Hay personajes de la historia de la Iglesia que parecen sacados de una película. Uno de ellos es Orin Porter Rockwell, un hombre conocido por su carácter fuerte, su extraordinaria habilidad con las armas y la fama que lo acompañó durante gran parte de su vida. Sin embargo, detrás de esa imagen había algo mucho más importante: una lealtad inquebrantable hacia José Smith y hacia el evangelio restaurado.

Durante décadas fue visto por muchos como un forajido. Para otros, fue simplemente el amigo que nunca abandonó al Profeta, incluso cuando hacerlo significaba poner en riesgo su propia vida.

Un amigo desde la infancia

Retrato de Porter Rockwell que se encuentra en la colección C. R. Savage de las Colecciones Especiales L. Tom Perry. Imagen: Biblioteca Harold B. Lee, Universidad Brigham Young.

Orin Porter Rockwell nació el 28 de junio de 1813 en Massachusetts. Cuando era niño, su familia se trasladó al estado de Nueva York, donde conoció a otra familia que también cambiaría la historia: los Smith.

Fue allí donde comenzó una amistad con José Smith que perduraría durante toda su vida. Ambos crecieron en una época de intensa búsqueda religiosa y fueron testigos de los acontecimientos que dieron origen a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Cuando José Smith organizó oficialmente la Iglesia en 1830, Rockwell fue uno de los primeros en unirse. Desde muy joven decidió que permanecería fiel al Profeta, sin importar el costo personal.

Un tiempo de constante persecución

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Los primeros años de la Iglesia estuvieron marcados por expulsiones, violencia y persecución. Los santos fueron obligados a abandonar sus hogares en repetidas ocasiones mientras buscaban un lugar donde pudieran vivir su fe en paz.

Rockwell vivió cada uno de esos episodios junto a los demás miembros de la Iglesia. Estuvo en Misuri durante los momentos de mayor conflicto y posteriormente acompañó a los santos hasta Nauvoo, donde su cercanía con José Smith se hizo aún más evidente.

Con el paso del tiempo, el Profeta comenzó a confiarle una responsabilidad muy particular: proteger su vida.

El guardaespaldas de José Smith

Retrato de Porter Rockwell. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Aunque nunca existió un cargo oficial con ese nombre, Orin Porter Rockwell pasó a ser reconocido como uno de los principales protectores de José Smith.

En una época en la que el Profeta recibía constantes amenazas de muerte y enfrentaba numerosos intentos de arresto, Rockwell permanecía cerca de él, dispuesto a defenderlo cuando fuera necesario.

Su reputación creció rápidamente. Era conocido por su valentía, su capacidad para enfrentar situaciones peligrosas y su disposición para actuar cuando otros dudaban.

Para algunos, esa fama lo convirtió en un personaje temido. Para quienes lo conocían, su prioridad nunca fue buscar reconocimiento, sino cumplir con la responsabilidad de proteger al Profeta y servir a la Iglesia.

Una vida rodeada de rumores

Estatua a Orin Porter Rockwell. Imagen: Flickr

Con el paso de los años, la figura de Porter Rockwell comenzó a mezclarse con relatos populares, exageraciones e incluso acusaciones de asesinato.

Una de las más conocidas fue la relacionada con el atentado contra el exgobernador de Misuri, Lilburn W. Boggs. Aunque Rockwell fue arrestado y pasó varios meses en prisión, nunca fue condenado por ese delito, y hasta hoy los historiadores continúan debatiendo cuál fue realmente su participación, ya que las pruebas disponibles no permiten llegar a una conclusión definitiva.

Lo mismo ocurre con otras historias que surgieron alrededor de su nombre. Algunas forman parte del folclore del Oeste estadounidense y otras provienen de fuentes cuya confiabilidad sigue siendo motivo de discusión entre investigadores.

Por esa razón, muchas de las historias más famosas sobre Rockwell deben entenderse como parte de una figura histórica rodeada de mitos, más que como hechos plenamente comprobados.

Siempre del lado de los santos

Lugar donde se ubicaba la casa de Lilburn Boggs en el terreno de la Ciudad de Sion en Independence, Missouri, donde Porter Rockwell fue acusado de dispararle en la cabeza. El campanario del Templo de Independence, junto al terreno del templo, queda oculto por los árboles. Imagen: Americasroof

Después del martirio de José y Hyrum Smith, Rockwell permaneció junto a los santos durante los difíciles años que siguieron.

Acompañó el éxodo hacia el Oeste y formó parte del grupo que llegó al Valle del Lago Salado en 1847. Allí continuó sirviendo a la comunidad durante décadas, desempeñando distintos oficios y colaborando en la protección del territorio cuando las circunstancias lo exigían.

Aunque su carácter fuerte nunca cambió, quienes convivieron con él destacaban especialmente su fidelidad al convenio que había hecho con Dios y su constante disposición para servir.

Más que una leyenda del Viejo Oeste

Lápida de Orrin Porter Rockwell en el cementerio de Salt Lake City. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Con el tiempo, Porter Rockwell se convirtió en uno de los personajes más conocidos de la historia pionera de la Iglesia. Su imagen inspiró libros, artículos y numerosas historias que mezclan hechos reales con leyendas.

Sin embargo, más allá del personaje que la cultura popular construyó, existe un aspecto que permanece constante en casi todos los relatos sobre su vida: su profunda lealtad a José Smith y a la Restauración del evangelio.

Su propia lápida resume cómo deseaba ser recordado: 

«Fue valiente y leal a su fe; fiel al profeta José Smith.»

Quizá ese sea el mejor resumen de su vida. No la de un hombre perfecto, sino la de alguien que, en medio de una época de persecución e incertidumbre, decidió permanecer firme junto al Profeta y dedicar su vida a defender aquello en lo que creía.

Fuente: BYU Studies 

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