“Honraré la Navidad en mi corazón y trataré de conservar su espíritu durante todo el año. Viviré en el pasado, el presente y el futuro; el espíritu de los tres permanecerá en mi interior y no desecharé las lecciones que tienen para mí”.

“Canción de Navidad, declara Ebenezer Scrooge”.

Nunca hubo una época de Navidad tan llena de regalos. Aún recuerdo vívidamente, que la bolsa para guardar todos los regalos, estaba completamente llena. Mis hermanas y yo, habíamos llenado 3 bolsas negras para guardar cada uno de nuestros regalos, eran sin duda regalos preciosos. Habíamos esperado con ansias, los regalos que nos había traído Santa, al día siguiente, el árbol de Navidad, estaba lleno de cajas forradas de un papel rojo lustrado, con moños. Colores brillantes y lustrados adornaban las cajas alrededor del árbol de Navidad. Fueron momentos preciados.

Pero nunca, había visualizado la Navidad con tales escenas en las cuales, quedaran en mi mente y en mi corazón para siempre. El espíritu de la Navidad, sin duda alguna, estaba ahí. Aquel día lluvioso, nunca había estado más iluminado, con la luz resplandeciente en aquellos rostros, y manos consagradas al servicio. Aquel día, realmente, aprendí, lo que eran los verdaderos regalos de la Navidad, aquellos que no provienen en cajas forradas lustrosas, ni brillosas, ni con moños grandes, eran realmente regalos. Hace aproximadamente 1 año, era diciembre del 2014, un día lluvioso y frio. Las misioneras de mi barrio, nos invitaron a una actividad llamada: “Él es la Dadiva”, una actividad llena de miembros y misioneros de tiempo completo. En aquel día, había una mesa con pantallas, pasando el video: “Él es la Dadiva” y las personas que pasaban se sentaban al observar el video, y así mismo, compartíamos el verdadero significado de la Navidad.

Una hermana había preparado chocolate caliente para repartir, y tiempo después, un gran grupo de personas se formó alrededor, observando el video. Nuestros rostros resplandecían de felicidad, los misioneros boleaban los zapatos desgastados de las personas, repartíamos chocolate a las personas que pasaban, y al mismo tiempo, hubo personas que descubrieron, el verdadero significado de la Navidad. Aquel día aprendí, que el que da dinero da mucho, el que da tiempo da más, pero que él da de sí mismo, lo da todo. En esta época sagrada, en la cual, recordamos el Nacimiento de Jesucristo, recordemos las dádivas sagradas que nos otorgó al nacer. Él nos brindó la Esperanza, y la luz. Gracias a que el vino, podemos tener comienzos eternos.

El verdadero significado de la Navidad, se centra en Jesucristo. Los verdaderos regalos, son aquellos que con el paso del tiempo, no se dañan, no se manchan o se desvanecen, aquellos regalos, tales como la paz y esperanza, que seamos aquellas personas que levantemos a los quebrantados, y socorramos al pobre y  menesteroso. Brindemos la paz, de aquel que nos la otorgo, y compartamos aquel Regalo invaluable, eterno y leal, aquel regalo que brindará la felicidad verdadera, que es: Jesucristo, Nuestro Salvador.