A lo largo de su servicio en la Iglesia, el Presidente Nelson ha proporcionado profundas percepciones sobre el propósito de la Iglesia en el mundo, hoy. A continuación, presentaré una pequeña parte de estas percepciones, extraídas del nuevo libro del Profeta titulado “Teachings of Russell M. Nelson.”

La Iglesia es el camino por el cual el Maestro realiza Su obra y otorga Su gloria. Sus ordenanzas y los convenios relacionados son las recompensas más gloriosas de nuestra membresía. Si bien muchas organizaciones pueden ofrecer hermandad y fina instrucción, solo Su Iglesia puede proporcionar el bautismo, la confirmación, la ordenación, la Santa Cena, las bendiciones patriarcales y las ordenanzas del templo – todos conferidos por el poder autorizado del sacerdocio. Ese poder está destinado a bendecir a todos  los hijos de nuestro Padre Celestial, independientemente de su nacionalidad.

Esta Iglesia, establecida bajo la dirección de Dios todopoderoso, cumple las promesas hechas en tiempos bíblicos. Es parte de “la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas  que han sido desde tiempos antiguos” (Hechos 3:21). El mismo Señor la restauró y le dio un nombre.

Él emitió esta advertencia solemne: “Cuídense todos los hombres de cómo toman mi nombre en sus labios.” “Recordad,” Él agregó, “que lo que viene de arriba es sagrado, y debe expresarse con cuidado”  (Doctrina y Convenios 63: 61, 64). Por lo tanto, así como respetamos Su nombre santo, respetamos el nombre que decretó para Su Iglesia.

Nos necesitamos unos a otros

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Una gran iglesia es algo así como una gran persona. Cada una necesita un corazón fuerte. Cada uno de nosotros es una parte importante del corazón de la Iglesia. ¡Me encanta un corazón bueno y fuerte!, sé que un corazón funciona mejor si cada parte trabaja en perfecta armonía con las demás. Además sé que si aquellas fibras no funcionan al unísono, el corazón puede dejar de palpitar. Esa es solo una de las muchas lecciones que podemos aprender del funcionamiento del corazón humano.

A medida que la Iglesia siga creciendo, bendecirá las vidas de más y más personas en todo el mundo. Así que se necesitará un corazón más grande y mayores recursos. ¿De dónde vienen esos recursos? Vienen de ustedes, los miembros fieles, que pagan el diezmo, aquí, en el corazón de la Iglesia. Ustedes queridos miembros soportan gran parte de la carga de su progreso. Todos compartimos la responsabilidad de “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16: 15).

Sí, necesitamos mantener fuerte el corazón de la Iglesia a fin de seguir el ritmo del progreso en otros lugares. Necesitamos rescatar a aquellos entre nosotros que actualmente no están participando tan activamente como podrían. Necesitamos su fortaleza y, de manera más importante, ellos necesitan las bendiciones que de ese modo recibirán para sus familias y para sí mismos.

El nombre sagrado de la Iglesia

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Me gustaría hablar acerca de un nombre. Todos nos sentimos contentos cuando nuestros nombres se pronuncian y escriben correctamente. A veces,  se usa un apodo en lugar del nombre verdadero. Sin embargo, un apelativo podría ofender a la persona que posee el nombre o a los padres que le dieron el nombre.

El nombre del que hablaré no es un nombre propio, aunque se apliquen los mismos principios. Me refiero a un nombre dado por el Señor: “Porque así se llamará mi iglesia en los postreros días, a saber, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días” (Doctrina y Convenios 115: 4).

Nota cuidadosamente el lenguaje utilizado por el Señor. Él no dice, “Porque así se nombrará mi Iglesia.” Él dijo, “Porque así se llamará mi Iglesia.”  Antes de considerar cualquier otro nombre como un sustituto legítimo, una persona sensata podría considerar con respeto los sentimientos del Padre Celestial, que otorgó ese nombre.

Ciertamente, cada palabra que procede de la boca del Señor es valiosa. Así que cada palabra en este nombre debe ser importante, designada divinamente por una razón.

El propósito de la Iglesia

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¿Por qué nuestro Padre Celestial y Su Hijo Amado, Jesucristo, iniciaron la Restauración del Evangelio? ¿Por qué abrieron esta última dispensación? Porque hay dos grandes promesas divinas que todavía no se cumplen. La primera promesa es que se recogerá al pueblo del Israel disperso. La otra promesa, por cumplirse, es que el Señor vendrá una vez más a gobernar y reinar aquí en el planeta Tierra.

Por eso, el propósito de la Iglesia es triple. Es el medio por el cual ocurrirá el recogimiento de Israel. Es el medio por el cual las familias del Israel recogido se sellarán en los templos santos. Y, la Iglesia es el medio por el cual las personas del mundo se prepararán para la Segunda Venida del Señor. La Iglesia es la organización que ayudará al cielo a cumplir esas dos promesas.

Este artículo es un extracto del libro “Teachings of Russell M. Nelson”  y fue compartido por ldsliving.com con el título “3 Reasons We Need the Church, Not Just Religion + More Insights from President Nelson.”