El presidente Dallin H. Oaks, presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, ofreció este 16 de septiembre de 2026 un discurso en la Catedral Nacional de Washington, donde habló sobre la libertad religiosa, la convivencia entre personas con creencias diferentes y la importancia de encontrar acuerdos para construir una sociedad en paz.
El mensaje formó parte del evento “Faith, Freedom and the Common Good” (“Fe, libertad y el bien común”, en español), organizado por la Catedral Nacional de Washington junto con el Wheatley Institute de Brigham Young University. El programa buscó reflexionar sobre la relación entre la fe religiosa y la democracia estadounidense, precisamente en la víspera del Día de la Constitución de Estados Unidos.
Antes de que el presidente Oaks tomara la palabra, fue presentado por el reverendo Randolph Marshall Hollerith, decano de la Catedral Nacional de Washington, quien ha impulsado desde la catedral espacios de conversación destinados a ayudar a las personas a escucharse, encontrar puntos en común y avanzar juntas a pesar de sus diferencias.
Durante su intervención, el presidente Oaks centró buena parte de su mensaje en una pregunta que adquiere especial importancia en sociedades donde conviven personas con distintas convicciones: ¿cómo podemos defender aquello en lo que creemos sin dejar de vivir en paz con quienes creen de manera diferente?
Ser pacificadores significa aprender a convivir con las diferencias

Uno de los conceptos centrales del discurso fue el de convertirse en pacificadores. Para el presidente Oaks, la paz no significa que todos debamos pensar igual ni que las diferencias puedan eliminarse. Por el contrario, requiere aprender a convivir con ellas y encontrar acuerdos que permitan a personas con distintas convicciones compartir una misma sociedad.
“Por necesidad, nos convertimos en pacificadores, aprendiendo a forjar los acuerdos necesarios para vivir en paz con aquellos con quienes discrepamos”, enseñó.
En ese sentido, presentó la convivencia como una responsabilidad que requiere disposición para escuchar, negociar y comprender las preocupaciones de otras personas. La paz social, explicó, no surge simplemente porque desaparezcan los desacuerdos, sino porque las personas aprenden a manejarlos sin convertir al que piensa diferente en un enemigo.
El presidente Oaks también señaló que los desacuerdos pueden convertirse en una oportunidad para aprender. En lugar de asumir que toda diferencia representa una amenaza, invitó a escuchar las experiencias y preocupaciones de los demás para comprender mejor sus posiciones.
“Ser pacificadores implica encontrar puntos en común. Todos podemos hacerlo”, afirmó.
La libertad religiosa también requiere considerar a los demás

Uno de los aspectos más destacados del discurso fue su explicación sobre los límites de la libertad religiosa en una sociedad plural.
El presidente Oaks señaló que defender la libertad religiosa no significa asumir que cada persona puede ejercer sus creencias sin ningún límite en cualquier circunstancia. En una sociedad donde viven personas con diferentes religiones y también personas que no profesan ninguna, existen situaciones en las que los derechos individuales deben equilibrarse con otras responsabilidades públicas.
“Quienes defienden la libertad religiosa absoluta deben reconocer que, en una nación con ciudadanos de diversas creencias religiosas o sin creencias religiosas, el Gobierno a veces debe limitar el derecho de algunas personas a actuar conforme a ciertas creencias cuando sea necesario para proteger la salud, la seguridad y el bienestar de todos”, enseñó.
Esta afirmación se relacionó con otro llamado del presidente Oaks: tener cuidado de no convertir nuestras propias convicciones en una imposición para los demás.
Aunque la Primera Enmienda de Estados Unidos protege el ejercicio de la religión, explicó, ese derecho fundamental no debe entenderse de manera aislada de las necesidades y derechos de los demás ciudadanos.
El punto central no fue restar importancia a la libertad religiosa, sino mostrar que la convivencia en una sociedad plural requiere encontrar un equilibrio entre las libertades individuales y el bienestar común.
“Hemos aprendido a llegar a acuerdos”

El presidente Oaks también habló desde la experiencia de los Santos de los Últimos Días al vivir y participar en una sociedad caracterizada por distintas creencias religiosas y posiciones.
En ese contexto, explicó:
“Los miembros de la Iglesia de Jesucristo han aprendido a llegar a acuerdos sobre políticas que son necesarias para alcanzar la libertad y la unidad que nos permiten vivir en paz con quienes tienen creencias religiosas diferentes a las nuestras. Al mismo tiempo, hemos preservado la libertad que necesitamos para seguir practicando nuestras doctrinas y prácticas más importantes”.
La idea plantea una diferencia importante entre ceder en las doctrinas fundamentales y encontrar acuerdos sobre la manera en que distintas personas pueden convivir dentro de una misma sociedad.
Para el presidente Oaks, una persona puede mantener firmemente sus convicciones religiosas y, al mismo tiempo, reconocer que otros ciudadanos tienen derechos, creencias y preocupaciones legítimas.
Ese equilibrio, según explicó, forma parte de lo que significa vivir en una sociedad libre.
La Constitución y la libertad como parte de la historia de la Iglesia

El presidente Oaks también abordó la importancia que tiene la Constitución de Estados Unidos para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
“Para la Iglesia de Jesucristo, la Constitución de los Estados Unidos es muy importante. Tenemos una revelación que la identifica como divinamente inspirada”, afirmó.
La Iglesia ha enseñado durante décadas sobre la importancia de la libertad religiosa y de los principios constitucionales. El propio presidente Oaks ha hablado extensamente sobre estos temas durante su ministerio y, antes de su llamamiento como apóstol en 1984, ejerció como juez de la Corte Suprema de Utah y fue profesor de Derecho en la Universidad de Chicago.
Su participación en la Catedral Nacional de Washington ocurrió precisamente en la víspera del Día de la Constitución, lo que dio un contexto particular a sus comentarios sobre libertad, derechos y responsabilidad cívica.
La paz requiere dejar de ver al otro como enemigo

Otro de los mensajes que atravesó el discurso fue la necesidad de cambiar la manera en que vemos a quienes están al otro lado de un desacuerdo.
“Lejos de ser una debilidad, conciliar posturas opuestas mediante un diálogo respetuoso es una virtud”, enseñó el presidente Oaks.
En lugar de considerar que alcanzar un acuerdo representa necesariamente una derrota, planteó que la capacidad de dialogar y encontrar soluciones compartidas puede ser una expresión de fortaleza.
También afirmó:
“La paz verdadera se obtiene cuando dejamos de ver a nuestros adversarios como enemigos y empezamos a trabajar junto a ellos”.
Esta idea se conecta con el llamado que el presidente Oaks había realizado anteriormente en el año para que los seguidores de Jesucristo fueran pacificadores y evitaran la contención en sus hogares, comunidades y conversaciones públicas.
“Justicia para todos” comienza por comprender al otro

Hacia una de las partes más significativas de su discurso, el presidente Oaks explicó que construir una sociedad basada en la paz y la justicia requiere comenzar por comprender a quienes piensan diferente.
Sus palabras resumieron buena parte del mensaje de la noche:
“Las personas de buena voluntad, que desean comprenderse y ayudarse mutuamente, están en el centro de lo que significa ser pacificadores. Lo mismo ocurre con el principio de ‘justicia para todos’ y con el proceso constitucional para alcanzar la libertad y la unidad, por más difícil y lento que pueda ser”.
“Todo comienza por comprender profundamente las necesidades, las convicciones y los compromisos de ambas partes. A partir de ahí, es posible buscar soluciones que respeten esas diferencias y permitan avanzar hacia la paz, la libertad y la justicia para todos”.
La propuesta no consiste en eliminar las diferencias, sino en aprender a vivir con ellas de una manera que preserve la dignidad y los derechos de todos.
En una sociedad plural, explicó, comprender al otro no exige abandonar las propias creencias. Más bien, permite reconocer qué es realmente esencial para cada parte y buscar caminos que hagan posible la convivencia.
Un llamado a mirar los desacuerdos de otra manera

El presidente Oaks también invitó a cambiar la forma en que enfrentamos los conflictos.
“Cuando surgen desacuerdos, debemos verlos como una oportunidad para escuchar y aprender. Al ver los conflictos de este modo, lograremos la equidad para todos”, enseñó.
El mensaje adquiere especial relevancia dentro del contexto de un evento dedicado precisamente a explorar cómo pueden convivir la fe, la libertad y el bien común.
La Catedral Nacional de Washington desarrolla este tipo de encuentros dentro de su iniciativa “A Better Way”, que busca promover conversaciones sobre cómo vivir juntos, escucharse y relacionarse de una manera más respetuosa en medio de las diferencias.
Después del discurso del presidente Oaks, el programa continuó con un panel moderado por Jeffrey Rosen, presidente emérito del National Constitution Center, en el que participaron la obispa Mariann Edgar Budde, Melody Barnes y el rabino David Saperstein.
Un mensaje sobre libertad, fe y convivencia

El discurso del presidente Dallin H. Oaks en la Catedral Nacional de Washington presentó la libertad religiosa no solamente como el derecho de una persona a vivir de acuerdo con sus creencias, sino también como un principio que debe coexistir con los derechos y las necesidades de quienes piensan de manera diferente.
Su mensaje insistió en que una sociedad libre necesita ciudadanos capaces de defender sus convicciones sin convertir las diferencias en una guerra permanente.
Para los Santos de los Últimos Días, el llamado también tiene una dimensión espiritual: ser pacificadores forma parte de seguir a Jesucristo.
En palabras del presidente Oaks, las personas de buena voluntad que desean comprenderse y ayudarse mutuamente se encuentran en el centro de lo que significa ser pacificadores. Y ese esfuerzo, aunque pueda resultar difícil y lento, puede abrir caminos hacia la libertad, la unidad, la justicia y la paz.
La participación del presidente Oaks en la Catedral Nacional de Washington convirtió así un tema constitucional y cívico en una invitación mucho más personal: aprender a vivir con quienes no piensan como nosotros sin dejar de defender aquello que consideramos verdadero y valioso.
Puedes volver a escuchar el discurso del presidente Oaks AQUÍ.
Fuente: newsroom.churchofjesuschrist.org
