Más de 2,800 misioneros se reunieron el martes 22 de septiembre en el Centro de Capacitación Misional (CCM) de Provo, Utah, para escuchar al élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, quien les dejó la invitación a sumergirse en las Escrituras hasta encontrarse a sí mismos y al Salvador en sus páginas.
Durante el devocional semanal, transmitido también a los Centros de Capacitación Misional de todo el mundo, el élder Andersen enseñó que las Escrituras pueden adquirir un significado profundamente personal cuando los lectores comienzan a preguntarse cómo esas experiencias se relacionan con su propia vida y con las personas a quienes sirven.
“¿Te ves reflejado en esa experiencia?”, preguntó al hablar sobre el llamado de Jesucristo a Pedro y Andrés.
“Estas escrituras se aplican a ti, y al ponerte en práctica, cobrarán vida para ti de una manera espiritual que no has experimentado hasta ahora”, enseñó.
“Dejaron sus redes” para seguir al Salvador

El élder Andersen comenzó recurriendo a un conocido relato del Nuevo Testamento.
En Mateo 4:19-20, Jesucristo encuentra a Simón Pedro y Andrés mientras pescaban en el mar de Galilea y los invita a seguirlo. Los dos hombres dejan inmediatamente sus redes y comienzan su camino como discípulos del Salvador.
Para el élder Andersen, esa escena no pertenece únicamente al pasado. Pidió a los misioneros pensar en su propia decisión de dejar atrás aquello que conocían para servir al Señor. La pregunta, explicó, es si cada misionero puede verse reflejado en Pedro y Andrés.
El élder Henry Rose, de Morgan, Utah, quien servirá en la Misión Mongolia Ulán Bator Este, dijo después del devocional que esta parte del mensaje lo conmovió especialmente.
“Me impactó mucho: aquí estoy, he soltado mis redes y tengo la oportunidad de servir a mi Señor y sentir la alegría que conlleva llevar el evangelio a otros”, comentó.
Para Rose, esas “redes” representaban cosas que amaba y que había dejado temporalmente para cumplir su llamamiento misional.
Memorizar las Escrituras para tenerlas cuando más se necesiten

Otra de las invitaciones del élder Andersen fue que los misioneros busquen determinados pasajes que tengan un significado especial para ellos y los memoricen.
“Estas escrituras que memorices por tu cuenta, por tu propia voluntad, sin ninguna coacción, vendrán a ti justo cuando las necesites, y vendrán con poder”, enseñó. “Y permanecerán contigo toda la vida”.
La hermana Kathy Andersen, esposa del élder Andersen, compartió su propia experiencia con esta práctica.
Después de escuchar en varias ocasiones a su esposo hablar sobre la importancia de memorizar las Escrituras, ella decidió comenzar a hacerlo también. Durante el devocional, recitó de memoria varios pasajes del Nuevo Testamento relacionados con las enseñanzas y palabras de Jesucristo.
Entre ellos estuvieron la invitación del Salvador: “Venid, seguidme”; las Bienaventuranzas; el Padrenuestro; Su oración en Getsemaní, “No se haga mi voluntad, sino la tuya”; y Su declaración: “Yo soy la resurrección y la vida”.
Después de recitar estos pasajes, la hermana Andersen expresó su testimonio:
“Lo amo. Lo adoro. Él es nuestro Salvador y Redentor”.
El Libro de Mormón como un libro de conversión

El élder Andersen también dirigió la atención de los misioneros al Libro de Mormón. Los invitó a estudiarlo profundamente y a utilizarlo como una herramienta para fortalecer su propio testimonio de Jesucristo antes de compartirlo con otras personas.
“Nada habla tan claramente de Cristo, y nada habla de Su Expiación con tanta fuerza”, afirmó.
Desde Nefi hasta Moroni, señaló, los profetas del Libro de Mormón testifican de Jesucristo. Por eso, estudiarlo no solamente puede fortalecer la fe de quienes reciben las enseñanzas de los misioneros, sino también la de los propios misioneros.
“Es un libro de conversión”, enseñó. “Al compartirlo con aquellos a quienes enseñas, verás cómo sus espíritus se revitalizan con su veracidad”.
La invitación, entonces, no fue simplemente a conocer mejor un libro que los misioneros enseñan. Fue a permitir que ese libro también los transforme a ellos.
Siete parábolas para entender mejor la obra misional

Durante el devocional, el élder Andersen llevó a los misioneros por siete parábolas de Jesucristo y explicó cómo podían aplicarse a su servicio.
Entre ellas estuvieron la parábola del sembrador, la de los talentos, la del hijo pródigo, la oveja perdida, el buen samaritano, las ovejas y las cabras y las diez vírgenes.
Su método fue sencillo: tomar una historia de las Escrituras, detenerse en ella y preguntarse qué puede enseñar sobre la vida misional.
“Tomas un capítulo, una historia o unos versículos, y dejas que calen hondo en tu espíritu”, explicó. “Piensas en ellos, reflexionas sobre ellos, oras sobre ellos y te preguntas: ‘¿Cómo se aplica esto a mí? ¿Cómo se aplica esto a aquellos a quienes enseño?’ Y mientras haces eso, te vendrán ideas a la mente”.
El sembrador: ustedes están sembrando

Al hablar de la parábola del sembrador, el élder Andersen comparó a los misioneros con quienes constantemente siembran semillas. No pueden controlar en qué tipo de terreno caerá cada semilla, explicó.
“No pueden decidir si caen en terreno pedregoso o en tierra fértil”, dijo.
Lo que sí pueden hacer es continuar hablando de Jesucristo.
La enseñanza puede ser especialmente significativa para los misioneros que quizá no vean inmediatamente los resultados de su trabajo. Una persona puede escuchar un mensaje y no responder en ese momento, mientras que otra puede recibirlo y comenzar un proceso de cambio que se prolongará durante años.
El papel del misionero, según la comparación del élder Andersen, es seguir sembrando.
“Siempre están hablando de Cristo”, afirmó.
Los talentos: no se comparen con otros

Al hablar de la parábola de los talentos, el élder Andersen aconsejó a los misioneros no compararse entre sí. Cada uno tiene diferentes capacidades, experiencias y formas de servir.
“Sean ustedes mismos”, les dijo, señalando que los talentos pueden desarrollarse durante la misión y continuar creciendo después de ella.
La enseñanza puede ser especialmente relevante para jóvenes que sirven junto a compañeros con habilidades diferentes a las propias. En lugar de medir su servicio según las capacidades de otra persona, la invitación fue a desarrollar aquello que cada uno ha recibido.
La oveja perdida y el hijo pródigo: cada persona importa

El élder Andersen también agrupó las parábolas del hijo pródigo y de la oveja perdida para enseñar a los misioneros una verdad sobre las personas que encontrarán durante su servicio.
Cada persona tiene un valor incomparable para el Padre Celestial.
“Ya sea rica o pobre, famosa o totalmente desconocida”, cada persona merece ser vista con amor y dignidad, expresó el élder Andersen.
La hermana Lucy Rhodehouse, de Pocatello, Idaho, quien se prepara para servir en la Misión Eugene, Oregón, dijo que esa enseñanza fue una de las que más la impactó.
“Voy a conocer a mucha gente, y necesito recordar que Él ama a cada uno de ellos personalmente y los conoce personalmente. Necesito transmitirles ese amor cuando les enseñe”, explicó.
“No teman llorar con los que sufren”

Las parábolas del buen samaritano y de las ovejas y las cabras llevaron el mensaje hacia otro aspecto de la obra misional: la compasión.
El élder Andersen invitó a los misioneros a cultivar la capacidad de preocuparse no solamente por las personas a las que enseñan, sino también por sus propios compañeros y líderes.
“No teman llorar con los que sufren”, dijo.
De esta manera, el servicio misional no fue presentado únicamente como una tarea de enseñar principios religiosos, sino también como una oportunidad para aprender a mirar a otras personas con mayor sensibilidad.
La compasión, según la enseñanza compartida durante el devocional, también forma parte del discipulado de Jesucristo.
Los misioneros sintieron que el mensaje también era para ellos

Después del devocional, varios misioneros compartieron lo que habían sentido mientras escuchaban al élder Andersen. El élder Camden Hull, de Provo, Utah, quien se dirige a la Misión Abidjan Sur de Costa de Marfil, describió el mensaje como una experiencia profundamente alentadora.
“Siento como si me hubieran quitado un gran peso de encima”, dijo. “Fue una hermosa confirmación de que estoy haciendo lo correcto”.
La hermana Kenyon Dewitt, de Snowflake, Arizona, quien se dirige a la Misión de San Luis, Misuri, también relacionó el mensaje con una experiencia que ya estaba viviendo en el CCM.
Dijo que el devocional le ayudó a reconocer cómo las Escrituras estaban comenzando a cobrar vida mientras dedicaba más tiempo a estudiarlas y profundizar en ellas.
“Aquí es mucho más fácil estudiar durante largos periodos de tiempo y profundizar en las escrituras que en casa”, comentó.
Sus palabras reflejan precisamente una de las ideas centrales del mensaje del élder Andersen: que las Escrituras pueden cambiar de significado cuando una persona deja de leerlas solamente para obtener información y comienza a buscar en ellas respuestas para su propia vida.
“Jesús es el Cristo”

Al finalizar el devocional, el élder Andersen centró nuevamente la atención de los misioneros en Jesucristo. Después de hablar sobre parábolas, memorización, el Libro de Mormón y las experiencias de los primeros discípulos, su mensaje terminó donde, según sus enseñanzas, deben terminar las Escrituras: en el Salvador.
“Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Él vive”, testificó. “Él es el ser central de toda la historia de la humanidad, y tal como lo prometió, volverá”.
Más de 2,800 misioneros escucharon ese testimonio en el CCM de Provo, mientras otros lo hicieron desde Centros de Capacitación Misional alrededor del mundo.
El mensaje del élder Andersen dejó así una invitación que no parece limitarse a los misioneros: leer las Escrituras de tal manera que dejen de ser solamente historias que ocurrieron a otras personas y se conviertan en enseñanzas que hablan directamente a nuestra propia vida.
Porque, como enseñó el Apóstol, cuando una persona se ve reflejada en las Escrituras, las medita, ora sobre ellas y busca su aplicación personal, esas palabras pueden llegar a “cobrar vida” de una manera que transforme su relación con Jesucristo.
Fuente: Church News
