El prolífico matemático israelí-estadounidense, estadístico e historiador de la ciencia Amir Aczel fue mejor conocido por su premiado best-seller de 1997 “Fermat’s Last Theorem”. En 2014, sin embargo, un año o dos antes de su muerte prematura por cáncer, Aczel publicó un libro titulado Why science does not disprove God” (William Morrow, 2014).

la ciencia y Dios

Como su título lo indica, el libro no intenta demostrar la existencia de Dios. Aunque Aczel era evidentemente teísta –

“Asumir que no hay Dios o acto de creación detrás de nuestro universo inconmensurablemente improbable”, observa, “me parece presuntuoso”

No es una defensa de ninguna visión religiosa en particular.

En su lugar, quizás sorprendentemente, Aczel dijo que está intentando

“defender la integridad de la ciencia”. “No hemos llegado a un punto en el que la gente pueda afirmar, en nombre de la ciencia, que Dios no existe”.

Dios existe

La religión y la fe de millones de personas en el mundo, muy aparte de la afiliación religiosa, sigue siendo una influencia importante para el ser humano.

“Mi meta es restaurar la ciencia y la fe en sus propios reinos y poner fin a la confusión sembrada por aquellos que pretenden destruir la fe en nombre de la ciencia”.

Aczel da puntos particulares de los llamados “Nuevos Ateos” y, sobre todo, del expresivamente anti-teísta de Oxford, el biólogo Richard Dawkins (que, entre otras cosas, critica por “aparente desconocimiento de las leyes de la probabilidad)”.

Además, Aczel emplea el lenguaje con el cual muchos secularistas se sentirían generalmente, bastante cómodos – excepto que él está apuntando a los polemistas seculares en vez de a creyentes religiosos:

“Siento muy fuertemente que la integridad de la ciencia ha sido comprometida por algunos científicos y escritores y que es importante ajustar las cosas y restablecer la distinción entre lógica rigurosa e improbable suposición “.

“Doblan y distorsionan la ciencia”, “para promover sus propias agendas de una manera que no es muy diferente de lo que un científico a sueldo de una compañía farmacéutica podría estar haciendo al escribir un favorable informe sobre una droga cuestionable que la compañía fabrica”,

Observó Aczel con respecto a Dawkins y ciertos otros secularistas militantes.

Aczel escribió de manera accesible sobre los grandes temas de la ciencia actual. Por ejemplo, aunque aceptó la teoría de la evolución, cuestionó su adecuación para explicar fenómenos como el altruismo humano o la conducta auto-sacrificada, o para explicar el origen de la conciencia, el arte y el pensamiento simbólico.

En otro frente, algunos ateos científicamente inclinados han sostenido recientemente que el espacio, el tiempo y la materia se originaron literalmente de la nada, sin necesidad de acción divina. Por lo tanto, la vieja pregunta de por qué algo existe en lugar de nada supuestamente no requiere de Dios para responder esa pregunta.

Pero Aczel tenía poca paciencia para este tipo de cosas.

“No sabemos -y tal vez no podemos- saber”, escribió, “qué causó el Big Bang o qué, si acaso, existió o sucedió antes”. “No entendemos el mundo de la física cuántica lo suficientemente bien como para estar seguros”. Pero, insistió, no hay “nada” real detrás del universo de acuerdo con las teorías actuales más radicales. “Siempre hay alguna sustancia preexistente, algún tipo de medio del que emerge el universo”. La energía y las líneas de fuerza que representan los “campos” no son “nada”, señaló.

Representación artistica del Big Bang

Aczel tampoco estaba impresionado con las propuestas de un hipotético “multiverso” como formas de escapar del reto planteado al ateísmo por el aparente ajuste cósmico de nuestro universo observable para toda la vida. Al contemplar tales “coincidencias” notables, sostiene, “hay que considerar” la posibilidad de “intención divina, o al menos algo que reside bien fuera de nuestros poderes actuales de entendimiento”.

Sin embargo, observó, algunos ateos se aferran a la idea de un multiverso porque creen que elimina la necesidad de un creador o “afinador”. “Después de todo, si existen infinitos universos, al menos uno de ellos está atado, por puro azar, para cumplir con los requisitos para la vida”.

“El principal problema con el multiverso es que no hay absolutamente ninguna manera en la que podamos validar tales teorías a través de la experimentación o a través de cualquier dato obtenido o derivado del mundo real”.

El gran concilio. Dios

El gran concilio. Representación artistica propiedad de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

De todos modos, dijo Aczel, la creencia en un multiverso es totalmente compatible con la creencia en Dios y, vista desde esa perspectiva, “sólo hace que el creador necesario sea omnipotente en una escala mucho más vasta“. Cualquiera sea el caso, él escribió (inspirado en el matemático alemán del siglo 20,Georg Cantor), “la noción del multiverso infinito es matemáticamente “absurda”.

Fundamentalmente, Aczel defendía la humildad, el reconocimiento de los límites del conocimiento humano. La cuestión de la existencia o inexistencia de Dios, dice, “puede muy bien estar fuera del ámbito de la ciencia, y ser matemáticamente imposible de abordar”.

Aquellos que creen que la ciencia ha eliminado a Dios están equivocados, declaró, y están abusando de la ciencia.

 

 

Este artículo fue escrito originalmente por Daniel Peterson y fue publicado en DeseretNews.com, con el título Defending the Faith: ‘Why Science Does Not Disprove God Español © 2017