El sol de verano iluminaba la pista de Eugene, Oregón, el sábado 2 de agosto, cuando una serie de historias personales y deportivas se entrelazaron en el campeonato nacional de atletismo en Estados Unidos.
Entre los protagonistas, dos nombres con pasado en la Brigham Young University (BYU) se robaron el centro de atención: Kenneth Rooks y Lexy Halladay-Lowry.
Para Rooks, los 3,000 metros con obstáculos se han convertido en terreno familiar. El medallista de plata olímpico llegó decidido a defender su reinado, y lo logró con un tiempo de 8:28.58. Con esta victoria, suma tres campeonatos nacionales consecutivos, una hazaña que lo consolida como referente de la prueba.

Al concluir la carrera, se mostró emocionado y agradecido:
“En este deporte nada se regala. Cada victoria es fruto de trabajo y perseverancia”.
Su camino no ha sido solo deportivo: Rooks es un misionero retornado que sirvió en Uganda y en Orem, Utah, y a menudo habla de cómo esas experiencias fortalecieron su disciplina mental.
La recompensa por su esfuerzo no se limita al título. El triunfo le asegura un lugar en el equipo estadounidense que competirá en el Mundial de Atletismo de Tokio, programado del 13 al 21 de septiembre.

Horas después, en la misma distancia pero en la rama femenina, otra exBYU hizo historia. Lexy Halladay-Lowry, originaria de Meridian, Idaho, vivió uno de los momentos más especiales de su joven carrera. En una de sus primeras competencias como profesional, detuvo el cronómetro en 9:09.14 para quedarse con el título nacional.
“Siempre llevaré a BYU en el corazón. Este resultado es el reflejo de años de trabajo y del apoyo que he recibido de tanta gente”.
Al igual que Rooks, Halladay-Lowry también aseguró su pase al Mundial en Japón.
La final masculina de los obstáculos tuvo otro protagonista de BYU: James Corrigan. Su estrategia fue valiente, tomando la punta en las primeras vueltas. Sin embargo, la exigencia le pasó factura y terminó último con 8:37.00.

El contraste con su marca de hace un mes, 8:16.41, con la que ganó el título universitario de la NCAA, fue notorio. Aun así, Corrigan, quien sirvió en la Misión Arizona Tempe entre 2020 y 2022, mantiene intacta su proyección y capacidad de competir al máximo nivel.
La representación de BYU en Eugene no terminó ahí. Meghan Hunter, egresada reciente y residente de Provo, Utah, se midió en la final femenina de 800 metros el domingo 3 de agosto, logrando un quinto puesto con 2:00.53.
Hunter no solo compite por marcas. Días antes, fue seleccionada por la Conferencia Big 12 como candidata al premio “Mujer del Año” de la NCAA, un reconocimiento que destaca no solo el rendimiento deportivo, sino también el liderazgo y la contribución comunitaria.
El campeonato dejó algo claro: el legado de BYU en el atletismo estadounidense sigue vivo y vigente. Con tres atletas rumbo al Mundial y un reconocimiento nacional fuera de la pista, la universidad suma otro capítulo a su historial de éxitos. Y para Rooks, Halladay-Lowry, Corrigan y Hunter, la cita en Eugene no fue solo una competencia más, sino la confirmación de que el trabajo constante abre puertas a escenarios internacionales.
Fuente: newsroom.churchofjesuschrist.org
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