Hoy estamos acostumbrados a ver que el aceite consagrado se utiliza de manera específica en las bendiciones a los enfermos. Un poseedor del Sacerdocio de Melquisedec coloca unas gotas sobre la cabeza de la persona y luego se realiza la bendición mediante la imposición de manos.

Sin embargo, hace más de 150 años, los Santos de los Últimos Días tenían una forma muy diferente de entender y utilizar el aceite consagrado.

Aunque sigue siendo el mismo símbolo sagrado, las prácticas alrededor de él eran muy distintas a las que conocemos actualmente.

Una época en la que fe y medicina caminaban juntas

Imagen: keytonelds

Durante el siglo XIX, el acceso a la medicina moderna era limitado. Muchos tratamientos que hoy consideramos normales simplemente no existían, por lo que las personas buscaban alivio tanto en los recursos médicos disponibles como en su fe.

En ese contexto, algunos miembros de la Iglesia veían el aceite consagrado como algo que podía tener un propósito espiritual y también medicinal.

Por ejemplo, cuando alguien sufría una lesión, una infección o alguna enfermedad, era común que el aceite se aplicara directamente sobre la parte afectada del cuerpo. 

Algunas personas incluso ingerían pequeñas cantidades o lo utilizaban en otros tratamientos populares de la época con la esperanza de mejorar su salud.

Estas prácticas no surgieron únicamente dentro de la Iglesia. En muchas culturas cristianas de aquel tiempo existía la idea de que el aceite bendecido podía acompañar procesos de sanación física.

¿De dónde viene la práctica de ungir con aceite?

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La costumbre de ungir con aceite tiene raíces muy antiguas. En las Escrituras encontramos numerosos ejemplos como en el Nuevo Testamento se enseña que los apóstoles:

«Ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban» – Marcos 6:13.

Asimismo, Santiago enseñó:

«¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los élderes de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor» – Santiago 5:14.

En el mundo antiguo, el aceite tenía varios usos. Se empleaba para la higiene personal, como muestra de hospitalidad, como remedio medicinal y también para propósitos sagrados.

Por eso, para los primeros cristianos y para los primeros Santos de los Últimos Días, no resultaba extraño asociar el aceite tanto con la curación física como con la fe en el poder de Dios.

¿Por qué se usa aceite de oliva?

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La Iglesia utiliza aceite de oliva consagrado para propósitos sagrados.

Aunque las Escrituras no explican específicamente por qué debe ser aceite de oliva, este producto aparece constantemente como un símbolo de bendición, luz y sanación.

Además, el olivo ocupa un lugar especial en las Escrituras. La rama de olivo representa paz, mientras que el árbol de olivo simboliza a la casa de Israel en alegorías como la de Jacob 5.

Muchos también encuentran un simbolismo profundo en el hecho de que la aceituna debe ser triturada para producir aceite. 

De manera similar, el Salvador pasó por un sufrimiento inmenso para derramar las bendiciones de Su expiación sobre nosotros.

Lo que cambió con el tiempo

aceite consagrado
Con el tiempo, el uso del aceite consagrado para motivos medicinales fue desapareciendo. Fuente: LDS Bookstore

A medida que la medicina avanzó y la Iglesia fue estandarizando sus prácticas, el uso medicinal del aceite consagrado fue desapareciendo gradualmente.

La atención médica comenzó a quedar en manos de profesionales de la salud, mientras que el aceite consagrado conservó su propósito espiritual dentro de las ordenanzas del sacerdocio.

Hoy la Iglesia enseña que el aceite consagrado no es un medicamento ni posee propiedades curativas por sí mismo

Más bien, forma parte de una ordenanza sagrada mediante la cual ejercemos fe en Jesucristo y buscamos las bendiciones del Señor.

Más que aceite

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Mirando la historia, es interesante descubrir cuánto han cambiado algunas prácticas culturales de los Santos de los Últimos Días. 

Sin embargo, hay algo que ha permanecido igual desde los tiempos bíblicos hasta nuestros días.

La verdadera fuente de sanación nunca ha sido el aceite, sino Jesucristo.

El aceite consagrado sigue siendo un símbolo de esa realidad. Nos recuerda que el Señor conoce nuestras aflicciones, escucha nuestras oraciones y tiene poder para bendecirnos de acuerdo con Su voluntad.

Como enseñó el apóstol Santiago, la invitación sigue siendo acudir al Señor con fe, confiando en que Su poder, Su amor y Su expiación son la fuente de toda esperanza y toda sanación verdadera.

Fuente: www.churchofjesuschrist.org 

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