Dentro de cualquier cultura existen historias que pasan de una generación a otra. Algunas nacen de un hecho real, otras se exageran con el tiempo y unas cuantas terminan convirtiéndose en verdaderas leyendas.
Entre los Santos de los Últimos Días también existen relatos que muchos han escuchado en una clase, una actividad o una conversación familiar. Algunos son tan conocidos que muchas personas piensan que forman parte de la doctrina oficial, cuando en realidad no es así.
Eso no significa que estas historias no tengan valor. Muchas reflejan el deseo de encontrar la mano de Dios en la vida cotidiana. Sin embargo, el Evangelio restaurado nos invita a buscar la verdad en fuentes confiables y a distinguir entre el folclore y la doctrina.
Cuando una historia se vuelve más famosa que los hechos

Los historiadores de la Iglesia han explicado que las tradiciones orales suelen crecer con el tiempo. Una experiencia sencilla puede recibir nuevos detalles cada vez que alguien la cuenta.
Algo parecido ocurre en muchas culturas de Latinoamérica con las leyendas populares. En la Iglesia también existen relatos que, aunque son interesantes, nunca fueron enseñados como doctrina.
El presidente Joseph F. Smith enseñó que cuando el Señor revela algo para guiar a Su Iglesia, esa revelación llega por medio del orden establecido y de quienes poseen la autoridad para declararla.
1. ¿Caín era el Pie Grande?

Probablemente esta sea una de las historias más conocidas.
El origen del relato suele relacionarse con una experiencia atribuida al apóstol David W. Patten en 1835, quien describió haber encontrado a un personaje cubierto de pelo, de apariencia oscura y que se identificó como Caín, condenado a vagar por la tierra.
Décadas después, cuando comenzaron a popularizarse los reportes sobre el famoso Bigfoot o Pie Grande en Norteamérica, algunas personas unieron ambas historias y concluyeron que se trataba del mismo ser.
Sin embargo, la Iglesia nunca ha enseñado oficialmente que Bigfoot sea Caín, y no existe una declaración doctrinal que respalde esa idea.
Más bien, este caso muestra cómo una tradición popular puede transformarse con el paso del tiempo.
2. Los Tres Nefitas

Muchos miembros han escuchado relatos sobre personas que aparecen para ayudar a alguien en una emergencia y luego desaparecen sin dejar rastro.
Generalmente, estas historias terminan con una frase conocida:
«Seguramente eran los Tres Nefitas».
Las Escrituras sí enseñan que tres discípulos nefitas recibieron la bendición de permanecer en la tierra para continuar ministrando (3 Nefi 28).
Sin embargo, la mayoría de las historias modernas sobre sus apariciones no pueden verificarse históricamente.
Eso no disminuye el mensaje espiritual que transmiten. Al contrario, recuerdan una verdad importante: el Señor puede enviar ayuda de muchas maneras, aunque no siempre sepamos cómo ocurrió.
3. La profecía del Caballo Blanco

Otra historia ampliamente difundida es la llamada «Profecía del Caballo Blanco», atribuida al profeta José Smith.
Según esta tradición, la Constitución de los Estados Unidos llegaría a estar «pendiendo de un hilo» y los Santos de los Últimos Días la salvarían.
El problema es que el documento apareció muchos años después del martirio del Profeta y fue elaborado a partir de recuerdos y anotaciones de terceros.
Con el paso del tiempo, varios líderes de la Iglesia aclararon que esa supuesta revelación no debía considerarse auténtica. Incluso el presidente Joseph F. Smith llegó a describirla como falsa.
Aun así, existen registros independientes donde José Smith expresó respeto por los principios constitucionales. Una cosa es valorar la libertad religiosa y otra muy distinta es aceptar una profecía cuya autenticidad nunca fue confirmada.
4. Los jóvenes generales

Durante años circuló una frase muy conocida que aseguraba que los jóvenes actuales habían sido «generales en la Guerra en los Cielos» y que los habitantes del mundo de los espíritus los admirarían por haber vivido en esta dispensación.
La cita fue atribuida a varios profetas y apóstoles.
Sin embargo, el presidente Boyd K. Packer aclaró públicamente que él nunca dijo esas palabras y señaló que ningún miembro de la Primera Presidencia o del Cuórum de los Doce Apóstoles había hecho esa declaración.
Eso no significa que nuestra vida premortal no sea importante. Las Escrituras enseñan que existíamos antes de venir a la tierra. Lo que no sabemos son los detalles individuales de esa etapa.
El Señor ha revelado lo necesario para nuestra salvación, y no todo aquello que despierta nuestra curiosidad.
La fe necesita verdad

Las leyendas forman parte de la cultura de muchos pueblos y también de la historia de la Iglesia. Algunas pueden ser entretenidas y otras incluso transmitir buenas enseñanzas.
Pero el presidente Russell M. Nelson ha recordado la importancia de buscar fuentes confiables y aprender a discernir la verdad.
«Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas» – Moroni 10:5.
El Evangelio restaurado no necesita historias exageradas para fortalecer un testimonio. La Primera Visión, el Libro de Mormón, la Restauración del sacerdocio y el ministerio continuo de profetas vivientes ya constituyen milagros suficientes.
Quizá por eso estas antiguas leyendas siguen siendo interesantes, pero también nos recuerdan que nuestra fe se construye sobre Jesucristo y la revelación, no sobre rumores que se transmiten con el tiempo.
Fuente: LDS Living
