El 7 de abril de 1844 sería el día en que José Smith brindaría consuelo a los Santos gracias a un milagro.

Uno de mis milagros favoritos en el Nuevo Testamento es cuando Cristo calma la tempestad. Él y Sus apóstoles estaban en una barca cuando Jesucristo se durmió.

Luego, cuando la tormenta se volvió cada vez más fuerte, Sus asustados apóstoles lo desertaron. Sabían que si algo se podía hacer algo para apaciguar la tempestad, sería a través del poder milagroso del Salvador.

José Smith

Tenían razón. El Salvador se puso de pie y “reprendió al viento” y apaciguó las olas del mar diciéndoles “¡calla!, enmudece”. 

En ese momento de temor y necesidad para los apóstoles, el Salvador vino y calmó la tempestad, por lo que tendría sentido, entonces, que le diera a Su siervo, José, el poder para hacer lo mismo en un momento de necesidad.

“Se calma la tempestad”, por Ted Henninger

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Este acontecimiento tuvo lugar al mismo tiempo que se pronunció el sermón de King Follett, uno de los discursos más famosos de la historia de los Santos de los Últimos Días. El discurso fue dado el 7 de abril de 1844, a menos de tres meses de la muerte de José Smith.

La Iglesia afirmó lo siguiente en cuanto a ese discurso: 

“El 7 de abril de 1844, José Smith se puso de pie en su última conferencia general y pronunció el que muchos consideran que fue su mejor sermón. Su tema, la relación del hombre y Dios, transformó la comprensión de los miembros de la Iglesia restaurada.”

José sabía de las dificultades por las que habían pasado los Santos, pero también sabía que habrían más desafíos por delante.

José Smith en el discurso del 7 de abril de 1844.

En “Los Documentos de José Smith” se registra que “José Smith pretendía que este fuera un discurso significativo”, y evidentemente lo fue. Sin duda, les brindó consuelo y seguridad a los Santos durante los siguientes meses y años llenos de persecución, viajando por las llanuras y muchas otras dificultades.

Sabiendo lo importante que era este discurso, Dios hizo posible que Sus Santos lo escucharan, incluso con el clima lluvioso que lo acompañó.

Mark L. McConkie, profesor de la Escuela de Asuntos Públicos de la Universidad de Colorado en Colorado Springs, escribió un libro titulado “Recordando a José: Recuerdos Personales de Aquellos que Conocieron al Profeta José Smith”. 

Jose Smith

En él, compartió la experiencia de Mary C. Westover, una miembro de la Iglesia, quien estuvo presente cuando se dio el discurso de King Follett. Ella escribió de esta experiencia:

“Estaba en el servicio funerario de King Follet [Follett], que se llevó a cabo en la arboleda de Nauvoo.

Se produjo una fuerte tormenta eléctrica y, a medida que aumentaba, la gente comenzó a asustarse y a irse a casa; pero antes de que alguien se retirara, el Profeta se levantó y le dijo a la multitud que si se calmaban y oraban en sus corazones la tormenta no intervendría en nuestro servicio.

Ellos hicieron lo que se les mandó y la tormenta se dividió sobre la arboleda. Recordaré cómo llovía por toda la arboleda, pero había calma a nuestro alrededor, como si no hubiera señales de una tempestad tan cercana.

Mientras estaba allí sentada, pensé que el Señor estaba hablando a través de José. Mi testimonio de la veracidad del Evangelio ha crecido con el paso de mis años, y espero retenerlo hasta el final de mi vida e incluso hasta el fin del mundo.

Puedo testificar que he visto a José Smith y que él fue un verdadero Profeta de Dios y que el Evangelio que estableció es el mismo que el de Jesucristo.”

Este milagro ocurrió debido a la fe de la multitud. Cuando José explicó las condiciones que nuestro Padre Celestial tenía para garantizarles un buen clima, los Santos escucharon y actuaron con fe.

En un artículo de la Liahona de abril de 2013, “¿Dónde hallo el solaz?”, El Elder Paul V. Johnson explicó:

José Smith

“Cuando nos enfrentamos a los mares embravecidos y fuertes vientos, podemos sentirnos tentados a preguntar: ‘¿No tienes cuidado que [perezco]?’ (Marcos 4:38). Sabemos que el Salvador tiene poder para calmar nuestras tempestades, pero a veces Él también calma nuestras almas. Como dice el himno: ‘El siempre cerca está; me da Su mano.’”

El Señor, tal como lo demostró el Profeta José Smith y los Santos fieles, puede calmar cualquier tempestad cuando tenemos fe, las literales y, quizás las más importantes, las de nuestros corazones.

Este artículo fue escrito originalmente por Amy Keim y fue publicado originalmente por thirdhour.org bajo el título “Church History: Joseph Smith Calms a Storm