Templos de Dios

iglesia mormona Templos una casa de Dios

Los templos de Dios se esparcen en la tierra desde un mar reluciente hasta otro y alrededor del mundo, 136 han estado o están en proceso de construcción. Al igual que las sinagogas del antiguo Israel, estos templos guardan verdades sagradas y preciosas que son reveladas a aquellas personas dignas de recibirlas.

El Presidente Gordon B. Hinckley, profeta de Dios y décimo quinto Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia Mormona) dijo de los templos:

mormon“La obra que se lleva a cabo dentro de los templos presenta los propósitos eternos de Dios para con el hombre, que es Su progenie y creación. En su mayor parte, la obra del templo concierne a la familia, a cada uno de nosotros como miembros de la familia eterna de Dios y como miembros de una familia terrenal. Además, concierne a la naturaleza santa y eterna del convenio del matrimonio y de las relaciones familiares.

“Esta obra testifica que todo ser humano que nace en este mundo es hijo o hija de Dios y viene en parte investido de la naturaleza divina del Padre. La repetición de estas enseñanzas básicas y fundamentales surte un efecto benéfico en los que las reciben, porque, al enunciarse la doctrina en un lenguaje hermoso y solemne, el participante llega a comprender que, por ser todos hijos del Padre Celestial, las demás personas son también miembros de la familia divina y, por lo tanto, todos son sus hermanos.” (¿Por qué tener templos?, Gordon B. Hinckley).

matrimonio-templo-castidad-mormonaMi esposo y yo fuimos sellados en uno de estos templos, el Templo Bountiful ubicado en Bountiful, Utah en los Estados Unidos de América.

¿Por qué elegimos vivir nuestra vida de manera que fuéramos dignos de entrar en un templo del Señor y casarnos? Simplemente porque sabíamos que dentro de las paredes de aquel templo santo y sagrado, alguien que tiene las llaves sagradas del sacerdocio nos uniría por todo el tiempo y la eternidad.

Estamos, mi esposo y yo, como el Presidente Hinckley dijo, dotados de una chispa divina. Al nutrir nuestros testimonios, estudiar del evangelio de Jesucristo y aprender de los aspectos eternos de nuestra naturaleza, nos amábamos tanto el uno al otro que deseábamos ser sellados por toda la eternidad,no sólo por este breve momento que nosotros llamamos mortalidad. Entonces, vivimos los principios del evangelio, prácticas y preceptos para que fuéramos dignos de entrar en ese templo.

El Presidente Hinckley continuó:

¿Habrá algún hombre que verdaderamente ame a una mujer, o una mujer que verdaderamente ame a un hombre, que no desee con todo su corazón que su relación continúe más allá de la tumba? ¿Ha habido padres que al enterrar a un hijo no hayan anhelado recibir la seguridad de que éste volvería a pertenecerles en el más allá? ¿Puede alguien, que crea en la vida eterna, dudar de que Dios no concedería a Sus hijos e hijas el atributo más preciado de esta vida, que es el amor que halla su expresión más viva en las relaciones familiares? No. La razón exige que esas relaciones familiares continúen después de la muerte. El corazón humano las anhela y el Dios de los cielos ha revelado la manera de lograrlo. Las ordenanzas sagradas de la Casa del Señor proporcionan ese medio.

Sin embargo, todo eso parecería muy injusto si las bendiciones de esas ordenanzas sólo estuvieran al alcance de los que ahora son miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Lo cierto es que la oportunidad de asistir al templo y de participar de sus bendiciones está al alcance de todo aquel que acepte el Evangelio y se bautice en la Iglesia. Por ese motivo, la Iglesia lleva a cabo un vasto programa misional en gran parte del mundo y continuará expandiéndolo tanto como sea posible, porque tiene la responsabilidad, delegada por revelación divina, de enseñar el Evangelio “a toda nación, tribu, lengua y pueblo”.(¿Por qué tener templos?,Gordon B. Hinckley)

Así que esta es la importancia de los templos sagrados de Dios que se han construido por todo el mundo: unir a las familias, redimir nuestra muerte (realizar ordenanzas salvadoras para los que no fueron capaces de hacerlo en vida) y aprovechar nuestros testimonios y conocimiento del evangelio de Jesucristo.

Por Candace Salima el 27 de noviembre de 2007

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