Presidente Eyring: Desechar el consejo del profeta es desechar la protección del Padre Celestial

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Algunos de los temas que se han discutido con mucha frecuencia en este último año se basan en las vacunas contra el COVID-19, el uso de mascarillas y la guía de los profetas.

El solo hecho de leer esos temas juntos puede hacer que te pongas tenso al recordar las opiniones acaloradas de tus conocidos y conversaciones que terminaron mal. 

En una de esas conversaciones, una amiga compartió un discurso de una conferencia que puso el debate habitual en una perspectiva completamente nueva y más significativa para mí.

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El discurso que compartió se dio en 1997, pero siento que es un consejo muy relevante para nuestros días. En él, el élder Henry B. Eyring dio un poderoso testimonio de la seguridad que viene de seguir el consejo de los profetas.

Él afirmó que Dios usa múltiples medios para mostrarnos el camino hacia la seguridad.

“Esos medios siempre incluyen enviar el mensaje por boca de Sus profetas, siempre que la gente se haya hecho acreedora de tener entre sí a los profetas de Dios. A esos siervos autorizados siempre se les manda que aconsejen a las personas y les guíen el camino a la seguridad”.

Pienso que, por supuesto, es mucho más fácil seguir al profeta cuando hablamos de leer las Escrituras a diario o de servir a los demás. 

Pero todo puede cambiar cuando el consejo del profeta corresponde a cosas que pesan mucho en el corazón y la mente de las personas y que puede causar sentimientos encontrados.

Hay cosas en esta vida que son difíciles de entender y, en ocasiones, parecen increíblemente injustas. Afortunadamente, no tenemos que tener todas las respuestas para defender y sostener la doctrina de la Iglesia.

La doctrina de Dios siempre ha desafiado el entendimiento de los hombres y mujeres y por eso siempre se han enviado profetas para brindarnos mensajes contundentes que nos ayuden a comprenderlas en cierta medida (Mosíah 3:19).

La hermana Carol F. McConkie expresó:

“De acuerdo con las normas del mundo, seguir al profeta puede ser poco popular, políticamente incorrecto o socialmente inaceptable. Pero seguir al profeta es siempre lo correcto”.

Incluso el Salvador mismo enseñó cosas que hicieron que sus discípulos dijeran: “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?” (Juan 6: 60). Unos versículos más tarde leemos que “desde entonces, muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él” (Juan 6: 66).

En su discurso de hace 24 años, el presidente Eyring proporcionó dos ejemplos de falacias comunes que algunas personas tienen sobre el consejo de los profetas.

Pueden creer que sólo escuchan a un hombre sabio que da buenos consejos. Luego, si ese consejo parece conveniente y razonable, y va de acuerdo con lo que ellos desean hacer, lo aceptan; si no es así, consideran que es un consejo falso o contemplan las circunstancias que les rodean para justificarse y de ese modo considerarse una excepción”.

“Creer que la elección de aceptar o no el consejo de los profetas no es más que decidir entre aceptar un buen consejo y ser beneficiados por ello, o quedarnos donde estamos. Pero la decisión de no aceptarlo cambia el mismo suelo que pisamos; éste se torna más peligroso. El no seguir el consejo profético disminuye nuestro poder de aceptar consejo inspirado en el futuro ”.

¿Y qué está en juego si nos permitimos escoger y elegir qué guía profética seguir? El presidente Eyring compartió:

“Cuando desechamos el consejo que proviene de Dios, no escogemos ser independientes de las influencias externas, sino que elegimos otra influencia.

Desechamos la protección de un Padre Celestial perfectamente amoroso, Todopoderoso, que todo lo sabe, cuyo único objetivo, el mismo que el de Su Hijo amado, es darnos la vida eterna, darnos todo lo que Él tiene y llevarnos de nuevo al hogar celestial, en familia, a los brazos de Su amor. 

Al rechazar Su consejo, elegimos la influencia de otro poder, cuyo propósito es hacernos miserables y cuyo motivo es el odio. Dios nos ha dado el don del albedrío moral. Éste no es el derecho de elegir estar libre de influencias, sino el derecho inalienable de quedar sujetos al poder que elijamos”.

Desde que leí estas palabras, he pensado mucho en cómo siempre podemos estar bajo la influencia de alguien más: alguien en las redes sociales, el autor de una columna en un periódico, un maestro en la universidad, etc. 

Debemos tomar una decisión consciente: ¿A quién queremos dejar que influya en nuestra vida?

El presidente Eyring ofreció su testimonio de la influencia positiva del profeta en su vida:

“En mi vida, siempre que he elegido posponer seguir el consejo inspirado o que he decidido que yo era la excepción, he llegado a darme cuenta de que me encontraba en peligro. 

Siempre que he escuchado el consejo de los profetas, lo he confirmado por medio de la oración y lo he seguido; he visto cómo me he dirigido hacia un lugar seguro y, a lo largo del camino, he visto que la vía había sido preparada para mí y que los lugares difíciles se habían allanado. 

Dios me guiaba a salvo por un camino preparado con amoroso cuidado, a veces preparado desde mucho tiempo antes”.

Me encanta el proceso que describe el presidente Eyring:

1. Escuchar el consejo de los profetas

2. Sentir la confirmación del espíritu mediante la oración

3. Seguir el consejo de los profetas

En el mundo de hoy, la palabra “seguir” ha llegado a significar algo muy diferente de lo que significaba cuando el Salvador dijo: “Ven, sígueme”.

Relacionamos la palabra con las redes sociales y los conocidos con los que interactuamos allí. Pero, entre las definiciones de “seguir” se encuentran “aceptar como autoridad” y “estar o actuar de acuerdo con”.

Esto, para mí, es lo que significa ser un discípulo, alguien que acepta la autoridad dada por Dios y luego se esfuerza por actuar de acuerdo con ella.

Ciertamente, habrá quienes leerán esto y asumirán que mi decisión de permitir que el profeta sea una de las influencias más importantes en mi vida es un ejemplo de obediencia ciega.

Pero yo diría que es todo lo contrario. Es por la seguridad, el gozo y la paz que he encontrado en mi vida como resultado de estar continuamente del lado de los profetas y apóstoles que elijo sostenerlos.

Como dijo una vez el presidente Boyd K. Packer:

“No somos obedientes porque seamos ciegos, sino que somos obedientes porque podemos ver”.

La elección ahora es nuestra y las palabras del Salvador resuenan a lo largo de la historia: 

“¿También vosotros queréis iros?”- Juan 6:67

“He is risen” por Jessie Khon

¿Seguiremos a Sus profetas y a Sus apóstoles? ¿Seremos amigos y seguidores en lugar de enemigos y antagonistas? ¿Serán nuestros votos de sostenimiento algo más que solo levantar la mano?

Es mi esperanza que ellos se sientan menos solos debido a nuestras decisiones, y que sintamos paz al afrontar el futuro con fe.

Fuente: ldsliving.com

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