El servir una misión de tiempo completo para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es un hito en la vida un o una joven. Por 18 o 24 meses la persona solo se ha dedicado a compartir sus creencias con la gente, ha dedicado las 24 horas del día, 7 días a la semana a hablar y pensar solo sobre el evangelio de Jesucristo  y conversarlo con todo aquel que se le cruza.  misionero retornado

Mi experiencia al regresar de la misión

Recuerdo mi propio tiempo como misionero, habían ocaciones en la que pensaba que la misión duraría para siempre.

Sin embargo, el tiempo pasa y el relevo es inevitable. El acostumbrarse a la vida luego de haber sido un representante de Jesucristo puede ser aún más difícil que la preparación para salir a una misión.

Personalmente no se me hizo difícil ir a servir, muchos me decían que me cuidara, que habrían tentaciones para no ir, pero nada de eso sucedió. La verdadera prueba vino al regresar y querer habituarme con mi vida “normal.”

Considero que los familiares, amigos y líderes eclesiásticos cumplen un rol importante en el tiempo inmediato luego de retornar de una misión.

Mi accidentado regreso como misionero retornado

Cuando regresé de mi misión recuerdo que mi barrio había sido unificado con otro barrio, no conocía a nadie en esa unidad. El día de mi relevo tuve que esperar más de dos horas a mi presidente de Estaca, luego su secretario llegó y nos dijo que él no vendría porque estaba de vacaciones, tuvieron que llamar a su consejero para que pueda entrevistarme y quitarme la placa, de todas formas guardo un buen recuerdo de aquella entrevista de relevo.

Mi obispo no me conocía mucho y se sorprendió al verme el domingo junto a mis padres, tuve que aclararle que mi relevo había sido honorable y que todo estaba bien.

Mis amigos más cercanos habían decido alejarse de la iglesia y no estaban muy entusiasmados en escuchar mis historias y experiencias misionales.

Recuerdo estar abrumado por todas las cosas que quería hacer, retomar mis estudios, buscar a una chica que se arriesgue a estar conmigo y seguir con las expectativas y metas que había compartido con mi presidente de misión.

Mi inexperiencia y falta de fe me hicieron dudar en algunas ocaciones si realmente había sido una buena decisión haber salido a una misión, todo parecía tan confuso en ese tiempo.

Yo lo había dado todo en la misión, seguí el consejo del Presidente Hinckley y me había olvidado de mí mismo, sin embargo al regresar sentía que Dios se había olvidado de mí.

Muchos misioneros retornados consideran que su tiempo después de la misión será un tiempo perfecto de aprendizaje y que el conocimiento que tienen sobre el evangelio crecerá sin tomar en cuenta que el aprendizaje y el conocimiento no son nada sin acciones que reflejen su verdadera madurez espiritual.

Viendo mi vida me doy cuenta que el Señor necesitaba mostrarme que dependo de él y que soy  un mendigo que no podría seguir su vida sin la misericordia que solo tiene el Señor.

La familia tiene un rol muy muy muy importante

Me sentía solo en la iglesia, me sentía solo con mis propios amigos porque ya no compartía con ellos lo que antes nos unía tanto; nuestra fe. Sentía que estaba muy atrasado en mis estudios y con la competitividad de estos tiempos estaba perdido en el ámbito profesional.

Si no hubiera sido por mi familia, no se donde estaría. Ellos fueron un gran soporte. Nunca me criticaron, ni me presionaron a que actué o haga cosas que ellos creían que sería lo mejor para mi. Me dieron mi espacio, no trataron de resolver mis problemas, dejaron que yo mismo buscara soluciones. Sentía que ellos actuaban como los padres que están enseñándole a sus pequeños a caminar por primera vez y están detrás para sostenerlos si es que caen.

El Señor es en realidad lo más importante

Aveces pienso que mi regreso de la misión fue la prueba que Dios tenía preparado para mi, para ver si realmente había aprendido algo en mi tiempo como misionero. Mi tiempo en el campo fue el mejor, me lleve bien con todos mis compañeros, tuve experiencias que guardo y recuerdo siempre, aprendí mucho pero fue mi tiempo luego de haber servido el que me enseño más.

Aveces converso con amigos retornados que sus familias no son miembros de la iglesia, les pregunto como fue su tiempo al regresar, no podría imaginarme el tiempo luego de servir sin la ayuda de mi familia. La respuesta es casi siempre la misma; El señor ha sido mi mayor soporte, sin él no lo hubiera podido hacer.

Creo que la familia, amigos y seres queridos de aquellos que han regresado hace poco de la misión deben entender que el misionero ha cambiado, su visión no es la misma. Pero en el fondo es el mismo joven que necesita ahora más que nunca a su salvador para afrontar los nuevos retos de la vida.

El regresar a casa es un reto emocionante

Creo que el Señor tiene experiencias preparadas para cada uno de nosotros en el debido tiempo debido. Conozco muchos amigos que el regresar de la misión supuso la respuesta a todas sus oraciones, consiguieron el trabajo soñado, conocieron a la chica de sus sueños y se casaron al poco tiempo. Sea cuales fueran nuestras experiencias al regresar a casa, estoy seguro de algo. El regresar de la misión será un tiempo emocionante, nos vaya bien o no tan bien, aprenderemos y todo eso nos servirá de experiencia ( DyC 122;7)

El señor ha sabido retribuirme con creces los tiempos difíciles, ese dicho de que el Señor dará hasta que sobreabunde es cierto, poco a poco fui acostumbrandome a la nueva vida después de la misión, poco a poco el Señor ha ido abriendo sus puertas de bendiciones hasta que me pregunte si realmente merezco tanto.

Sigo el camino de la vida con animo de que habrán tiempos difíciles pero que el Señor nunca dará pruebas sin primero prepararnos para afrontar retos aun cuando ni nosotros mismos sepamos que lo estamos.

La vida continua, los retos son más grandes pero la confianza en lo más grande del universo es lo que me hace ver el mundo y mi camino con optimismo, con confianza en que con Cristo todo lo puedo.

Mi recomendación

Regresar de la misión puede ser un tiempo abrumador, feliz, nostálgico y difícil pero mi recomendación a los que estén pasando por este tiempo, familiares y amigos es que no olviden que el Señor cumple sus promesas, y Él ha prometido gran gozo a aquellos que traigan si quiera un alma de regreso. Ese gozo llegará pero en el tiempo en que el Señor considere oportuno. No creo que la misión suponga los dos mejores años de la vida, yo creo que los años después de la misión son los mejores de la vida.

Por tanto, persevera en tu camino…Tus días son conocidos y tus años no serán acortados; no temas, pues, lo que pueda hacer el hombre, porque Dios estará contigo para siempre jamás. DyC 122:9