9 cosas que nadie te dice sobre el matrimonio

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“El primer año de matrimonio es muy difícil, pero maravilloso. Confía en mí, vale la pena”. No puedo decir cuántas veces escuché casi esas mismas palabras cuando me comprometí. Fueron tan cliché y genéricas que sonreía, gracias tía Suzy o abuelo Will por su consejo, y pensaba: “Pero, Jason y yo hemos pasado por muchas cosas con las que luchan los recién casados. Estamos preparados. Sabemos en lo que nos estamos metiendo”.

Eso era cierto, estaba tan preparada como podía estarlo. Desde pedirles consejos a innumerables amigos y hermanos hasta comerme los libros que pude encontrar sobre el tema, pensé que tenía idea de esto.

No pude estar más equivocada.

Parte del motivo por el que el consejo de los recién casados es tan vago es que el matrimonio tiene un efecto amnésico, al menos esa es mi teoría. Al igual que las madres tienden a olvidar el horrible dolor de dar a luz y solo recuerdan los momentos tiernos, los casados tienden a olvidar lo negativo de aprender a vivir juntos y, en cambio, se aferran a los bellos momentos.

A pesar de que es maravilloso a largo plazo, puede ser un poco frustrante cuando todo lo que quieres es una retroalimentación sincera.

Si eres como yo, tus pruebas no serán como lo esperabas. El matrimonio te da muchas sorpresas.

Antes de continuar, permíteme aclarar algo: No soy una experta en el matrimonio. Después de 67 semanas de matrimonio, todavía tengo toda una vida para aprender sobre el tema. Sin embargo, sé cómo es ser un recién casado. Estoy ahí. Lo vivo. Es real. Y entiendo.

Si bien sé que cada matrimonio será diferente y que todos enfrentaremos cosas que no podemos anticipar. Aquí, comparto algunas realidades que desearía haber sabido antes de casarme.

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1. Abastécete de la farmacia porque probablemente te enfermarás más que nunca en tu vida

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Nada expresa el romance como las narices congestionadas o la gripe intestinal, ¿verdad? Está bien, quizás no, pero esta es una realidad del matrimonio de la que nadie me advirtió.

Cuando te casas, de repente compartes tus alimentos, tu espacio y casi todo lo demás con una persona nueva. Sin mencionar que te desvelarás más que nunca y también agregarás un nuevo componente de salud a tu vida, la salud sexual.

Si bien no quiero ser mala onda, casi todas las parejas recién casadas con las que he hablado me dicen que su primer año de matrimonio fue el año más cansado de su vida.

A pesar de que puede ser frustrante, les brinda una oportunidad excelente para acercarse más mientras aprenden a confiar y apoyarse el uno al otro, en las buenas y en las malas.

A continuación, compartiré algunas maneras en las que puedes prepararte o evitar las peores consecuencias de los gérmenes de recién casados:

Duerme bien, pase lo que pase: Es difícil acostumbrarse a dormir con una nueva persona en tu cama. De pronto, tu cantidad de malas noches se duplica. A veces, incluso se cuadruplica. Encima de todo eso, la mayoría de parejas casadas tienden a incluir a una persona que duerme muy tarde y una persona que despierta muy temprano, lo que no da mucho tiempo para dormir en primer lugar.

Debido a esto, debes hacer que el descanso sea una prioridad en tu matrimonio desde el primer día. Aprende a comprometerte a despertar un poco más temprano o despertarte un poco más tarde de lo normal. Aunque sé que quieren pasar todo el tiempo que puedan juntos, se divertirán mucho más si es un tiempo de calidad en el que ambos no se sientan como zombis.

Consejos útiles:

  • Establezcan un tiempo límite: Consulten en la cena a qué hora tu cónyuge necesita levantarse a la mañana siguiente, cuáles son las metas para el siguiente día y a qué hora idealmente ambos deberían dormir. Establezcan un tiempo límite para ir a la cama y cúmplanlo, pase lo que pase.
  • Establezcan un ritual nocturno: Ya sea simplemente lavarse los dientes juntos o leer las Escrituras y orar, dediquen un tiempo cada noche para que ambos puedan reunirse y relajarse.
  • No tengan miedo de probar cosas nuevas: Camas separadas, tapones para oídos, dormir en diferentes habitaciones, ir a dormir a diferentes horas, bocadillos, meditación, etc. realmente pueden hacer la diferencia si no tienen un tiempo de calidad para descansar.

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Encuentra un doctor en el que confíes

Están comenzando una fase de vida completamente nueva, una que seguramente vendrá con nuevos desafíos de salud. Asegúrate de encontrar un doctor en el que confíes y cada vez que surja algo inesperado, asegúrate de llamarlo y mantenerte en contacto con él regularmente.

En lugar de autodiagnosticarse o descartar dudas, una llamada rápida puede aclarar si realmente debes preocuparte o salvarte de enfermedades más graves en el futuro.

Cuando surjan cosas inesperadas, no te asustes. Asegúrate de siempre hacerle saber a tu cónyuge que lo amas.

Encuentra maneras divertidas de ejercitarte

Pensé que mi esposo y yo tendríamos más tiempo una vez que nos casáramos y no tuviéramos que comunicarnos para estar juntos. Sin embargo, las finanzas, la familia, las tareas diarias y mucho más devoran tu tiempo. Agrega a todo eso las enfermedades regulares y que, a veces, te sientes afortunado de sobrevivir al día y dejas de lado los ejercicios.

Sin embargo, durante los momentos difíciles, tu cuerpo necesita endorfinas y el alivio que proviene del ejercicio más que nunca. Entonces, sé flexible cuando te ejercites y encuentres cosas activas que puedas hacer con tu cónyuge.

Ya sea que aprendan un nuevo deporte juntos, anden en bicicleta, hagan yoga o simplemente salgan a caminar, si intentan hacer algunas cosas activas juntos, pueden darse más tiempo y aliviarse del estrés.

2. Deshazte de tus expectativas y solo disfruta de la aventura

Independientemente de cuanto leas, ores o te prepares, te puedo garantizar que el matrimonio nunca cumplirá con tus expectativas. A menudo, existen esos momentos sublimes cuando todo lo que imaginaste es expulsado del agua por la pura realidad de estar con esta persona que moldeará tu eternidad. Pero, luego, habrá muchos momentos en los que casi no puedes respirar por el frenesí de todo esto.

Hazle a tu cónyuge el favor de no esperar que sepa mágicamente todo lo que desearías que haga para lograr que estés feliz. El matrimonio es una asociación equitativa en la que ambos, tú y tu cónyuge, necesitarán comenzar a esforzarse más para lograr todo, y no todo será agradable. Nadie quiere lavar los platos o limpiar los retretes. Pero, establecer expectativas va mucho más allá de las tareas domésticas.

Si deseas que tu cónyuge sea más cariñoso, note algo en lo que has cambiado, planea más citas o cambia otras cosas, detente y haz dos cosas.

Primero, recuerda todas las cosas buenas que hace tu cónyuge, cuánto contribuye y con cuánta frecuencia demuestra su amor por ti. Luego, y solo entonces, se proactivo y cambia lo que te esté molestando. No te sientes pasivamente sintiéndote frustrado o herido, toma el control de tu vida y haz un cambio.

Cambia tu perspectiva, cambia las circunstancias, habla acerca de tus sentimientos, habla, encuentra una solución. Pero, nunca supongas que la persona que tiene que cambiar es tu cónyuge. Dios nos dio a cada uno el albedrío por una razón y debemos respetar el derecho a elegir de la otra persona, no intentemos controlarla.

3. La intimidad sexual viene naturalmente si trabajas en ello

historia de amor

Existen dos cosas que cambiaron fundamentalmente la forma en que entiendo las relaciones sexuales. La primera fue el discurso del Élder Jeffrey R. Holland “Sobre almas, símbolos y sacramentos”. La segunda, fue un libro que mi esposo y yo leímos mientras estábamos comprometidos, The Act of Marriage.

Incluso si recibiste una educación sexual completa y crees que sabes todo, estos recursos integran los aspectos físicos, emocionales, mentales y espirituales de la intimidad sexual de una manera que probablemente cambiarás la forma en que ves este acto sagrado. El Élder Holland dijo:

“La intimidad sexual no es solamente una unión simbólica entre un hombre y una mujer –la unión de sus propias almas- sino que es también la unión entre mortales y la divinidad, entre humanos ordinarios y falibles uniéndose en un momento raro y especial con Dios mismo y todos los poderes por el cual Él da vida en este amplio universo nuestro. En este último sentido, la intimidad humana es un tipo de sacramento, un símbolo muy especial”.

Debido a la vulnerabilidad y las emociones intensas involucradas, la frustración o el dolor que pueden resultar de los problemas en tu vida sexual pueden ser perjudiciales para tu relación en general. A continuación, algunas sugerencias para ayudarte a construir una relación sexual más fuerte como recién casado:

Hablen acerca de todo: Hablen con frecuencia acerca de lo que les gusta y lo que no les gusta, aquello con lo que se sienten cómodos, etc. Sean sinceros. A menudo, estas cosas pueden cambiar de un día a otro según el estado de ánimo de la persona, así que asegúrate de decirle a tu cónyuge lo que necesitas y lo que te gusta. No te sientas culpable ni egoísta por compartir tus necesidades sinceramente.

Nos acercamos más al amor sirviendo y al ser servidos, además podrían perderse de algunos de los momentos más dulces de conexión si no están dispuestos a ser sinceros.

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El tiempo juega un papel importante: Un aspecto de la intimidad sexual del que no me di cuenta es que a menudo en el matrimonio, un cónyuge siente más deseo sexual por las mañanas y, el otro, por las noches. Eso significa que a menudo el deseo sexual puede desincronizarse, dejando a uno o a ambos frustrados.

Al igual que con todo lo demás en su matrimonio, encuentren maneras de comprometerse. Decir no y que te digan que no, puede ser frustrante, así que sean compasivos entre ustedes.

Si no estás de humor cuando tu cónyuge sí, inténtalo. Dile a tu cónyuge lo que podrías necesitar para conectarte de manera más plena. Si tú eres quien está interesado y tu cónyuge parece ajeno, no te sientas mal. En cambio, comunícate, expresa tus intenciones y ayuda a tu cónyuge a entender cómo te sientes.

Nunca es egoísta hacerle saber a tu cónyuge que quieres tener relaciones sexuales. Ten confianza y no intentes adivinar lo que tu cónyuge podría estar sintiendo o pensando. Al mismo tiempo, se paciente y date cuenta que a tu cónyuge le podría tomar cierto tiempo alcanzar tu mismo nivel o que a veces la respuesta sea “no”, pero tu cónyuge aun te ama y te desea.

Se sincero con tu cónyuge: En todo, la sinceridad salva de la angustia y las críticas. En todo momento de tu relación, nunca tengas miedo a decirle a tu cónyuge que “no” cuando se trata de las relaciones sexuales. Pero, también asegúrate de explicarle tus pensamientos y sentimientos. Si te sientes enfermo, emocionalmente distante, cansado, etc., infórmaselo a tu cónyuge con sinceridad, así le evitarás que se culpe a sí mismo o se pregunte si hizo algo mal.

Esto también ayuda a tu cónyuge a comprender cómo puede ayudarte y servirte mejor, mejorará tu relación en todos los aspectos. Además, debes estar seguro de que independientemente de lo que le digas a tu cónyuge, nunca dudará del amor que le tienes. Asimismo, se sincero después de la intimidad, cuéntale lo que podrías necesitar o cualquier emoción o pensamiento intenso que podrías sentir, incluso cuando se sienta más vulnerable y difícil.

Asegúrate de no ignorar tu conexión emocional, mental y espiritual: Si bien la intimidad sexual es una parte importante del matrimonio, ten cuidado de no permitir que otras áreas de tu vida pierdan el enfoque. A medida que conversen, aprendan el uno del otro, y conéctense mental, emocional y espiritualmente, una conexión física más fuerte tiende a fluir naturalmente.

4. Duplicar la familia también significa duplicar el tiempo y la diversión

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Cuando te casas, tu lista de seres queridos y red de apoyo se duplica casi instantáneamente. Además, con eso viene el doble de cumpleaños que recordar y eventos familiares a los que asistir y personas que visitar. Recuerda que es una bendición tener una red tan amplia de amor que te rodea a ti y tu cónyuge.

Si bien puede ser difícil determinar donde pasar tus vacaciones o qué tan diferentes pueden ser tus tradiciones familiares, solo relájate, acepta lo nuevo y disfruta. Tú y tu cónyuge todavía tienen muchos años por delante para construir sus propias tradiciones, por lo que por ahora, debes ser flexible en intentar cosas nuevas y estar dispuesto a comprometerte.

Conoce a tu nueva familia. Al mismo tiempo, espera crear tus propias tradiciones. Habla regularmente con tu cónyuge para 1) asegurarte de que ninguno se sienta abrumado y 2) para descubrir las preferencias de ambos.

Si bien es genial tener una familia a tu alrededor, asegúrate de mantener tus amistades y también dedicar tiempo a construir tu nueva familia.

5. Vienen de culturas familiares completamente diferentes, por lo que no siempre hablarán el mismo idioma

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Después de pasar más de una semana en una casa pequeña con toda su familia política, mi amiga me contó acerca del momento en que finalmente entendió qué era lo que había estado experimentando, un choque cultural.

Para cualquiera que sirvió en una misión o viajó al extranjero, sabe lo emocionante e intimidante que puede ser incluirte repentinamente a un idioma y una cultura completamente nuevos. Créeme, cada familia tiene su propio idioma, bromas internas, juegos y formas de comunicarse, conectarse y vivir.

Entonces, ¿qué significa esto para ti? Encuentra activamente maneras de salir de tu propia burbuja y hacer un lugar para ti en tu nueva familia. Regocíjate en tu individualidad, encuentra formas creativas en las que puedas contribuir a tu nueva familia, pero sobre todo, prepárate para aprender un nuevo idioma y una forma de amar.

Al igual que los desafíos en una misión proporcionan formas ilimitadas de crecer, el matrimonio brinda formas diarias de progreso.

Sin embargo, con todo ese crecimiento, asegúrate de ser paciente contigo mismo. Si encuentras agotador estar alrededor de tu nueva familia, no te preocupes. No significa que los ames menos, solo significa que te estás esforzando para aprender sobre su cultura.

Asimismo, ten en cuenta que tu cónyuge puede sentir lo mismo alrededor de tu familia. Sean considerados y ayúdense a entender a la familia del otro mientras se aseguran de que ambos tengan suficiente tiempo para adaptarse.

A continuación, algunos consejos que te ayudarán en este proceso:

Descubre cómo se comunica tu cónyuge: Ya que tú y tu cónyuge provienen de familias completamente diferentes, ambos hablan idiomas completamente diferentes. Sí, las palabras básicas pueden ser las mismas. Pero, la inflexión, las costumbres, el significado y mucho más puede variar.  Entonces, cuando algo que tu cónyuge diga te confunda u ofenda, detente a preguntar a qué realmente se refiere antes de que reacciones.

Si bien, es probable que tengan opiniones y creencias diferentes, es asombroso ver cuántas diferencias se minimizan cuando dan un paso atrás para entenderse.

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No tengas miedo de hacer las cosas de manera diferente: Cuando surgen esas opiniones diferentes o cuando descubres una de mil millones de cosas pequeñas que tú y tu cónyuge hacen de manera diferente, no las corrijas ni seas altivo. Pregúntale a tu cónyuge primero si puede mostrarte cómo hacer las cosas a su manera. Luego, ofrécete a mostrarle cómo hacer las cosas a tu manera. Lo mismo sucede con la política, las creencias y las opiniones.

Descubre sinceramente por qué tu cónyuge vota, adora o piensa de la forma en que lo hace y explica tus propios pensamientos sin intentar “convertir” a tu cónyuge. Desde cómo lavas los platos hasta cómo vives el Evangelio, tú y tu cónyuge necesitan entenderse, pero no necesitan ser la misma persona. Regocíjense en su diversidad, ¡hagan que las cosas sigan siendo divertidas!

Date cuenta de cómo demuestras amor y cómo tu cónyuge demuestra amor: Antes de decidir sentirte lastimado porque tu cónyuge olvidó hacer esto o aquello, detente y piensa en todas las cosas de las que no podrías darte cuenta. Si te gusta que tu cónyuge te envíe mensajes de texto durante el día, díselo. Si te gusta recibir flores, díselo. Si necesitas más tiempo a solas, díselo. Nunca esperes que tu cónyuge lea tu mente.

Asimismo, asegúrate de preguntarle a tu cónyuge si hay cosas en las que necesita o valoraría que puedas trabajar.

Aprender a ver las docenas de formas en las que tu cónyuge ya te demuestra que te ama cada día y aprende nuevas maneras en que tu cónyuge aprecia recibir amor. A medida que empiecen a comprender mejor su idioma del amor, ambos podrán demostrar amor con mayor fluidez.

6. Descubrirán debilidades que no sabían que existían, así que disfruten aprendiendo a confiar el uno en el otro

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Habrá muchos momentos en su matrimonio en los que la persona con la que te sentirás más frustrado serás tú mismo. Serás presionado y probado de muchas maneras nuevas y esa prueba revelará los puntos débiles que no sabías que tenías.

De hecho, descubrirás rasgos de carácter y talentos que ni siquiera sabías que existían. Pero, siempre ten en cuenta que lo contrario también es cierto. De repente, encontrarás fortalezas en ti de las que nunca supiste, varias de las cuales tu nuevo cónyuge podría señalar.

Entonces, cuando te sientas abrumado y comiences a autoflagelarte, detente y piensa en las cosas que estás haciendo bien y agradece tener tiempo para mejorar. Si te sigues sintiendo triste, intenta preguntarle a tu cónyuge algunas de las cosas que admira de ti y estoy segura de que pronto veras que te va mejor de lo que pensabas.

Recuerden que, en parte, sus debilidades y defectos los hicieron, a ti y a tu cónyuge, perfectos el uno para el otro, ya que ambos pueden ayudarse.

7. Tus emociones estarán dispersas, así que se paciente contigo mismo y tu cónyuge

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La depresión, la ansiedad y otros problemas de salud mental son provocados por eventos estresantes que cambian la vida. Y, ¿adivina qué? Mudarse a un nuevo lugar, volverse sexualmente activo, construir una vida con una nueva persona y convertirte en parte de una nueva familia son eventos estresantes que cambian la vida y tienden a abrumar a una persona justo después del matrimonio.

Por supuesto, todo esto causa un estrés positivo, el tipo de estrés que nos motiva a ser mejores. Pero, a veces, estos cambios pueden desencadenar respuestas emocionales inesperadas, en ti mismo y tu cónyuge. Agrega a eso la falta de sueño y habrá momentos en que tus emociones te abrumarán y te preguntarás si puedes hacer esto.

Pero, confía en mí, tú puedes. En esos momentos, debes darte cuenta que lo que se está expresando es el estrés, el temor y la depresión, no tú. Debes saber que lo que estás pasando es totalmente normal, aunque no es fácil. También debes saber que a pesar de que esto es normal, recibir ayuda profesional de médicos, consejeros y terapeutas puede ser útil para alcanzar una salud mental y física óptima.

Sobre todo, se paciente contigo mismo por sentirte abrumado y se paciente con tu cónyuge si tiene dificultades.

A continuación, compartiré algunos consejos que pueden ayudarte a superar esos momentos difíciles:

Céntrate en lo bueno: Si bien todo lo que puedes querer hacer cuando te sientes frustrado, triste o dolorido es preocuparte por esos sentimientos, piensa en todo lo bueno que llena tu matrimonio, los momentos divertidos que compartiste con tu cónyuge y los hermosos recuerdos que deseas conservar. Escríbelos. Se proactivo en cuanto a crear y conservar los buenos momentos.

No compares: A menudo, admiramos el matrimonio de otras personas como algo que queremos imitar, ya sea el matrimonio de nuestros padres, alguien de nuestro barrio, un amigo, etc., eso conlleva a varios problemas inherentes.

En primer lugar, a menudo, esas personas a las que admiras tuvieron mucho más tiempo para trabajar en su matrimonio. Es injusto enfrentar a un estudiante de piano de primer año contra un músico profesional. Lo mismo ocurre con el matrimonio. El matrimonio requiere práctica y tú estás empezando el tuyo.

Además, no siempre sabes lo que sucede en la vida de los demás y los problemas, las lágrimas y los desafíos que tuvieron que superar para construir el matrimonio aparentemente fuerte que ahora tienen. Finalmente, y más importante, tú y tu cónyuge son completamente diferentes a cualquier otra pareja y tendrán un matrimonio completamente diferente.

Así que agradece que todo lo que estás atravesando como recién casado te está ayudando a construir un matrimonio fuerte y único.

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Hazle saber a tu cónyuge cómo te sientes: Nunca hagas que tu cónyuge adivine cómo te sientes. Créeme, si intentas guardar silencio para no herir sus sentimientos, probablemente supondrá lo peor y se obsesionará con que algo anda mal.

Aunque todo lo que quieras hacer sea aislarte, no lo hagas. Si no estás completamente seguro de por qué te sientes lastimado, asustado o triste, está bien. Se sincero. Háblale a tu cónyuge acerca de tu confusión. Y, cuando tu cónyuge haga lo mismo contigo, no tomes nada de lo que diga de forma personal. Las emociones no siempre son racionales y, a veces, tenemos sentimientos inesperados por razones desconocidas.

Procesa tus emociones: Aunque es bueno hacer que tu cónyuge sepa lo que sientes desde el principio, no intentes “corregir” la situación hasta que hayas tenido un poco de tiempo para entenderte a ti y tus emociones. No intentes hablar de estas cosas en momentos estresantes o a altas horas de la noche, esos son momentos en los que tus emociones son más desequilibradas.

En el calor del momento, tendemos a atacar verbalmente por la culpa, la desesperación, la ira, el resentimiento y, a veces, incluso por venganza. Descansa bien por las noches y piensa en por qué respondiste como lo hiciste y cómo puedes evitar ese tipo de reacción en el futuro.

Habla al respecto: Una vez que tu cónyuge haya tenido tiempo para pensar, pregúntale cómo entendió la situación desde su perspectiva. ¿Qué estaba pensando y cómo se sentía? Descubrirás con mucha rapidez que la mayoría de cosas que te ofendieron fueron completamente sin querer y que, en general, las acciones de tu cónyuge son motivadas por el amor y la preocupación por ti.

Una vez que entiendas mejor a tú cónyuge, cuéntale lo que pensabas y hagan una lluvia de ideas juntos sobre cómo pueden evitar esos errores en el futuro. Hablen, no manden ni culpen. Durante la conversación, pídele a tu cónyuge de vez en cuando que repita lo que dijiste y repite lo que entiendes de lo que te dijo.

Esto no debe abordarse como una prueba para ver si realmente se están escuchando. En cambio, esto les permite retroceder y analizar la manera en que ambos se comunican y escuchan. ¿Tu cónyuge siente que lo culpas o atacas? ¿Lo que tu cónyuge escucha y entiende como el meollo de la conversación coincide con lo que piensas?

A medida que comiences a construir patrones de comunicación, esto te ayudará a aprender a hablar con más claridad y compasión.

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Perdona con frecuencia, incluso a ti mismo: Libera tu corazón y mente para sentir un amor más profundo por tu cónyuge al dejar ir y perdonar rápidamente. Asegúrate de explicar lo que sea que te esté molestando para que ambos encuentren una solución. Luego, suéltenlo.

Sobre todo, no te fijes en los errores que cometiste en el pasado ni en los pensamientos ni sentimientos frustrantes y deprimentes que puedas haber experimentado. En cambio, enfócate en el futuro y la persona en la que tú y tu cónyuge se pueden convertir.

Recibe la ayuda que necesitas: Ya sea con amigos, familiares, libros e incluso doctores, asegúrate de cuidar tu salud mental y emocional. Cuando hables con los demás, asegúrate de nunca traicionar la confianza de tu cónyuge, pero se sincero y pide consejos. Busca signos de agotamiento o ansiedad y depresión en ti y tu cónyuge, y se activo en combatirlos antes de que se convierta en una preocupación seria.

Para las mujeres: A menudo, los cambios hormonales que provienen de diferentes métodos anticonceptivos pueden agregar otra capa para equilibrar tu salud emocional. Mantente en contacto con tu doctor y nunca te culpes ni menosprecies si se te hace difícil encontrar el equilibrio por tu cuenta. Recibe la ayuda de aquellos que tienen mayor experiencia y busca activamente las mejores opciones posibles.

8. Vivirán el Evangelio de manera diferente y eso está bien

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Incluso si tú y tu cónyuge tienen un testimonio, puedo garantizarles que vivirán el Evangelio de maneras únicas. Desde que llegan a la Iglesia hasta cómo participan en la Escuela Dominical y cuando pagan su diezmo hasta cómo cumplen con la Palabra de Sabiduría, tú y tu cónyuge hacen las cosas de manera diferente.

Ambos fueron criados por familias diferentes y desarrollaron su testimonio de maneras diferentes. En lugar de obsesionarse con las diferencias, enfóquense en el centro de vivir el Evangelio, que tú y tu cónyuge quieran acercarse más el uno al otro y al Salvador.

Cuando surjan discusiones, haz lo que harías en cualquier discusión: Primero, intenta entender la perspectiva de tu cónyuge. Luego, explica tus ideas sin intentar “convertirlo”. Ambos necesitan tener una mente abierta y darse cuenta de que la cultura de la Iglesia no es lo mismo que los mandamientos. Sean flexibles y encuentren maneras en las que puedan ayudarse a convertirse en mejores discípulos de Cristo.

9. Prepárate para la diversión y trabaja por ello

Recuerda todos los días que el matrimonio es emocionante y divertido. Si bien algunos días esa verdad puede parecer evidente, puede sorprenderte con qué frecuencia comenzamos a subestimar las cosas maravillosas.

Descubran la aventura de planificar las finanzas y prepararse para el futuro, sueñen en grande y no dejen que los pasos del día a día o la lista increíblemente larga de cosas por hacer disminuyan esa emoción.

Esta es otra área en la que ayuda dejar de lado las expectativas. No tienen idea de lo que podría presentarse en su fututo, por lo que establecer planes concretos que probablemente fracasen solo conduce a la frustración. En cambio, establezcan metas y planes sobre los que tengan control y con los cuales puedan contribuir, planes como vivir dentro de sus posibilidades, hacer del Evangelio una prioridad, asistir al templo con frecuencia, brindar servicio con regularidad, etc.

Hacer que el matrimonio sea divertido implica un equilibrio difícil entre aprender a hacer planes y ser flexible y espontáneo. Ahora que su familia se compone de dos personas con horarios muy ocupados, podrían necesitar hacer planes con un poco más de anticipación si alguna vez desean noches de citas, viajes, visitas a la familia y noches en el templo.

Sin embargo, en su ajetreo por terminar las cosas y avanzar en su nueva vida juntos, no subestimen la importancia de simplemente disfrutar de tiempo juntos cuando pueden ser tontos o espontáneos. Pónganse la meta de reírse todos los días. Algunos de los mejores recuerdos y conversaciones surgen al darse el tiempo de olvidar el estrés y reír.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Miranda Richards y fue publicado en ldsliving.com con el título “9 Things No One Tells You About Marriage”.

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