Cada vez falta tan poco para recibir la navidad y seguimos experimentado estos sentimientos hermosos por desarrollar las actividades de Ilumina el Mundo que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha propuesto con el fin de acercarnos a nuestros Salvador siguiendo Su ejemplo en estos días de diciembre.

Ilumina el Mundo siendo un pacificador

Para ser llamados hijos de Dios, Jesús enseñó durante el Sermón del Monte que los pacificadores serán llamados hijos de Dios. Para ganarnos este hermoso e importante título debemos extender nuestra mano a los demás en espíritu de perdón, reconciliación y resolución. A continuación, tres formas para ser un pacificador.

Ofrece esa disculpa pendiente

¿Tenemos una disculpa qué ofrecer a un ser querido, vecinos o compañeros? No importa si nosotros no iniciamos el conflicto, es necesario que apelemos a la humildad y pronunciemos las complicadas pero trascendentales palabras. “lo siento”.

pacificador

El élder Russell M. Nelson dijo: “El odio entre hermanos y vecinos ha llegado en la actualidad a reducir ciudades sagradas a urbes de dolor. Cuando pienso en la difícil situación de esos lugares, acude a mi memoria el proverbio: ‘Los hombres escarnecedores ponen la ciudad en llamas; mas los sabios apartan la ira’”.

Ayuda a alguien necesitado

Jesús enseñó la Regla de Oro: “…todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos…” (Mateo 7:12). Encontremos a personas que en estos momentos atraviesen desafíos económicos, políticos o familiares; nosotros podemos aligerar esas cargas al ayudarlos y contribuiremos con la paz que tanto necesitan.

demostrar compasión

Sentir compasión por una familia y ayudarla.

El presidente Henry B. Eyring dijo: “Los santos pueden lograr cualquier propósito del Señor cuando están completamente unidos en rectitud”.

Resalta las virtudes de los que te rodean

Se nos ha enseñado que debemos ver a las personas como lo que puedan llegar a ser y resaltar las virtudes y habilidades que ellas tienen. Al hacerlo recuerden que el Señor oró para que seamos unidos, tal como lo explicó el presidente Eyring: “El milagro de la unidad se nos está concediendo a medida que oramos y nos esforzamos por obtenerlo a la manera del Señor. Nuestros corazones se entrelazarán en unidad; Dios ha prometido esa bendición a Sus fieles santos, no importa cuáles sean sus diferencias de origen ni el conflicto que ruja a su alrededor. Él oraba por nosotros, así como por Sus discípulos, cuando rogó a Su ‘Padre… que seamos uno’”.

 

La paz si es posible, cuando realicemos las actividades de hoy, recordemos las palabras de élder Nelson: “Las cosas que tenemos en común son de mayor envergadura que nuestras diferencias. La paz es una virtud de importancia fundamental que debemos procurar alcanzar.”