Se escuchó el sonido de un papel rasgado, un ritmo de tambor bien sincronizado y luego una pausa.

Fue una apertura clásica de un llamamiento de un misionero, con la familia y los amigos esperando ansiosamente la respuesta a la pregunta: ¿dónde te tocó servir?

De pie detrás de una cámara, Dawn Armstrong puso en palabras lo que la mayoría de las madres mormonas sienten en este momento: “Mi corazón está palpitando fuera de mi pecho como si estuviera luchando”.

Después de un momento, su hijo Andrew termina de rasgar el sobre grande y blanco y empieza a leer el papel que le dirá dónde pasará los próximos dos años.

“Querido Élder Armstrong, por la presente se le llama a servir como misionero para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”, él dice. “Usted ha sido asignado a servir en la Misión del Sur de Washington DC”.

Casi ahogando la voz de Andrew, todos sus familiares y amigos inmediatamente gritan de emoción.

Posted by Dawn Armstrong on Thursday, April 27, 2017

Fue claramente un momento especial para todos los involucrados, pero como Dawn señaló en un blog reciente, no siempre es así.

Dawn escribe que los misioneros no siempre reciben respuestas positivas de familiares y amigos cuando descubren que están sirviendo dentro de sus países.

En su blog, Dawn compartió la historia de la hija de su amiga cuando fue llamada a servir en Carolina del Norte.

Después de abrir su llamamiento frente a familiares y amigos, esta misionera comenzó a llorar lágrimas de alegría, pero algunos de los comentarios que recibió después no fueron exactamente felicitaciones. Dawn escribe que después de abrir la carta, algunos preguntaron si esta misionera estaba decepcionada de su llamamiento o si ella seguiría sirviendo ya que no le tocó servir en otro país.

“Al final de la noche, algo que había sido un momento muy alegre y sagrado para ella al principio, se convirtió en una sesión de tres horas de llanto, donde su almohada estaba empapada en lágrimas”, Dawn escribe. “No eran lágrimas de su propia decepción, sino la decepción de otros. Los demás hicieron que ella sienta que su ofrenda al Señor simplemente no estaba a la altura. Tardó un poco de tiempo para que ella sacara esas palabras de su mente y se centrara en sus propios sentimientos de nuevo”.

Cuando era joven, escuchaba mucho sobre las misiones “difíciles” y las misiones “fáciles”. Las misiones “fáciles” estaban dentro del país o en países con muchas comodidades modernas; las misiones “difíciles” estaban en países del tercer mundo. Comencé a pensar de esta manera hasta que le hice un comentario a mi maestro de instituto, le dije que su hijo debe estar disfrutando de su “misión fácil” en Melania, Italia.

Con toda seriedad, me miró a los ojos y dijo que no era fácil. Ninguna misión es “fácil”. Su comentario fue abrupto, pero cambió la forma en que veía los llamamientos de los misioneros.

Poco después, me di cuenta de que tenía mucha ansiedad antes de que mi hermana recibiera su llamamiento. Me preocupaba que si la llamaban para servir dentro del país, algunos pensaría que no era “una verdadera misión”, como escribe Dawn en su blog, tenía temor de que alguien hiciera algún tipo de comentario que ofendiera a mi hermana. No debí haberme sentido así, pero lo hice. Cuando mi hermana leyó su llamamiento, todo el mundo estaba emocionado por ella. No hubo comentarios de “misión difícil” o “misión fácil”.

Y fue asombroso ver que la mentalidad de “misión difícil”, “misión fácil” tampoco se encontraba presente cuando Andrew abrió su llamamiento.

El Señor llama a los misioneros donde Él siente que tienen que ir, ¿no sería eso suficiente?

Como Dawn escribe en su blog, “Les digo esto a los misioneros: ¡ESTÉN ORGULLOSOS! Su contribución es irremplazable. La obra es muy sagrada y no importa a donde vayas. Ustedes tendrán una experiencia diferente. Será diferente a cómo creciste, a lo que has sido testigo, etc. Dios va a usar tu buen corazón para su obra sagrada. Te has esforzado para estar aquí, y estoy tan orgulloso de ti. Anuncia tu llamada con orgullo. Te lo has ganado.

 

 

 

 

 

Este artículo fue escrito originalmente por Katie Lambert y fue publicado en ldsliving.com con el título “There are not “easy missions” and why we need to stop saying there are”. Español ©2017 LDS Living, A Division of Deseret Book Company | English ©2017 LDS Living, A Division of Deseret Book Company