No estamos solos en esta tierra, hay ángeles que nos acompañan

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Somos forasteros en tierra extranjera. Estamos tratando de hacer un viaje a través de un territorio desconocido con peligros a lo largo del camino.

Hemos olvidado por completo nuestra preparación con nuestros seres queridos antes de comenzar el viaje. Tristemente, desconocemos a los ángeles que nos acompañan.

No estamos de acuerdo con muchos de nuestros compañeros de viaje. Nos desesperamos por tener paz y triunfar al final de nuestras penurias.

Sin embargo, no tiene por qué ser así. De hecho, Dios no quiere que sea así.

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Juntos planeamos completamente el viaje antes de que comenzara. Nuestro equipo, conocido como familia, hizo planes específicos para cuidarnos unos a otros.

Hicimos convenios entre nosotros y con Dios.

Nuestros antepasados, a veces conocidos como ángeles, se comprometieron a ayudarnos. Dios proporcionaría revelaciones, tanto bíblicas como personales, para guiarnos.

Sin embargo, con frecuencia, aquí estamos, sintiéndonos muy solos. En nuestro olvido, nos sentimos desamparados. Sin embargo, Dios nos ha dado pistas vitales para recordarnos a Él y a Su glorioso plan.

  • Las escrituras testifican que Dios preside un plan para refinar y redimir. No tiene la intención de perder a ningún hijo. Cada uno de Sus hijos recibirá toda la gloria que pueda soportar.
  • Nuestra inquietud en el mundo actual da testimonio de que aquí somos extraños. Anhelamos estar con el Padre en la gloria. Sin embargo, después de nuestra excursión educativa, nos llevará a casa.
  • Dios nos ha dado miles de pistas e historias para guiarnos e inspirarnos. Cuando leemos las Escrituras con un recuerdo de Su gloria, nos tranquiliza.
  • Dios envía incesantes destellos de luz a través de ideas, chispas e inspiración. Simplemente, sigue enviando pistas y aliento.
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Art: Blessed Art Thou among Women” by Walter Rane

  • Todos los que nos precedieron y tienen un convenio con nosotros, nos animan. Si prestamos atención, podemos aprender de sus vidas y sentir, y casi escuchar, sus susurros de aliento.
  • Podemos aprender de todas las personas que han hecho el viaje antes que nosotros, pero muy especialmente de aquellos con quienes hemos hecho un convenio. Ellos nos han dejado pistas.
  • Podemos viajar con buen ánimo entonando canciones de alabanza no solo para recordar, sino también para animar a nuestros compañeros de viaje.
  • Podemos estar seguros de que Aquel que va tras los corderos perdidos y murió para despejarnos el camino, nunca nos olvidará. No importa cuán lejos estemos, Él nos encontrará.

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La obra de historia familiar es mucho más que rastrear nuestro árbol genealógico. Se trata de conectar generaciones con los lazos, lecciones y recuerdos de todos esos amigos con los que estamos vinculados.

Se trata de poner en vigor nuestro plan preterrenal. Se trata de trabajar juntos para que cada miembro de la familia regrese a nuestro hogar celestial y a los brazos de nuestros seres queridos, incluido nuestro amado Padre y Su Hijo redentor.

“Hermanos, ¿no hemos de seguir adelante en una causa tan grande? Avanzad, en vez de retroceder. ¡Valor, hermanos; e id adelante, adelante a la victoria! ¡Regocíjense vuestros corazones y llenaos de alegría! ¡Prorrumpa la tierra en canto! ¡Alcen los muertos himnos de alabanza eterna al Rey Emanuel que, antes de existir el mundo, decretó lo que nos habilitaría para redimirlos de su prisión; porque los presos quedarán libres!” (DyC 128: 22)

Entonces, ¿Cómo involucramos a nuestros compañeros de convenio en nuestro viaje terrenal?

1. Estudiamos sus vidas, descubrimientos, luchas, diarios y lecciones

Aprendemos de ellos al descubrir y compartir sus historias y recuerdos. Los hacemos parte de nuestras vidas. Los amamos, admiramos y les agradecemos.

En nuestra familia, lo hacemos llenando nuestro hogar con fotografías y recuerdos de nuestros antepasados. En cualquier habitación y en cada esquina hay un ser querido del pasado esperando con una sonrisa.

2. Reconocemos sus palabras de aliento, sus sutiles empujones a lo largo del camino 

A medida que conozcas a tus antepasados, sentirás mayor interés por ellos.

En tiempos difíciles, he buscado el consejo de mi sabio padre que falleció. Mi padre habló sabiduría a mi mente.

En tiempos de soledad, he buscado la amistad de mi bisabuelo Ben. Él ha sido mi compañero y consejero.

En momentos de desánimo, he buscado inspiración en mis queridos abuelos. Ellos han sido mis amigos. La cantidad de seres que están de nuestro lado, superan con creces las filas de cualquier enemigo.

3. Los honramos al investigar sobre sus vidas y realizar ordenanzas por ellos

creencias mormonas

Nombres de las personas por las que se realizará la obra vicaria.

Mientras nos cuidan, Dios nos ha dado esta forma gloriosa de bendecirlos. Hemos sentido un gran gozo al realizar las ordenanzas del templo por nuestros antepasados.

4. Compartimos nuestros descubrimientos y alegrías con nuestros familiares

Vinculamos a nuestros hijos con su herencia noble y en desarrollo. Unimos sus corazones a través de historias de bondad y palabras de afecto.

Las historias familiares crean escrituras familiares: un registro de los convenios de Dios con nuestra familia en especial. Nos regocijamos en esas revelaciones que amplían nuestra visión del viaje terrenal y la eternidad.

5. Esperamos con gozosa anticipación el reencuentro de todos los viajeros mortales mientras nos saludamos con amor

Esperamos con ansias las historias que compartirán y los lazos que nos unirán. Esperamos unirnos al Padre Celestial en Su obra continua de tutoría y redimir a Sus hijos.

La obra de historia familiar une nuestros corazones entre nosotros y con Dios.

A medida que reunimos los recursos, los organizamos, los convertimos en historias y llenamos nuestras vidas de conexiones con nuestras familias, encontraremos una mayor energía para nuestro viaje aquí en la Tierra.

Hay algo que podemos hacer en cada época de nuestras vidas y las recompensas por hacer esas cosas nos bendecirán aquí y en la eternidad.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Wallace Goddard y fue publicado en Meridian Magazine con el título “We Do Not Make the Journey Alone”.

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