Hay experiencias que nos hacen preguntarnos cómo nos acompaña el Padre Celestial en los momentos más difíciles. Algunas personas cuentan que recibieron ayuda inesperada cuando estaban en peligro; otras recuerdan haber sentido paz y consuelo durante situaciones que les resultaban difíciles de comprender.

Estos son algunos testimonios de personas que creen haber recibido ayuda de ángeles durante su infancia o mientras cuidaban a sus hijos. Sus relatos invitan a reflexionar sobre el amor de Dios y la importancia que tienen los niños para Él.

Lo ayudó a regresar a casa y luego desapareció

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Cuando su hijo Gary tenía aproximadamente 18 meses, Anne vivió una experiencia que todavía recuerda. Un día, el pequeño logró abrir la puerta trasera de la casa y salió sin que ella se diera cuenta. 

La familia vivía a una calle de una carretera muy transitada, por lo que el niño se encontraba en una situación peligrosa.

Mientras Anne estaba ocupada en otra habitación, alguien llamó a la puerta. Al abrir, encontró a una mujer desconocida que llevaba al pequeño Gary de la mano. La mujer le explicó que había encontrado al niño caminando cerca de la carretera.

Anne recibió a su hijo, agradeció a la mujer y entró con él a la casa. Sin embargo, después de pensar en lo sucedido, comenzó a preguntarse quién era aquella persona y cómo había sabido dónde vivían. Cuando miró por la ventana para verla nuevamente, la mujer ya no estaba.

Aquella experiencia la llevó a pensar que quizá había recibido ayuda de un ángel. Aunque no podía demostrarlo, el recuerdo permaneció con ella como una experiencia significativa.

Este relato nos recuerda que, en ocasiones, la ayuda puede llegar por medio de otras personas que aparecen en el momento oportuno. Independientemente de cómo interpretemos una experiencia así, también nos invita a reconocer el valor de quienes cuidan, protegen y ayudan a los niños.

Una niña que recibió consuelo en el momento extacto

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Anne también comparte el testimonio de una mujer que recordó una experiencia difícil de su infancia. Cuando tenía entre cinco y seis años, vivió una situación traumática en la que sintió miedo y sufrimiento junto con otro niño.

Muchos años después, mientras reflexionaba sobre aquel recuerdo, sintió que había recibido una revelación personal acerca de lo ocurrido. En esa experiencia espiritual, percibió que varios ángeles habían estado cerca de ambos niños, acompañándolos y ayudándolos a soportar aquellas circunstancias.

La mujer explicó que llegó a comprender que la manera en que Dios obra no siempre coincide con nuestra percepción del tiempo. Aunque no podía ver a aquellos seres espirituales durante el acontecimiento, llegó a sentir que había recibido apoyo en medio de su sufrimiento.

A partir de esa experiencia, comenzó a orar con mayor frecuencia para pedir ayuda divina para ella y las personas que la rodeaban.

Su testimonio no significa que el sufrimiento desaparezca cuando tenemos fe, ni que todas las personas experimenten la ayuda espiritual de la misma manera. Sin embargo, refleja que el Padre Celestial conoce a Sus hijos y puede brindarles consuelo en sus pruebas.

El dolor que experimenta una persona no significa que Dios la haya abandonado. La fe en Jesucristo puede ayudarnos a encontrar esperanza y fortaleza incluso cuando todavía no comprendemos por qué hemos tenido que atravesar determinadas experiencias.

Una niña sobrevivió a un tornado después de orar

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Otro de los relatos compartidos por Anne procede de un discurso del élder Ronald A. Rasband. En él, el apóstol recordó su encuentro con la familia Sorrel después del devastador tornado que azotó Oklahoma en 2013.

Tori, una niña que cursaba quinto grado en la escuela primaria Plaza Towers, se había refugiado en un baño junto con varias de sus compañeras cuando el tornado llegó al edificio.

Según el testimonio que compartió, al principio pensó que el ruido sobre el techo era granizo. Sin embargo, el sonido aumentó hasta que la parte superior del edificio desapareció sobre ellas. Entre el viento y los escombros, Tori cerró los ojos y oró para que el Padre Celestial las protegiera.

Cuando todo quedó en silencio, abrió los ojos y vio una señal de tránsito muy cerca de su rostro. Ella, su madre, tres de sus hermanos y varios amigos sobrevivieron al tornado, aunque siete de sus compañeros de escuela perdieron la vida.

El élder Rasband animó a Tori a recordar aquella experiencia y la protección que, según sus palabras, había recibido durante la tormenta.

Este relato también nos invita a ser cuidadosos al hablar del sufrimiento. No podemos concluir que quienes fallecieron tenían menos fe o que Dios los amaba menos. Las tragedias afectan a las personas de maneras diferentes, y no siempre conocemos las razones por las que ocurren.

La fe en Jesucristo no consiste en creer que nunca enfrentaremos peligros, sino en confiar en Él y buscar Su fortaleza en medio de nuestras circunstancias.

Una madre creyó haber recibido ayuda de un médico desconocido

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Sherry Bonneau compartió otra experiencia relacionada con su hijo Richard, quien había enfrentado graves problemas de salud desde su nacimiento. Cuando el pequeño tenía dos años, su estado era especialmente delicado.

Durante un fin de semana festivo, Richard presentó una reacción grave después de recibir sedación para una biopsia. Su fiebre era muy alta, su pulso apenas se percibía y las alarmas del hospital comenzaron a sonar.

Desesperada, Sherry oró al Padre Celestial. Mientras lloraba, vio a un médico que no reconocía entrar en la habitación. El hombre hizo algunas preguntas y dio instrucciones a una enfermera para que administrara rápidamente un medicamento por vía intravenosa.

Poco después, la temperatura del niño comenzó a bajar y su estado mejoró. Cuando Sherry quiso agradecer al médico, descubrió que ya no estaba allí. Al preguntar por él, las enfermeras no pudieron identificarlo ni encontrar un registro de su entrada.

Sherry llegó a la conclusión de que el Padre Celestial había enviado a un ángel para salvar a su hijo.

Aunque no es posible verificar la identidad de aquel médico a partir del relato, la experiencia representó para ella una respuesta a sus oraciones y una muestra del cuidado de Dios.

Orar para recibir ayuda divina y buscar atención médica no son acciones opuestas. Podemos ejercer la fe mientras aprovechamos los recursos y las personas que pueden ayudarnos en nuestras circunstancias.

Qué enseñan las Escrituras sobre los ángeles y los niños

Los angeles actúan bajo un orden divino. Imagen: Másfe.org

En Mateo 18, Jesucristo enseñó a Sus discípulos a no menospreciar a los pequeños. Después de poner a un niño en medio de ellos, explicó la importancia que tienen para el Padre Celestial.

En el versículo 10, el Salvador declaró: 

«Mirad que no tengáis en poco a alguno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 18:2-10).

Este pasaje destaca el valor que Dios concede a los niños. No son personas insignificantes ni deben ser tratados como si sus necesidades importaran menos. Jesucristo enseñó que el Padre Celestial se interesa por ellos y que debemos recibirlos con amor y humildad.

Otra escritura que invita a reflexionar sobre la ministración de los ángeles se encuentra en Doctrina y Convenios 84:88. Allí, el Señor promete acompañar a Sus siervos y declara que Sus ángeles estarán alrededor de ellos para sostenerlos.

Esa enseñanza también nos invita a actuar. Podemos proteger a los niños, escuchar sus preocupaciones, brindarles un entorno seguro y acompañarlos cuando atraviesan situaciones difíciles. El amor de Dios puede reflejarse en las personas que deciden cuidar de ellos.

No siempre podemos evitar que alguien atraviese una prueba, pero sí podemos procurar que no tenga que enfrentarla sin apoyo.

Fuente: Meridian Magazine 

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