Hace poco tiempo tropecé, en un libro de ficción, con una declaración que se fijó en mi mente.  Se trataba del conflicto que surge al tomar decisiones difíciles y enfrentar problemas en la vida.

“Hay una prueba para cada hombre y mujer.  Todas son diferentes, pero todas requieren su corazón”.

mormon-bibleYo creo firmemente que nuestro Padre Celestial nos conoce personalmente.  Estuvimos con Él antes de venir a este mundo.  Si somos fieles, regresaremos a vivir con Él al dejar este mundo.  Él nos dio la oportunidad de tener cuerpos mortales y de morar lejos de Él para crecer: Para experimentar conocimiento y fe, para probar esa fe y determinar nuestra devoción a las cosas que realmente importan.  Él nos coloca exactamente donde necesitamos estar, ya sea que el camino pueda parecer suave o duro, está diseñado por el Maestro pensando en nosotros.

Recientemente, hemos hablado acerca de lo que se encuentra en el corazón de un discípulo.  Son las cosas del espíritu que nos aferran a algo de un plano superior.  ¿De dónde vienen estas convicciones?  ¿Qué es lo que lleva a nuestros corazones lejos del mundo?  Créanlo o no, son las cosas que más tratamos de evitar.  Son nuestras pruebas y cómo las manejamos.  Estas cosas dejan las más profundas impresiones que nos llevan hacia adelante y nos conducen más cerca a Jesucristo.

Por lo tanto, ¿Qué hace el discípulo? Si nuestro mayor desafío en esta vida es cómo enfrentamos nuestros desafíos.  ¿Qué es lo que hace la diferencia? El corazón del discípulo.

En las escrituras, el corazón está en el centro de lo que nuestro Padre en los Cielos nos pide.  Sus palabras sagradas se refieren a ello como un “corazón quebrantado y espíritu contrito“.  Es el acto de volver nuestros corazones a Él.  Es el acto de suavizar nuestros corazones a Su evangelio.  Es seguir humildemente Su curso para nuestras vidas con fe en Sus promesas.  Esa es la esencia del corazón del discípulo.

Si nuestro enfoque e intento es acercarnos a una vida como Cristo, enfrentamos desafíos con un corazón dispuesto – uno que esté suavizado y abierto a la voluntad y guía del Señor.

Cuando lleguen los tiempos de pruebas, el paso más importante que podemos dar es ir al Señor y decir, “Yo no sé lo que vendrá, yo no sé dónde debo colocar mis pies para pasar esto con éxito, pero te doy mi corazón.  Estoy dispuesto a tratar de seguirte y confiar en Tu cuidado durante esta prueba”.  No siempre es fácil de hacer.  Si lo fuera, probablemente no traería las profundas bendiciones que trae.  Cuando nos proponemos ofrecer un corazón dispuesto, aun cuando no sabemos lo que el futuro traerá, se abre la posibilidad de paz, consuelo y guía mediante el Espíritu.  Estas mismas bendiciones no pueden venir del corazón que está cerrado y enfocado sólo en la prueba; el dolor y confusión que trae.

Ése es el desafío y la bendición de esta vida.  Es nuestra capacidad de decir: “Comprendo que tengo un camino para andar, una prueba específica a mis necesidades y fortalezas.  Te doy mi corazón dispuesto.  Llévame en Tu camino, a donde sea que me conduzca”.

Por Alison Palmer el 22 de febrero de 2008