo un mal día o una mala semana. La respuesta suele ser: “Yo estoy teniendo un mal año”.
Kauwe tomó la expresión con humor para describir lo que había vivido.
“Diría que he tenido un año un poco flojo”, comentó.
Sin embargo, detrás de aquella frase había una experiencia profundamente difícil que también había cambiado su manera de entender la vida, el liderazgo y su propia relación con Dios.
“La curación física que he experimentado ha sido milagrosa”

En julio, Kauwe regresó a su oficina después de varios meses concentrado en su recuperación.
Durante un acto religioso realizado recientemente en el campus, compartió con los estudiantes que el proceso había sido difícil, pero también reconoció lo que consideraba una respuesta extraordinaria después de todo lo que había enfrentado.
“La curación física que he experimentado ha sido milagrosa”, afirmó.
Su recuperación no solo lo llevó a reflexionar sobre su salud física, sino también sobre las lecciones que había aprendido durante ese periodo al que se refirió como su “año sabático”.
Una de las primeras fue recordar quién es incluso cuando las circunstancias hacen que todo lo demás parezca incierto.
Saber quién eres puede cambiar cómo enfrentas una crisis

Kauwe enseñó que recordar nuestra identidad espiritual puede convertirse en una fuente de consuelo durante los momentos más difíciles. Para él, saber que una persona es hijo de Dios, hijo del convenio y discípulo de Cristo puede proporcionar “gran consuelo, paz y confianza”.
La enfermedad también le recordó que no estamos llamados a resolver cada problema por nuestra cuenta.
La familia, los mentores, los líderes de la Iglesia y otras personas de confianza pueden convertirse en una fuente de consejo y apoyo cuando atravesamos situaciones que nos superan.
Por eso, una de las lecciones más destacadas que compartió fue que no debemos esperar a que llegue una crisis para comenzar a cuidar nuestra salud física y mental.
Crear hábitos saludables y desarrollar resiliencia antes de atravesar una emergencia puede prepararnos para enfrentar mejor los momentos difíciles y, al mismo tiempo, permitirnos tener la fortaleza necesaria para continuar ayudando a otras personas.
El ejemplo de Jesucristo

Al hablar sobre su experiencia, el presidente Kauwe también destacó que, para él, el ejemplo definitivo se encuentra en Jesucristo.
“Jesucristo es el ejemplo perfecto de liderazgo. Amó y sirvió a los demás, y ayudó a las personas a llegar a ser más de lo que podrían haber sido por sí mismas”.
Eso también lo llevó a recordar la manera en que Cristo llamó a personas comunes y las ayudó a desarrollar capacidades que quizá ellos mismos todavía no podían reconocer.
“Llamó a pescadores humildes y los ayudó a convertirse en líderes poderosos. Puede hacer lo mismo por nosotros”.
Después de un año en el que tuvo que aprender a detenerse, aceptar ayuda y concentrarse en recuperar su salud, la experiencia del presidente Kauwe nos recuerda que liderar y servir no siempre significa hacer más, sino también aprender cuándo debemos detenernos, permitir que otros nos cuiden y confiar en que una etapa difícil no tiene por qué definir el resto de nuestra historia.
Fuente: Deseret News
