El presidente Dallin H. Oaks dedicó el domingo 16 de agosto de 2026 el Templo de Belo Horizonte, Brasil, en una ceremonia que puso el enfoque en Jesucristo, los convenios y el propósito de los templos.
Con esta dedicación, el templo se convirtió en la duodécima casa del Señor en funcionamiento en Brasil y la número 220 de la Iglesia en todo el mundo. También marcó un momento especial para el presidente Oaks: fue su primer viaje internacional como Presidente de la Iglesia y su primera dedicación de un templo fuera de Estados Unidos.
«Nuestro servicio en los templos está centrado en Jesucristo»

Durante sus palabras antes de la oración dedicatoria, el presidente Oaks explicó que, más allá de las cifras y del crecimiento de la Iglesia, lo verdaderamente importante es recordar para qué existen las casas del Señor.
«Nuestro servicio en los templos se centra en Jesucristo. Todo lo que se aprende y se hace aquí se relaciona con Él. Aquí, en esta casa, tomamos sobre nosotros el nombre de Jesucristo, en referencia a Su autoridad y Su obra. Todos los que vienen aquí participan de Su obra salvadora y reciben Sus bendiciones».
El presidente Oaks también recordó que los templos son esenciales dentro del plan de Dios para Sus hijos. En ellos, los Santos de los Últimos Días hacen convenios y participan en ordenanzas sagradas que buscan acercarlos al Salvador y fortalecer sus familias.

El presidente Oaks había explicado que «los templos son necesarios como la culminación del evangelio de Jesucristo para todos nuestros miembros» y que, cuando la Iglesia crece en una región, comienza a planificarse un templo para atender las necesidades espirituales de sus miembros.
La dedicación del Templo de Belo Horizonte adquiere así un significado que va más allá de la construcción de un nuevo edificio.
Para los miembros de la Iglesia en Minas Gerais, representa tener una casa del Señor mucho más cerca y, con ello, mayores oportunidades de participar regularmente en la adoración en el templo.
Un templo que acerca a las familias al Salvador

Durante décadas, muchos Santos de los Últimos Días de la región tuvieron que realizar viajes de varias horas para asistir al templo. Para algunas familias, el trayecto podía tomar alrededor de nueve horas.
Pero con esta dedicación, el recorrido se ha reducido aproximadamente a una hora. La reacción de los santos refleja el entusiasmo que ha generado el nuevo templo.
Julio Prado, un Santo de los Últimos Días, explicó que, a pesar de las dificultades que implicaba viajar anteriormente, cada visita al templo había fortalecido su relación con Jesucristo:
«Asistir al templo, por difícil que fuera, siempre me acercó más al Salvador», expresó Julio.
La hermana Kristen M. Oaks, por su parte, también describió el templo de una manera profundamente significativa:
«Una conexión entre el cielo y la tierra».
Para ella, el templo es un lugar donde las familias pueden unirse, incluso más allá de la muerte, mediante la obra que se realiza por los antepasados fallecidos.
Un templo que refleja la cultura de Brasil

El Templo de Belo Horizonte no solo representa el crecimiento de la Iglesia en Brasil; su diseño también incorpora elementos relacionados con la cultura y arquitectura de la región.
El edificio tiene 2,665 metros cuadrados y se encuentra sobre un terreno de aproximadamente 2,44 hectáreas. Su torre central alcanza 19 metros de altura. El exterior está revestido con granito brasileño Branco Ceará, mientras que diferentes elementos decorativos están inspirados en los tradicionales azulejos portugueses presentes en Minas Gerais.
Los vitrales incorporan tonos blancos, amarillos y diferentes tonalidades de azul, mientras que los diseños interiores utilizan motivos geométricos y florales inspirados igualmente en los azulejos portugueses.
De esta manera, la nueva casa del Señor se integra visualmente con la identidad cultural de la región.
«Una época gloriosa de edificación de templos»

El Templo de Belo Horizonte llega en medio de un gran crecimiento de la Iglesia en Brasil. El país cuenta con más de 1,5 millones de miembros y, además de los 12 templos actualmente dedicados, existen otros 12 en distintas etapas de planificación y construcción.
El presidente Oaks expresó su gratitud por este crecimiento:
«Nos regocijamos en este crecimiento y madurez de la Iglesia restaurada en esta gran nación».
La historia de los Santos de los Últimos Días en Brasil comenzó hace casi un siglo. Los misioneros comenzaron a predicar en el sur del país en 1928 y, para cuando se dedicó el Templo de São Paulo en 1978, la Iglesia ya contaba con unos 54,000 miembros en Brasil.
Hoy, el país continúa viendo cómo los templos se acercan cada vez más a sus comunidades. Para el presidente Oaks, ese crecimiento debe llevar consigo algo más importante que simplemente aumentar el número de edificios o miembros: debe fortalecer la fe en Jesucristo.
Durante su discurso también recordó una enseñanza del presidente Russell M. Nelson:
«El templo es fundamental para fortalecer nuestra fe y nuestra fortaleza espiritual, porque el Salvador y Su doctrina son el corazón mismo del templo. Todo lo que se enseña en el templo, mediante la instrucción y el Espíritu, aumenta nuestra comprensión de Jesucristo».

Y ese fue, precisamente, uno de los mensajes centrales de la dedicación en Belo Horizonte: el templo no es el fin, sino un medio para acercarnos más al Salvador.
La ceremonia también incluyó una oración dedicatoria en la que el presidente Oaks pidió bendiciones para los miembros, los misioneros y los habitantes de Brasil y de las naciones vecinas. Además, oró por los líderes del país, para que pudieran gobernar con rectitud y eficacia.
La dedicación del Templo de Belo Horizonte representa así una nueva etapa para miles de Santos de los Últimos Días. Pero, sobre todo, es una invitación a recordar que detrás de cada templo, cada convenio y cada ordenanza está Jesucristo.
Como lo resumió el presidente Oaks:
«Todo lo que se aprende y se hace aquí se relaciona con Él».
Fuentes: newsroom.churchofjesuschrist.org, Church News
