mujer triste

“Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas obrarán justamente para su bien, para los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Independientemente de ser hombre o mujer, seguramente esta es una constante interrogante que invade nuestra mente.

¿Debería yo esperar a alguien que sirve una misión?

Si bien es cierto, muchos son los jóvenes Santos de los Últimos Días que se han dado a la tarea de formar o establecer noviazgos que a la larga se tornan frágiles, y aun más, cuando uno de ellos todavía no ha  servido en el campo misional.

Otros en cambio, se encuentran realizando preparativos para el viaje a la tierra prometida, dejando así un plan a largo plazo con anillo al dedo y expresiones como:” ¡A mi regreso nos casaremos!”.

Las agujas del reloj corren y esas promesas de regresar o esperar por alguien pasan a la historia, pues al encontrarse cada individuo en diferentes situaciones se van alejando de la meta antes trazada por ambos, estos  fueron noviazgos sin visión plena para el éxito en la eternidad, sin metas como equipo y con decisiones faltas de sabiduría.

El presidente Thomas S. Monson en cierto momento de su vida, dijo: “Constantemente tenemos decisiones ante nosotros. A fin de tomarlas sabiamente,  se necesita valor, el valor para decir no, y el valor para decir si. Las decisiones  si determinan nuestro destino”.1 Con ello no nos daremos a la tarea de pensar que todas las relaciones de noviazgo son iguales, pues existen noviazgos en los cuales prevalece la madurez, en el sentido tal que quienes conforman el mismo han sido guiados y unidos desde un principio con un fin, por las fuertes impresiones del Espíritu, como lo expresado por el presidente Ezra Taft Benson a sus amigos: “¿Saben? acabo de tener la impresión de que me voy a casar con ella”.2

Sea cual fuere la circunstancia, no olvidemos que nuestro Padre Celestial solo desea que vivamos en obediencia, pues habrá ocasiones de la vida que debido a las decisiones tomadas nos veremos separados para  fortalecernos aun más, pero dichas decisiones serán necesarias para obtener mayores bendiciones: Servir en el campo misional es una de ellas.

El presidente Ezra Taft Benson contó: “Antes de marcharme Flora y yo decidimos escribirnos solamente una vez al mes” dijo él. ”También decidimos que nuestras cartas serian de aliento, confianza y noticias. Eso es exactamente lo que hicimos”.3

Seguramente nos invada la tristeza en algunos momentos de nuestra vida, pero  el Espíritu dictará paz y si somos fieles y pacientes, las bendiciones llegarán en el debido tiempo, pues enfocados en un solo fin, es avanzar juntos en la obra, firmes en obediencia a las leyes que nos llevarán a la eternidad con fe, oración, ayuno,  ánimo, comprensión, paciencia, esperanza, perseverancia; afán en cuanto al servicio desinteresado a nuestro prójimo, mismos que forman la clave para mantenerse unidos a la distancia, mientras llega el momento indicado; solo esforcémonos por escuchar atentamente los susurros del Espíritu.

Recordemos que nuestro Padre Celestial, conoce cada uno de sus guerreros y también desea primeramente que le brindemos el  lugar que se merece como lo dio a conocer en cierta  ocasión el presidente Ezra Taft Benson: “Quisiera que todo Santo de los Últimos Días pudiese decir de todo corazón: ’A donde me mandes iré, Señor, diré lo que quieras que diga, Señor, y lo que TÚ quieras, seré’ [véase Himnos Nº I75] 4.Si todos pudiéramos hacerlo, se nos garantizaría la máxima felicidad aquí y posteriormente la exaltación en el reino Celestial de Dios”.5

Todos los galardones que él tiene reservados serán nuestros si solo demostramos obediencia al llevar en acción el primer  mandamiento  dictado: Amar a Dios, por sobre todas las cosas, si cumplimos con ello sabremos pues que cada día de nuestra vida será aun mas gratificante cuando recordemos  nuestros anhelados sueños al ver retornar el príncipe o la princesa que nuestro Padre Celestial eligió para cada uno de nosotros desde la preexistencia y se tornará entonces en una maravillosa historia desde el principio con un solo fin: El deber de adorar a Dios, por sobre todas las cosas, compartiendo el dulce evangelio con nuestra familia eterna.

Mientras tanto continuemos con paciencia, recordemos siempre: “¡Un(a) novio(a)  no esperará mi regreso; un(a) esposo(a) si!”.

 

Véase

I-Thomas S. Monson, ”Los tres aspectos de las decisiones”, Liahona, noviembre de 20l0,pág.68.

2-Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Ezra Taft Benson, 2014, pág.8.

3-Enseñanza de los Presidentes de la Iglesióa: Ezra Taft Benson, 2014, pág.9.

4-”A donde me mandes iré”, Himnos, Nº 175.

5- Enseñanza de los Presidentes de la Iglesia: Ezra Taft Benson, 2014, pág.42.