A veces podemos terminar recordando a una persona únicamente por su peor error. Y cuando hablamos de los primeros días de la Restauración, Martin Harris suele quedar reducido a una sola historia sobre la pérdida de las 116 páginas del manuscrito del Libro de Mormón.

Sí, lo que ocurrió fue grave. Su decisión tuvo consecuencias importantes y José Smith quedó profundamente afectado por lo sucedido. Años después, Martin también atravesó conflictos, se alejó de la Iglesia y llegó a relacionarse con grupos opositores.

Pero esa no es toda su historia.

Antes, durante y después de esos momentos difíciles, Martin Harris hizo cosas que tuvieron un impacto enorme en la salida a la luz del Libro de Mormón. Arriesgó su dinero, su reputación, sus propiedades e incluso su seguridad para apoyar la obra de la Restauración.

Y hay algo todavía más llamativo: aunque en determinado momento se alejó de la Iglesia, nunca abandonó su testimonio del Libro de Mormón.

Un hombre dispuesto a arriesgarlo todo

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Martin Harris era un granjero respetado de Palmyra, Nueva York. Tenía recursos y una posición que podía perder, por lo que apoyar a José Smith no era precisamente la opción más conveniente.

José era un joven de poco más de 20 años que afirmaba estar traduciendo un antiguo registro por el poder de Dios. Para muchos de sus vecinos, aquello era difícil de creer. Martin, sin embargo, decidió ayudarlo.

Cuando José necesitó trasladarse a Harmony, Pensilvania, para continuar con la traducción en un lugar más privado, Martin le entregó 50 dólares para ayudarlo con el viaje y el trabajo de traducción. José inicialmente no quiso aceptar el dinero, pero Martin insistió.

Y aquello fue apenas el comienzo.

Cuando llegó el momento de imprimir el Libro de Mormón, el impresor Egbert B. Grandin calculó que serían necesarios 3.000 dólares para producir los primeros 5.000 ejemplares. Martin Harris hipotecó parte de su granja para respaldar el costo de la impresión.

Piénsalo: antes de que el Libro de Mormón llegara a miles de personas, antes de que fuera traducido a otros idiomas y antes de que millones de personas lo estudiaran, Martin Harris puso una parte importante de su patrimonio en riesgo para que el registro pudiera publicarse.

Martin Harris también salió a predicar

Arte: Martin Harris por Lewis A. Ramsey.

Su participación en la Restauración tampoco se limitó al dinero.

En 1832, Martin acompañó a su hermano Emer Harris en una misión por diferentes lugares de Nueva York y Pensilvania. Ambos predicaron el evangelio restaurado y enfrentaron oposición por hacerlo.

En una ocasión, Martin incluso fue encarcelado durante algunos días debido a su predicación.

Pero continuó adelante. Sus esfuerzos misionales ayudaron a llevar el evangelio a muchas personas y, entre los conversos de aquella época, estuvo una familia de apellido Oaks.

Ese apellido volvería a aparecer muchas generaciones después.

También tuvo una etapa de crisis

Martin Harris

La historia de Martin no fue perfecta.

En 1837, Kirtland atravesaba una época especialmente complicada. Había problemas económicos, desacuerdos internos y personas que comenzaron a cuestionar el liderazgo de José Smith.

Martin Harris también tuvo dificultades con el liderazgo de la Iglesia. Se relacionó con algunos disidentes, perdió su posición de liderazgo y finalmente fue excomulgado.

Este capítulo de su vida no debe ignorarse. Martin tomó decisiones que tuvieron consecuencias reales y pasó por un período de profunda distancia de la Iglesia.

Pero aquí aparece una parte de su historia que muchas veces queda fuera.

No negó su testimonio

Imagen: Shutterstock

Aunque Martin se apartó de la Iglesia, continuó defendiendo la veracidad del Libro de Mormón.

En 1838, mientras algunos disidentes intentaban desacreditar a José Smith y al Libro de Mormón, Martin habló en defensa del libro y expresó su convicción de que era verdadero.

Esto resulta especialmente significativo porque no estaba viviendo un momento de tranquilidad dentro de la Iglesia. Había sido excomulgado y existían fuertes conflictos a su alrededor.

Aun así, su testimonio sobre lo que había experimentado durante la salida a la luz del Libro de Mormón permaneció.

Años después ocurrió algo similar. En 1846, mientras se encontraba en Inglaterra y se relacionaba con otros movimientos religiosos, algunas personas esperaban que Martin hablara en contra de los Santos de los Últimos Días.

Pero cuando le preguntaron sobre el Libro de Mormón, volvió a testificar de lo que había visto y experimentado. Sostuvo que José Smith había sido llamado como profeta y que el Libro de Mormón era de Dios.

Su relación con los líderes de la Iglesia podía cambiar, pero su testimonio de las planchas y del ángel seguía siendo el mismo.

Una vida lejos de los Santos

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Con el paso de los años, Martin envejeció mientras permanecía en Kirtland, Ohio. La mayoría de los Santos ya se había trasladado hacia el oeste, pero él continuó viviendo lejos del centro de la Iglesia.

Durante décadas, quienes lo visitaron registraron que seguía hablando del Libro de Mormón, de las planchas y del ángel que había visto.

Finalmente, en 1870, Martin viajó a Utah. El 17 de septiembre de ese año fue rebautizado en la Casa de Investiduras de Salt Lake City por Edward Stevenson y confirmado por Orson Pratt, acompañado por otros líderes de la Iglesia.

Después de décadas marcadas por decisiones difíciles, conflictos y distancia, Martin Harris volvió a reunirse con los Santos en Utah.

Vivió cinco años más y murió en 1875. Hasta sus últimos años continuó afirmando que había visto las planchas, que había visto al ángel y que el Libro de Mormón era verdadero.

Martin Harris fue mucho más que un error suyo

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Es fácil recordar a Martin Harris por las 116 páginas perdidas. Y sí, ese episodio forma parte de su historia.

Pero un error no debería convertirse en toda la identidad de una persona.

Martin tuvo debilidades, tomó malas decisiones, atravesó conflictos y se alejó de la Iglesia. Pero también financió la publicación del Libro de Mormón, predicó el evangelio, enfrentó oposición y defendió su testimonio incluso durante los años en que estuvo separado de la Iglesia.

Su historia también deja una enseñanza interesante sobre el arrepentimiento. El arrepentimiento no elimina automáticamente las consecuencias de nuestras decisiones, pero sí puede cambiar el rumbo de nuestra vida.

La historia de Martin Harris no es la de un hombre perfecto. Es la de una persona que se equivocó, atravesó momentos de crisis y, aun así, conservó aquello que consideraba verdadero.

Dios no trabaja únicamente con personas que nunca se equivocan. También trabaja con personas que aprenden, cambian y vuelven a Él.

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