Han pasado 36 años desde la llegada de los primeros misioneros mormones a República Dominicana, muchos, incluso la opinión pública, se preguntarán cuál es el balance de las actividades de los mormones en la República Dominicana, cuáles son sus valores, creencias y aportes concretos a la sociedad dominicana.

La llegada a la República Dominicana

La Iglesia inició sus operaciones en nuestro país el 7 de diciembre de 1978 mediante una solemne y a la vez sencilla ceremonia religiosa oficiada por M. Russell Ballard, quien hoy es miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, la cual tuvo lugar en el Parque Mirador Sur de la ciudad capital. La primera familia dominicana que se unió a la Iglesia estableció contacto con mormones por primera vez en los Estados Unidos y luego se radicaron en el país.

La Iglesia de Jesucristo experimentó un rápido crecimiento durante sus primeros años, el cual se vio potenciado por la introducción de una campaña de medios popularizada entre 1984 y 1989, con alguna presencia durante los años 90’s, titulada “Homefront” con mensajes dirigidos a la familia sobre valores de aplicación general como: la paciencia, la honestidad, la unidad familiar, el matrimonio, el trabajo, entre otros.

En la última década, la Iglesia se ha afianzado con mayor presencia nacional en términos de feligresía e infraestructura con más de 126,000 miembros en todo el país diseminados en unas 205 unidades o dependencias locales en casi cada provincia. El primer y hasta ahora el único templo (diferente a las capillas o centros de reuniones) en todo el Caribe fue construido en Santo Domingo e inaugurado el 17 de septiembre del año 2000.

El templo brinda servicio a más de 250,000 mormones de toda la región. Para los miembros de la Iglesia, el templo es el lugar más sagrado que existe sobre la tierra. Hoy en día, la República Dominicana es el centro de las operaciones de la Iglesia para toda la región del Caribe y cuenta con una amplia variedad de programas para la familia, las parejas, la juventud, los jóvenes adultos y los niños, así como iniciativas diversas en áreas como la salud, la educación, la alimentación y el brindar respuesta ante situaciones de desastre, entre otros servicios humanitarios.

Una fe práctica

En fin, si pasamos balance a los aportes y la participación silente pero efectiva de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en la sociedad dominicana en las últimas tres décadas, encontraremos el legado de una institución que sin ánimos de recibir crédito y sin interés alguno más que el de alimentar al hambriento, vestir al desnudo y dar albergue al desterrado, nos muestra los frutos de la fe en la vida de las personas aún en nuestros días, los cuales se traducen en un beneficio colectivo y tangible que es el interés de todos.

Al final, más que nada, el legado espiritual implantado en el corazón de sus más de 15 millones de miembros en todo el mundo; la virtud cultivada en la mente de sus jóvenes a pesar de la decadencia moral del mundo en que vivimos; la esperanza que emana de niños nacidos en hogares dirigidos por un padre y una madre que se aman, honran y respetan sus votos matrimoniales; la estabilidad que brindan hogares fundamentados sobre los principios cristianos y los siempre válidos valores del trabajo, la honestidad y la responsabilidad individual, son parte de un legado más valioso que cualquier bien material.

Cuando una nación cuenta con ciudadanos prestos a hacer el bien, a cumplir sus deberes y a ser entes de aporte en todo el sentido de la palabra, no solo porque es lo mejor, sino porque lo consideran un deber hacia Dios, hacia sí mismos y hacia los demás, cuenta con la mejor vía de garantizar una sociedad democrática, moderna y sostenible. Eso es parte del aporte que, junto a muchas otras instituciones religiosas honorables que operan en el país, ha hecho durante estos 36 años La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Fuente: Sala de Prensa Mormona