Esta frase más reciente en las oraciones de mi hijo de ocho años me hace trizas el corazón, pero también hace que cuestione mi fe.

“Por favor, bendice las dos nuevas manchas en el cerebro de mamá, que no sean cáncer.”

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Vivir con cáncer en etapa IV es una batalla constante por elegir seguir adelante en mi propia fe. Justo cuando pienso que mi fe es inquebrantable, escuchar estas oraciones hacen que me pregunte:

¿Logrará la realidad de esta enfermedad, que algún día puede quitarme la vida, desafiar la fe de mis tres hijos que oran constantemente para que su madre no muera de cáncer?

¿Les he enseñado que Dios los ama y escucha sus oraciones, incluso cuando las respuestas no son exactamente lo que esperan?

¿Saben que tener fe de que mamá será sanada debe incluir tener la fe de que está bien si ella no lo es, que Dios todavía está a cargo y tiene un plan para nuestra familia?

He luchado con estas preguntas, especialmente cuando no estoy completamente segura de dónde se encuentran mis propios pensamientos.

Tengo fe en un Padre Celestial amoroso y en un Salvador que murió para que pudiera volver con Él. Sé del poder de los milagros que pueden sanar. Sin embargo, una parte de mí siente que estoy abandonando mi fe para ser sanada cada vez que mis pensamientos fluctúan entre creer que me mantendré saludable y prepararme para las eventuales noticias de que los médicos algún día no podrán evitar que el cáncer tome el control.

Me siento mal al pensar que quizás mi fe no es lo suficientemente fuerte para ese gran milagro, el cual mis hijos suplican en sus oraciones. Tal vez soy una persona “de poca fe” (Mateo 8:26) y es por eso que el cáncer sigue volviendo.

Recuerdo una historia que el Elder David A. Bednar compartió un experiencia, en su discurso “Aceptar la voluntad y el tiempo del Señor”, al ministrar a una pareja joven, una que sufre un devastador diagnóstico de cáncer, el Elder Bednar preguntó:

“¿Tienes la fe para no ser sanado? Si es la voluntad de nuestro Padre Celestial que en tu juventud seas trasladado por la muerte al mundo de los espíritus para continuar tu ministerio, ¿tienes la fe para someterte a Su voluntad y no ser sanado?”

Cuando leí esto por primera vez, hace cinco años, me conecté con ello inmediatamente.

Sin embargo, recientemente algo nuevo me llamó la atención: “…un principio que se aplica a todo discípulo devoto, la fe firme en el Salvador es aceptar sumisamente Su voluntad y Su tiempo en nuestra vida, incluso si el resultado no es lo que esperábamos o deseábamos.”

El arrepentimiento no es una oferta de un solo momento.

Allí estaba. Algo de consuelo sobre mi gran pregunta de fe. Cuando entiendo y acepto que el resultado de las oraciones que todos esperamos no es la voluntad de Dios, en realidad estoy desarrollando una fe más grande. De hecho, esta es una GRAN parte de entender las pruebas y tribulaciones, y aprender a someterse a la voluntad del Padre y “no desmayar.”

Las escrituras están llenas de relatos de aquellos que entienden que la vida está llena de opciones que podrían terminar con un resultado difícil, sin embargo ellos continúan perseverando hasta el fin.

Esther sabía que su vida estaba en peligro, aún así estaba preparada para presentarse ante el rey.

Sadrac, Mesac y Abednego le explicaron al rey Nabucodonosor que Dios tenía el poder de liberarlos, pero que él podía elegir no usar ese poder. Luego testificaron que si Dios no los libraba de su horno de fuego, ellos no se apartarían.

El mismo Salvador oró para preguntar si podía pasar sobre Él esa copa, sabiendo que su respuesta a la oración tendría una posibilidad mínima, aún así Él continuó y terminó Su misión.

Los hijos del pueblo de Amón, que luchaban por preservar sus vidas y su libertad, se volvieron al Señor:

“Por lo tanto, derramamos nuestras almas a Dios en oración, pidiéndole que nos fortaleciera y nos librara de las manos de nuestros enemigos…  y sucedió que el Señor nuestro Dios nos consoló con la seguridad de que nos libraría; sí, de tal modo que habló paz a nuestras almas, y nos concedió una gran fe, e hizo que en él pusiéramos la esperanza de nuestra liberación.” (Alma 58:10-11)

Este pasaje me llamó la atención recientemente porque de igual manera me encontraba luchando por preservar mi propia vida. Los médicos hallaron recientemente dos pequeños manchas en mi cerebro, después de más de un año en remisión. Unos días después de este descubrimiento, leí estos versículos; de repente me invadió la calidez del espíritu y las lágrimas rodaron por mis mejillas. Al principio, todos mis hijos levantaron la vista de sus libros para ver si algo andaba mal.

“¿Por qué lloras, mamá?”

“¿Está todo bien?”

“¿Estás bien?”

“Estoy bien. Me encanta lo que estas palabras me están enseñando. Lo que esto dice es importante para mí.”

Seguí leyendo aún con lágrimas en mis ojos, y la atención de ellos se centró aún más en las escrituras.

Después de terminar el capítulo, expliqué:

“Estas oraciones no sólo trataban de quitar las cosas malas y atemorizantes, la gente pidió fuerza para luchar, sabiendo que las peleas se podían perder. Quizá, así sea como nuestro Padre Celestial nos bendice, incluso si es que el cáncer regresa.”

jesucristo

Dios está a cargo. Él quiere que tengamos fe en Su plan y estemos dispuestos a someternos a su voluntad, incluso cuando nuestras oraciones no sean respondidas como lo esperamos que lo hagan.

Cuando nuestra fe es suficiente, podemos ser sanados, pero la sanación no siempre significa que las pruebas serán quitadas. Una vez que entendemos esto y optamos por continuar, la sanación vendrá, incluso si esa curación es sólo la fuerza para soportar los desafíos, o una mayor fe, paz y esperanza en los planes de Dios.

“Este artículo fue escrito originalmente por Aggieland Mormons, y fue publicado por ldsliving.com bajo el título: Finding Faith Knowing My Prayers to Be Healed from Stage IV Cancer May Not Be Answered as I Hoped