Durante la sesión del sábado por la mañana de la Conferencia General de octubre de 2026, el presidente D. Todd Christofferson, segundo consejero de la Primera Presidencia, dedicó su mensaje a un tema que cada vez está más presente en la vida cotidiana: los juegos de azar y las apuestas.
Su mensaje llegó en un momento en el que apostar ya no requiere necesariamente entrar a un casino, comprar un boleto de lotería o acudir a un establecimiento, ya que con un teléfono inteligente, las apuestas deportivas y otros juegos de azar pueden estar disponibles prácticamente en cualquier momento y desde cualquier lugar.
El presidente Christofferson explicó que esta facilidad de acceso puede hacer que una actividad que antes parecía ocasional termine convirtiéndose en un hábito.
Las apuestas están más cerca que nunca

De acuerdo con los datos mencionados durante el discurso, el 46 % de los adultos a nivel mundial, unos 2300 millones de personas, participó en juegos de azar durante los últimos 12 meses.
Las apuestas deportivas también se han extendido entre adolescentes y adultos jóvenes. Además, los ingresos estimados de la industria mundial del juego alcanzaron los 758 mil millones de dólares en 2025, una cifra que representa las pérdidas de quienes apostaron.
Sin embargo, para el presidente Christofferson, el problema no se limita al dinero que alguien puede perder en una apuesta. La preocupación está también en lo que ocurre cuando apostar deja de ser algo ocasional y comienza a ocupar un lugar habitual en la vida de una persona.
“El fácil acceso a las apuestas puede convertir algo ocasional en un hábito que afecta tus ahorros, tus deudas y hasta tu familia”, señaló.
“¿Cuál es el costo de apostar?”

Uno de los puntos centrales de su mensaje fue una enseñanza del presidente Dallin H. Oaks sobre el llamado costo de oportunidad.
Cada vez que una persona decide hacer algo, también está renunciando a otra posibilidad. El tiempo que dedicamos a una actividad ya no puede utilizarse para otra, y lo mismo sucede con nuestros recursos.
Por eso, el presidente Christofferson planteó una pregunta sencilla, pero difícil de ignorar:
“¿Cuál es el costo de apostar?”
No se trata únicamente de cuánto dinero puede perderse en una apuesta. También implica preguntarse qué ocurre con el tiempo, las relaciones y las oportunidades que podrían haberse utilizado de otra manera.
“Cada decisión tiene un costo: cuando eliges una cosa, renuncias a otra. ¿A qué estás renunciando en términos de dinero, tiempo y relaciones? ¿A dónde te conduce?”, enseñó.
Desde esta perspectiva, incluso una apuesta que alguien considere pequeña o inofensiva merece ser analizada por lo que puede llegar a convertirse.
“Puede parecer algo inofensivo”

El presidente Christofferson también habló de quienes consideran que tienen suficiente autocontrol para apostar ocasionalmente, sin desarrollar una dependencia y su invitación fue a mirar más allá de la propia experiencia y pensar en el efecto que esas decisiones pueden tener sobre otras personas.
“Apostar puede parecer algo inofensivo, pero poner dinero o algo de valor en juego por un resultado no lo hace menos dañino”, afirmó.
Y añadió que una persona puede pensar que sus propias apuestas tienen un impacto menor, pero su ejemplo puede influir en quienes la rodean.
“Tus apuestas pueden parecer inofensivas, pero tu ejemplo puede impactar profundamente a tus hijos y a otras personas”.
De esta manera, el mensaje no se limitó a hablar de las consecuencias personales de apostar. También invitó a pensar en lo que enseñamos con nuestras decisiones, especialmente a quienes observan nuestro ejemplo.
La posición de la Iglesia sobre las apuestas

El Manual General de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días establece que la Iglesia “se opone y desaconseja los juegos con apuestas en cualquier forma”, incluyendo las apuestas deportivas y las loterías auspiciadas por los gobiernos.
Esa explicación oficial señala que los juegos de azar están motivados por el deseo de obtener algo de valor sin dar algo equivalente a cambio. Según la Iglesia, ese deseo puede alejar a las personas de principios como el trabajo, el ahorro y el esfuerzo honrado.
La Iglesia también ha advertido que las apuestas pueden convertirse en una conducta adictiva y terminar afectando las finanzas, las relaciones familiares y otras áreas de la vida.
Por eso, la enseñanza no se limita a las apuestas que producen grandes pérdidas. La recomendación oficial abarca cualquier forma de juego con apuestas.
Una advertencia que también dio el presidente Hinckley

El mensaje del presidente Christofferson también nos recordó algunas enseñanzas anteriores de líderes de la Iglesia sobre este mismo asunto.
El presidente Gordon B. Hinckley, por ejemplo, enseñó que la participación en juegos de azar es incompatible con el privilegio de contar con la compañía del Espíritu y aconsejó a los miembros que nunca habían participado en ellos que no comenzaran.
Durante uno de sus mensajes, él extendió una invitación clara y contundente:
“Si ustedes nunca han tomado parte en juegos de póquer o en cualquier otra forma de juegos de azar, no empiecen. Si están participando, dejen de hacerlo ya, mientras pueden”.
Luego se dirigió especialmente a los hombres de la Iglesia de Jesucristo y les dijo:
“El sacerdocio que ustedes poseen conlleva el privilegio del ministerio de ángeles y tal compañía es incompatible con cualquier participación en los juegos de azar”.
La preocupación detrás de estas enseñanzas es que algo que comienza como entretenimiento puede terminar teniendo consecuencias mucho mayores.
“El deterioro y el daño recaen sobre la persona, gane o pierda, al obtener algo a cambio de nada, algo sin esfuerzo, algo sin pagar el precio completo”, enseñó el presidente Kimball.
No solo dejar de apostar

Al final de su mensaje, el presidente Christofferson hizo una invitación que va más allá de simplemente evitar los juegos de azar.
“Te ruego que no tomes a la ligera los juegos de azar. No solo te abstengas de apostar; usa tu tiempo y tus recursos en cosas que realmente valgan la pena”.
Su mensaje fue, en esencia, una invitación a mirar qué hacemos con aquello que tenemos: nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestra influencia sobre los demás.
El trabajo, el ahorro, el servicio y el esfuerzo constante producen oportunidades construidas a través de decisiones conscientes, algo que las apuestas no pueden hacer. Por eso, al concluir su mensaje, el presidente Christofferson volvió a una exhortación de las Escrituras: “¡Oh, sed prudentes! ¿Qué más puedo decir?”
Más que una advertencia sobre una sola actividad, su mensaje dejó una pregunta: si cada decisión tiene un costo, ¿qué estamos eligiendo cuando decidimos apostar y a qué estamos renunciando al hacerlo?
Fuente: Church News
