Pregunta

Soy un joven adulto soltero y recientemente me convertí a la Iglesia. Hace poco una misionera de barrio me dijo que debía dejar de frecuentar a mis amigos porque beben alcohol y no comparten mis principios. Me dijo que mis amigos podrían hacer que vuelva a mis antiguos hábitos. Pero, son mis amigos. ¿Tiene razón? ¿Necesito cortar lazos con ellos?

Respuesta

Me alegra mucho que hagas esta pregunta. Permíteme responder brevemente y, luego, explicarte para que quede claro el principio.

La respuesta corta es que nunca debes dar la espalda a tus amigos o familia. Dicho esto, las relaciones estrechas que tengas no dependen de si los demás comparten tus valores o creencias, sino más bien de si te respetan lo suficiente como para no tratar de alejarte del camino que has elegido.

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Debes distanciarte de una relación si esa relación es tóxica, si no se respetan los límites o si hay un patrón continuo de abuso o falta de respeto. Las diferencias de creencias, estilo de vida o visión del mundo no son motivo para distanciarte de tus seres queridos. Al contrario, son las diferencias las que nos ayudan a convertirnos en personas más amorosas y comprensivas.

Para la Fortaleza de la Juventud nos enseña lo siguiente cuando se trata de escoger amigos:

Elige amistades que tengan los mismos valores que tú, a fin de que puedan fortalecerse y animarse mutuamente a vivir normas elevadas.

Al procurar tener amistad con los demás, no comprometas tus normas. Si tus amigos(as) te instan a hacer cosas malas, sé la persona que defienda lo bueno, aun si te encuentras solo(a); quizás tengas que buscar a otros amigos que te apoyarán a guardar los mandamientos. Procura la guía del Espíritu Santo al tomar esas decisiones.

Notarás que este consejo de la Iglesia te alienta a buscar otros amigos solo si tus amigos actuales te instan a hacer cosas que vayan en contra de tus principios y creencias.

 

 

En ninguna parte del Evangelio dice que solo debemos ser amigos de aquellos que tienen nuestras mismas creencias. De hecho es todo lo contrario. ¿Cómo podremos influir en los demás para bien si los excluimos? ¿Cómo podremos aprender de su bondad si los alejamos?

Demasiadas personas fuera de nuestra fe se sienten rechazadas, juzgadas y no queridas. Lo sé porque las conocí en mi vida y en mis terapias.

He conocido miembros que no dejan que sus hijos jueguen con niños que no son de su religión. He conocido a personas ajenas a nuestra fe que son tratadas con amabilidad pero no con inclusión, ya que sus prójimos Santos de los Últimos Días solo aceptan la compañía de otros Santos.

Cuando nos aislamos, fallamos en lo que nos mandó el Salvador, ser una “luz en el monte” y amarnos unos a otros.

El Élder M. Russell Ballard enseñó:

El Señor espera mucho de nosotros. Padres, les ruego que enseñen a sus hijos y que ustedes mismos practiquen el principio de la inclusión y no el de la exclusión debido a diferencias religiosas, políticas o culturales.

Ésa es nuestra doctrina: una doctrina de inclusión. Eso es lo que creemos; eso es lo que se nos ha enseñado. Debido a esa doctrina, nosotros deberíamos ser las personas más amorosas, amables y tolerantes de toda la gente de la tierra. (“Doctrina de la inclusión”, Conferencia General de octubre de 2001).

El Presidente Gordon B. Hinckley agregó:

No debemos ser exclusivistas. Nunca debemos adoptar una actitud de superioridad moral. No debemos considerarnos por encima de los demás. Debemos ser magnánimos, abiertos y amigables. Podemos mantener nuestra fe, practicar nuestra religión y celebrar nuestra manera de adorar sin ser ofensivos hacia los demás. Aprovecho esta ocasión para rogar que tengamos un espíritu de tolerancia y buena vecindad, de amistad y amor hacia las personas de otras religiones.

Pero, ¿cómo hacemos esto? ¿Cómo vivimos nuestras creencias y al mismo tiempo honramos y respetamos a aquellos que ven el mundo de manera diferente a la nuestra? El Élder Dale G. Renlund dijo algo que creo que es perfecto:

Podemos permanecer firmes en nuestras creencias y tener una estrecha relación con aquellos que piensan de manera diferente a la nuestra. Por ejemplo, creo que beber alcohol es quebrantar la ley de Dios. ¿Qué hago cuando recibo amigos que no tienen esta creencia? Mi esposa y yo, hacemos los arreglos necesarios para ir a un restaurante con ellos, donde puedan pedir lo que deseen. Cuando piden vino para acompañar su comida, no me enfado ni los llamo pecadores.

Podemos mantenernos firmes en nuestras creencias y tener una relación estrecha con aquellos que piensan de manera diferente a la nuestra. No olvidemos que el Plan de Salvación ofrece el amor y la misericordia de nuestro Salvador Jesucristo a todos.

Jesucristo

Nuestro gran ejemplo, el Señor Jesucristo, cenó con prostitutas, ladrones y pecadores. Sin embargo, su relación con ellos no influyó en Él para hacer algo malo. Por el contrario, Él influyó en ellos para bien.

No te estoy sugiriendo que sigas a tus amigos a lugares donde el Espíritu Santo no estará contigo. Estoy diciendo que el discipulado no es un camino de aislamiento y exclusión, sino de inclusión, de amor puro, de comprensión y de ver lo bueno en las personas. Eso es buen cristianismo y la práctica de buenas relaciones.

Espero que este consejo te haya ayudado.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Jonathan Decker y fue publicado en ldsliving.com con el título “Ask a Latter-day Saint Therapist: I’m a Convert and My Old Friends Don’t Share My Standards”.