La poligamia es uno de los temas de la historia de la Iglesia que todavía genera preguntas entre los Santos de los Últimos Días. Y, con el paso del tiempo, también han surgido muchos mitos alrededor de cómo se practicó y cómo la vivieron quienes participaron en ella.
Para entender mejor este tema, la historiadora Brittany Chapman Nash, del Departamento de Historia de la Iglesia y autora de “Let’s Talk About Polygamy” (“Hablemos sobre la poligamia”), analizó algunos de los conceptos más comunes sobre el matrimonio plural y los contrastó con los registros históricos y las fuentes oficiales de la Iglesia.
¿Los hombres querían la poligamia y las mujeres la rechazaban?

Una de las ideas más extendidas es que los hombres practicaban el matrimonio plural simplemente por deseo personal y que las mujeres se oponían a él. Los registros muestran una realidad mucho más compleja.
Un hombre no podía simplemente decidir casarse con otra mujer. El matrimonio plural requería autorización de las autoridades correspondientes y, en muchos casos, la aprobación del presidente de la Iglesia.
También era común que una posible esposa plural conversara con la primera esposa y buscara su apoyo.
Además, Nash encontró numerosos registros de hombres que no estaban entusiasmados con la idea de entrar en un matrimonio plural, debido a la responsabilidad económica y emocional que implicaba cuidar de varias esposas e hijos.
La experiencia de las mujeres tampoco fue uniforme. Algunas rechazaron la práctica durante toda su vida, mientras que otras la aceptaron voluntariamente e incluso participaron activamente en la decisión de establecer un matrimonio plural.
El ensayo oficial de la Iglesia sobre el matrimonio plural también muestra que las familias numerosas eran poco comunes. Dos tercios de los hombres que practicaron el matrimonio plural tuvieron solamente dos esposas a la vez, mientras que las familias extraordinariamente grandes fueron excepcionales.
¿Por qué algunos líderes tuvieron más esposas?

Los registros muestran que los líderes de la Iglesia tendieron a tener más esposas que otros miembros. Esto se relacionaba, entre otras cosas, con la expectativa que existía sobre algunos líderes de vivir plenamente el principio del matrimonio plural.
Brigham Young y Heber C. Kimball fueron los hombres que tuvieron más esposas. Brigham Young estuvo sellado a alrededor de 55 mujeres a lo largo de su vida, aunque no todas vivieron con él. El número de mujeres con las que convivió o tuvo hijos fue considerablemente menor.
Aun así, tener cinco esposas o más era poco común. Los casos más numerosos se concentraron especialmente entre algunos líderes prominentes.
Los registros también muestran que la comprensión sobre el sellamiento y las relaciones familiares eternas fue desarrollándose con el tiempo.
Algunas personas de aquella época tenían ideas sobre estos convenios que no necesariamente corresponden con la comprensión doctrinal de la Iglesia en la actualidad.
No todos los Santos pensaban igual

Otro punto importante es que no todos los Santos de los Últimos Días del siglo XIX entendían el matrimonio plural de la misma manera.
La práctica comenzó de manera privada en la década de 1830 y fue enseñada inicialmente a un grupo reducido de personas. En 1852 se anunció públicamente en Utah.
Durante ese período, las explicaciones y opiniones sobre el matrimonio plural podían variar entre comunidades y líderes locales. Esto dio lugar a interpretaciones personales que, en ocasiones, incluso podían contradecirse.
Con el tiempo, y especialmente después del Manifiesto de 1890, la enseñanza y la posición de la Iglesia sobre el tema se volvieron más claras y consistentes.
¿La poligamia es necesaria para alcanzar la exaltación?

Esta es probablemente una de las preguntas que más inquietud puede generar actualmente:
¿Una persona necesita haber practicado la poligamia para alcanzar la exaltación?
La respuesta es no.
El élder Marcus B. Nash, de los Setenta, explicó que las ordenanzas de sellamiento realizadas en matrimonios monógamos y los matrimonios plurales autorizados del pasado incluían las mismas bendiciones y convenios relacionados con la eternidad.
El élder Bruce R. McConkie también enseñó que el matrimonio plural no es esencial para la salvación ni para la exaltación.
La doctrina de la Iglesia sobre la exaltación está fundamentada en el matrimonio entre un hombre y una mujer.
El matrimonio plural fue una práctica autorizada durante un período específico de la historia de la Iglesia, pero no es un requisito para los Santos de los Últimos Días en la actualidad.
¿Las mujeres fueron obligadas?

La respuesta histórica tampoco es completamente sencilla.
Hubo mujeres que experimentaron presión social o familiar y algunas que sintieron que no tenían libertad real para decidir. También existen registros de hombres que sintieron una presión similar.
Pero hay abundante documentación de mujeres que afirmaron haber elegido voluntariamente el matrimonio plural porque consideraban que era un principio revelado de Dios.
Al mismo tiempo, algunas primeras esposas enfrentaron situaciones especialmente difíciles. En ciertos casos, la enseñanza conocida como la ley de Sara, registrada en Doctrina y Convenios 132, establecía principios relacionados con la decisión de una esposa respecto al matrimonio plural de su esposo.
Esto muestra que la experiencia podía ser complicada incluso para quienes aceptaban la práctica.
También existen registros que contradicen la idea de que los misioneros estuvieran enviando jóvenes a Utah específicamente para incorporarlas a matrimonios plurales.
Aunque algunos misioneros conocieron y posteriormente se casaron con mujeres durante sus misiones, no existe evidencia de que ese fuera el propósito del programa misional.
¿La mayoría en Utah practicaba la poligamia?

Tampoco.
Según el ensayo oficial de la Iglesia sobre el matrimonio plural y las familias polígamas en los primeros años de Utah, aproximadamente la mitad de la población del territorio pudo haber tenido alguna experiencia con una familia polígama alrededor de 1857, ya fuera como esposo, esposa o hijo.
Para 1870, la proporción había disminuido a aproximadamente entre 25% y 30% de la población, y continuó descendiendo durante las siguientes décadas.
Por eso, aunque el matrimonio plural tuvo una presencia importante en ciertas comunidades, nunca fue una práctica de toda la población de Utah.
¿Los matrimonios monógamos eran inusuales?

Nash también propone mirar el contexto histórico.
Durante el siglo XIX, las mujeres que vivían en matrimonios monógamos fuera de Utah enfrentaban importantes limitaciones legales y sociales. En muchos lugares tenían pocas posibilidades de controlar propiedades, obtener la custodia de sus hijos o tomar decisiones legales por sí mismas.
En Utah, algunas de estas condiciones fueron diferentes. Las mujeres podían tener propiedades a su nombre y contaban con leyes de divorcio relativamente favorables.
Además, Utah se convirtió en uno de los primeros territorios de Estados Unidos en otorgar el derecho al voto a las mujeres, en 1870.
Esto no significa que el matrimonio plural fuera una experiencia sencilla o ideal para todas las mujeres. El contexto histórico ayuda a comprender por qué las experiencias fueron tan diferentes entre una familia y otra.
Hubo familias felices y familias que sufrieron

Los registros históricos muestran algo que puede parecer obvio, pero que muchas veces se pierde cuando se habla del tema, no todas las familias vivieron el matrimonio plural de la misma manera.
Algunas mujeres describieron experiencias difíciles, especialmente cuando el esposo pasaba poco tiempo en casa o cuando los recursos económicos eran insuficientes.
En otras familias, las esposas desarrollaron relaciones de apoyo entre ellas. Algunas compartían responsabilidades, se ayudaban económicamente y cuidaban juntas a los hijos.
Cuando una esposa fallecía, también podía ocurrir que otra esposa ayudara a criar a sus hijos para que permanecieran dentro de la misma familia.
Una de las historias estudiadas por Nash es la de Martha Kragen Cox, quien escribió sobre las dificultades de su vida, pero también sobre el profundo cariño que desarrolló hacia otras mujeres que formaban parte de su familia.
Su experiencia demuestra por qué resulta difícil describir la historia del matrimonio plural con una sola frase. Hubo dolor, sacrificio, relaciones difíciles y también vínculos familiares que algunas personas consideraron profundamente valiosos.
¿La Iglesia podría volver a practicar la poligamia?

La Iglesia no enseña que el matrimonio plural vaya a regresar.
En 2018, el élder Quentin L. Cook, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó que la comprensión de los líderes de la Iglesia es que el propósito del matrimonio plural, tal como se practicó en el pasado, ya se cumplió.
Por lo tanto, que una persona pueda estar sellada a más de un cónyuge en determinadas circunstancias no significa que la Iglesia practique actualmente la poligamia.
Por ejemplo, un hombre cuyo cónyuge falleció puede volver a casarse y ser sellado a su nueva esposa. También existen procedimientos para que las mujeres fallecidas puedan ser selladas por representación a más de un hombre cuando corresponde.
Además, el Manual General enseña un principio importante: Dios no obligará a nadie a permanecer en una relación de sellamiento contra su voluntad. El Padre Celestial asegurará que cada persona reciba todas las bendiciones que sus deseos y decisiones permitan.
¿Qué podemos aprender al estudiar este tema?

Estudiar la historia del matrimonio plural no significa tener que justificar cada decisión tomada en el siglo XIX ni trasladar esas prácticas al presente.
Tampoco significa ignorar las experiencias difíciles que algunas personas vivieron.
Significa reconocer que la historia de la Iglesia está formada por personas reales, que vivieron circunstancias diferentes y tomaron decisiones dentro de un contexto que no es idéntico al nuestro.
Brittany Chapman Nash ha explicado que estudiar estos registros le permitió dejar atrás la vergüenza que alguna vez sintió al hablar del tema y reemplazarla por una comprensión más profunda de la historia.
Quizás esa sea una de las mejores razones para estudiar este período: conocer la historia con honestidad nos permite separar los hechos de los mitos y comprender mejor a las personas que vivieron antes que nosotros.
No necesitamos experimentar las mismas circunstancias para aprender de ellas. Y tampoco necesitamos tener todas las respuestas para seguir teniendo fe en Jesucristo.
Como resumió Nash al hablar de la investigación histórica, cuanto más comprendemos un tema, menos espacio queda para el temor basado en lo que no conocemos.
Fuente: maisfe.org
