Una llamada telefónica a un número equivocado en realidad resultó ser exactamente lo que una familia inactiva necesitaba oír para traerlos de vuelta a la Iglesia.

Experiencia Misional

Mi esposa y yo nos habíamos alejado del Evangelio de Jesucristo y de la Iglesia al comienzo de nuestra vida adulta. Una tarde, los misioneros de tiempo completo pasaron por nuestra casa para asegurarse de que sabíamos que un nuevo barrio se había formado en nuestra área, más cerca a nuestra casa. Nos invitaron a asistir a la iglesia el domingo.

Al reflexionar en mi vida me di cuenta de que muchos de los problemas que había experimentado podrían haberse evitado si hubiera permanecido fiel a mis convenios. Necesitaba al Salvador y a la Iglesia y empezar a cambiar mi vida. Compartí con mi esposa que sentía fuertemente que necesitábamos volver a la iglesia, pero ella no estaba lista. Acepté su respuesta porque no quería una pelea.

Los misioneros continuaron pasando con regularidad por nuestra casa e invitándonos a la iglesia. Aunque mi mujer se resistía, yo oraba en silencio, pidiendo al Padre Celestial por su ayuda. Poco tiempo después, un sábado por la tarde, sonó el teléfono y dijo una voz desconocida, “Hermano Flores, al obispado le gustaría que ofrezca la primera oración en la reunión sacramental mañana y le gustaría invitar a su esposa a que ofreciera la última oración”.

Felizmente él no podía ver la expresión de asombro en mi cara a través del teléfono. Mi corazón comenzó a bombear con sentimientos de miedo y alegría todo hecho puré dentro de mí, y respondí: “Por supuesto, nos encantaría”. Inmediatamente llamé a mi esposa, quien estaba en la casa de su amiga, y le conté sobre la petición del obispado. Su respuesta inicial fue: “¡Oh, no!” Pero cuando le aseguré que yo estaba tan sorprendido como ella lo estaba, ella accedió a hacerla.

Al entrar a la iglesia con nuestros nietos, los misioneros nos recibieron y se quedaron boquiabiertos por la sorpresa, pero rápidamente sonrieron y nos dieron exuberantes saludos. El hermano Jones, el consejero del obispado condujo la reunión y anunció: “La invocación será dada por el hermano Flores”. Me puse de pie lentamente y me acerqué al podio y, mientras me acercaba, me preguntaba por qué el hermano Jones, Obispo Ka’awa y el hermano Ho se miraron con asombro. Ofrecí mi humilde invocación y me senté. Al término de la reunión mi esposa dio una dulce y simple oración.

Después más tarde, supimos que los miembros del obispado habían querido llamar a otro hermano y hermana Flores, que vivían en este nuevo barrio para que ofrecieran las oraciones. A todos nos dio risa el “error”. Varios miembros que habíamos conocido durante muchos años vinieron a visitarnos en nuestra casa esa semana y nos dieron la bienvenida. Pronto empezamos a cosechar las bendiciones del Evangelio en nuestras vidas, y por siempre estaré agradecido de que la llamada equivocada fue la correcta.

 

—Anthony Flores, Kapolei, Hawaii, compartido con Marilyn Murdock, Las Vegas, Nevada.

 

Contribución de Marilyn Murdock para Church News. Traducido al español por David Tamas.