El Padre Celestial no tiene una varita mágica

padre celestial

A veces pienso que confundimos al Padre Celestial con Dumbledore.

No quiero decir que creo que es amante de las “ranas de chocolate” o que tienen un ave fénix llamado Fawkes, pero creo que a veces nos imaginamos que está en el cielo agitando una varita mágica para hacer realidad todas nuestras peticiones.

Sin embargo, no es así como funcionan los poderes del cielo. No hay varitas mágicas y el Padre Celestial no suele conceder todos nuestros deseos sin dudar como un genio de la lámpara.

Nuestro Padre Celestial tiene el poder de hacerlo todo por nosotros, pero no lo hace, porque desea que seamos como Él. Él no se convirtió en Dios dejando que otros hicieran las cosas por Él. Él nos ayuda a lograr nuestros propios deseos, pero no agita una varita mágica y nos da todo lo que siempre hemos pedido. Él quiere algo mucho mejor para nosotros que un simple deseo cumplido.

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Dios quiere que nosotros mismos nos ayudemos

ver a Dios

Pienso en este principio como el enseñarle a un niño que debe dejar las cosas en su lugar. Si siempre recoges lo que tu hijo desordenó en lugar de enseñarle a hacerlo por sí mismo, no aprenderán cómo hacerlo, ni entenderán su importancia.

Creo que el Padre Celestial opera de la misma manera. Como un padre que le enseña a su hijo a se ordenado, Él nos ayuda y nos muestra qué hacer.

Él nos enseña los principios y hace lo que no podemos hacer por nuestra cuenta. Por ejemplo, si uno de los juguetes de tu hijo se guarda en un estante superior al que no pueden alcanzar, los guardas tú hasta que un día puedan alcanzarlo por sí mismos.

Cuando estamos listos, Él da un paso atrás y nos permite hacer cosas por nuestra cuenta. Él no nos deja solos, supervisa y ayuda cuando es necesario.

metas

Este énfasis en la autosuficiencia nos ayuda mucho más que una varita mágica. La meta final de nuestro Padre Celestial es que volvamos a vivir con Él y obtengamos todo lo que Él tiene, y no podemos hacer eso dejando que Él haga todo por nosotros. Si lo hiciera, sería imposible que nosotros llegásemos a ser como Él.

El Elder Richard G. Scott dio un discurso hace casi 30 años llamada “Cómo obtener ayuda del Señor”. En él, explicó:

“Es cierto que el Señor dijo: “Pedid, y recibireis” (DyC 4:7). Pero también afirmó: “He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería cuando no pensaste sino en pedirme” (DyC 9:7).

Es obvio que El espera que hagamos nuestra parte.”

Pero, ¿cómo hacemos “nuestra parte”?

El Elder Scott continuó explicando que nuestra parte es, por supuesto, guardar los mandamientos. Nuestro Padre Celestial vive y gobierna según Sus mandamientos, de modo que, al guardarlos, nos estamos convirtiendo en una persona más parecida a Dios.

Al hacer las cosas que nuestro Padre nos pide (es decir, cumplir con los mandamientos), tenemos derecho a Sus bendiciones, o, en otras palabras, las cosas que no podemos hacer por nosotros mismos.

En la Conferencia General más reciente, el Elder Dale G. Renlund dijo:

amor De Dios

“La mayoría de las bendiciones que Dios desea darnos requieren acción de nuestra parte, acción basada en nuestra fe en Jesucristo. La fe en el Salvador es un principio de acción y de poder. 

Primero actuamos con fe y luego viene el poder, de acuerdo con la voluntad y el tiempo de Dios. El orden es crucial. Sin embargo, la acción que se requiere siempre es minúscula en comparación con las bendiciones que finalmente recibimos…

A menudo, la energía de activación necesaria para obtener bendiciones requiere más que solo mirar o pedir; se precisan acciones continuas, repetidas y llenas de fe.”

Nuestro Padre Celestial quiere que actuemos con fe y que “[hagamos] muchas cosas de [nuestra] propia voluntad y [efectuemos] mucha justicia” (énfasis agregado). 

Con todo mi corazón, creo que Él espera que usemos nuestro poder de razonamiento para resolver cosas por nosotros mismos y esforzarnos por hacer realidad nuestros deseos. Si hacemos esas cosas, creo que Él estará más inclinado a bendecirnos.

Hacer “mi parte” cambió mi vida

Padre Celestial

Un gran aspecto de “hacer nuestra parte” es reconocer lo que el Señor nos está diciendo y luego actuar conforme a ello.

Así que déjame contarte una pequeña historia en la que hice eso en un momento de mi vida.

He luchado durante muchos años con una enfermedad crónica. Si bien tengo un montón de problemas, el problema principal siempre ha sido mi estómago, pero finalmente, con la ayuda de Dios, encontré algo que me ha ayudado enormemente.

Durante años tuve dolores de estómago que me inmovilizaban, los cuales tenía varias veces por semana. Había leído cientos de diagnósticos diferentes, había tenido muchas citas con diferentes doctores y siempre había escuchado lo mismo: “Sólo tienes un estómago sensible. Lo sentimos, pero no hay mucho que podamos hacer”.

oración

Estaba devastada. Oré hasta que me dolieron las rodillas y la garganta. Le supliqué al Padre Celestial que me ayudara.

Sentí que estaba haciendo mi parte, no sólo estaba guardando los mandamientos, sino que estaba buscando activamente una solución a mi problema al investigar, intentar diferentes dietas y medicamentos, y dedicar tiempo y dinero a ver a diferentes especialistas, pero nada funcionaba.

Necesitaba un milagro.

Y llegó, pero todo dependía de que lo reconociera y actuara en consecuencia.

Mi esposo y yo tenemos un carro y, como yo trabajo desde casa, él normalmente se lo lleva al trabajo. Un día, sin embargo, tenía algo que quería hacer, así que me lo llevé. Es importante tener en cuenta que rara vez hago esto, tal vez una vez al mes o cada dos meses.

Dios

Me había olvidado de mi teléfono, cosa que casi nunca hago, por lo que me puse a escuchar la radio. En lugar de cambiar la estación cuando un anuncio empezó, como lo hago habitualmente, me puse a escuchar los comerciales sin darles mucha atención, cuando de pronto lo escuché.

Varias personas diferentes describían sus síntomas, y cada uno de ellos era un síntoma que tenía. Presté más atención cuando una mujer dijo que había sentido durante mucho tiempo que su calidad de vida era mucho menos de lo que debería haber sido, pero que por fin sentía que había recuperado su vida. Ella se oía tan sincera y ansié poder sentir lo mismo.

Casi al final del anuncio, dijeron cuál era su diagnóstico y justo era la misma enfermedad que tenía. Recomendaron una clínica que acababa de abrir en la ciudad con especialistas que trataron esta enfermedad a través de un programa intensivo.

Sentí que el Espíritu me susurró que necesitaba estudiar este programa, así que tan pronto como llegué a un semáforo en rojo, anoté el nombre de la clínica. Cuando llegué a casa, saqué una cita.

mano de Dios

Ir a esa clínica fue una de las mejores cosas que he hecho, y una de las más difíciles. El programa es intenso y requiere grandes cambios en mi estilo de vida. Pero con la certeza y la ayuda de Dios, me he mantenido firme y mi salud ha mejorado drásticamente.

Dios pudo “agitar una varita mágica” y sanarme, pero no lo hizo, porque ¿qué es lo que habría aprendido realmente? A cambio, me guió en la dirección correcta y luego me permitió sanarme con mi propia ayuda.

Gracias a Él, estaba en el lugar correcto en el momento correcto para escuchar el anuncio en la radio, luego Dios esperó que tomara la iniciativa. Llamé al doctor, programé y asistí a las citas, y me ceñí a la dieta y los cambios en el estilo de vida prescrito por el médico.

Dios me ayudó a ayudarme a mí misma, y me gustaría pensar que soy mejor, más feliz y más preparada para enfrentar al mundo por esa razón.

camino equivocado

¿Has visto esas escenas en películas de comedias románticas donde la chica poco atractiva se quita los lentes, cambia de ropa, se pone maquillaje y de repente, es la persona más hermosa del planeta?

En el pasado, esperaba que mis oraciones funcionaran de esa manera. Con una pequeña acción de mi parte (y muy poco esfuerzo), nuestro Padre Celestial vendría, agitaría su varita mágica y haría un cambio enorme y milagroso en mi vida.

Pero no es así como funciona porque Él quiere que nos volvamos como Él. Quiere que aprendamos y crezcamos, y sabe que el hacer todo por nosotros, nunca nos convertirá en todo lo que Él sabe que podemos ser.

Nuestro Dios amoroso, misericordioso y eterno, con una perspectiva eterna, sabe lo que se necesita para que seamos como Él, y una gran parte de eso es aprender a hacer las cosas por nuestra cuenta.

Entonces, no, el Padre Celestial no tiene una varita mágica, y debemos estar agradecidos por eso.

Este artículo fue escrito originalmente por Amy Keim y fue publicado originalmente por thirdhour.org bajo el título “Heavenly Father Doesn’t Have a Magic Wand

| Fe en Jesucristo
Publicado por: Sabina Mujica Estrada
Licenciada en Turismo, Hotelería y Gastronomía, apasionada por los libros y los idiomas, profesional armando rompecabezas.
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