Cosas débiles hechas fuertes

Todos tenemos debilidades, o cosas que no nos gustan de nosotros mismos. A lo largo de nuestras vidas, constantemente buscamos superar estas debilidades. Pero, entre más nos enfocamos en nuestras debilidades, parece que hacemos que empeoren cada vez más. No importa lo que intentemos hacer nosotros mismos, parece ser que no podemos superar estas odiadas debilidades.

En el Libro de Éter del Libro de Mormón, el Profeta Moroni nos dice que él también se martirizaba por sus debilidades. Cuando buscó al Señor con preocupaciones en cuanto a sus debilidades, el Señor le reveló la clave para superarlas.

“Y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos.” (Éter 12:27)

Es inspirador el reconocer que ya hemos terminado de dar el primer paso para superar nuestra debilidad al reconocerla en primer lugar. Reconocer una debilidad es una señal de que nos estamos acercando a Dios.

“No es cosa fácil…que nos muestren nuestras debilidades… No obstante, ello es parte de venir a Cristo y una parte esencial, aunque dolorosa, del plan divino de la felicidad.” (“La esperanza por medio de la expiación de Cristo” Neal A. Maxwell)

El siguiente paso es desarrollar la humildad. Para comenzar, esto se hace parcialmente al admitir que tenemos una debilidad. La otra parte de la humildad es reconocer dónde está nuestra fortaleza. Esto significa darnos cuenta que donde no tenemos el poder para superar nuestra debilidad, Dios si lo tiene. Con Dios podemos hacer todas las cosas.

Podemos agregar a la humildad una fe inquebrantable en Dios, (una fe de que Él no sólo puede superar nuestra debilidad sino que lo hará), y después darle permiso para hacer lo que nos parece imposible. No sólo deshacernos de nuestra debilidad, sino convertirla en una fortaleza.

Esta última parte es la clave. Dios es el que tiene el poder para hacer que las debilidades se conviertan en fortalezas. A veces Dios nos quita nuestras debilidades y en el proceso fortalece nuestro carácter. Otras veces no nos libera de nuestra debilidad, pero nos ayuda a ver y utilizar nuestra debilidad de una forma que se convierte en una fortaleza. Pero sabemos que sólo por medio de Dios ambas pueden ocurrir.

Be Not Afraid Mormon

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A veces, a pesar de nuestro mejor esfuerzo en “hacer que nuestras debilidades se conviertan en fortalezas”, el Señor, en Su sabiduría infinita, no nos quita nuestras debilidades. El Apóstol Pablo luchó a lo largo de su vida con un “aguijón en la carne,” y dijo que era para humillarlo “para que…no [se] exaltase desmedidamente” (2 Corintios 12:7). Tres veces Pablo pidió al Señor que le quitara su debilidad, y tres veces el Señor se negó a hacerlo. El Señor explicó, entonces, que Su gracia bastaba para Pablo, y que de hecho, Su fortaleza se “perfecciona en la debilidad.” Pablo escribió entonces que: “Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2 Corintios 12: 9-10).

Como Pablo, podemos encontrar la razón optimista por la que no se nos quitan nuestras debilidades. Seguramente nada nos enseña a ser humildes como el tener una debilidad que no podemos superar, con la que debemos luchar a lo largo de nuestras vidas. Tales debilidades nos enseñan, de una manera muy personal, que después de hacer todo lo que podamos, debemos confiar en la gracia de Cristo para hacer lo que no podamos hacer.

“Al entregar humildemente nuestra voluntad al Señor, encontramos que nuestras debilidades en verdad pueden llegar a ser fuentes de fortaleza si ponemos nuestra confianza en Él.” (“Hacer fortalezas de las debilidades” Anne C. Pingree)

 

Por Julia Goff  el 25 de marzo de 2008.

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