El primer sábado de cada mes, un estacionamiento se llena de autos clásicos, conversaciones espontáneas y, de forma natural, mensajes de fe.
El evento se llama “Autos y Cristo” y se realiza en un centro de reuniones de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Lo que comenzó hace dos años con unos pocos vehículos, hoy reúne entre 200 y 300 autos en cada edición.
Un espacio donde la fe se vive de forma natural

Lejos de ser un evento tradicional, esta iniciativa ha encontrado una forma simple pero efectiva de conectar con la comunidad.
Los organizadores explican que el objetivo no es predicar de manera directa, sino crear un ambiente donde las personas se sientan bienvenidas. A partir de ahí, las conversaciones fluyen.
Este enfoque refleja un principio del Evangelio de manera bastante clara, compartir a Cristo muchas veces empieza con relaciones genuinas, no con discursos. Como enseñó el Salvador, por sus frutos los conoceréis (Mateo 7:20), y en este caso, el fruto es un ambiente donde las personas se sienten cómodas para acercarse.
Una iniciativa que une servicio y comunidad

El evento no sólo reúne amantes de los autos, también impulsa el servicio. Para participar, se invita a los asistentes a llevar alimentos enlatados que luego son donados a organizaciones locales. En algunas jornadas, se han recolectado hasta 500 libras de comida.
Esto demuestra que la fe no se limita a lo que se cree, sino a lo que se hace por otros. Tal como se enseña en Santiago 2:17, la fe, si no tiene obras, está muerta en sí misma.
Uno de los elementos clave del evento es la participación de los misioneros. Ellos recorren el lugar, conversan sobre autos y, de forma natural, introducen temas espirituales.
La iniciativa cuenta con el impulso del presidente de misión Jonathan Ord, quien encontró en su pasión por los autos una oportunidad para invitar a otros a conocer más sobre Jesucristo.
Aquí se ve otro principio importante, el Evangelio puede compartirse desde lo que ya somos y nos gusta, sin necesidad de forzar el contexto. Para muchos asistentes, esta es su primera interacción con la Iglesia. Caminan por el edificio, observan imágenes del Salvador y conversan sin presión.
Un puente real hacia Cristo

Quienes organizan el evento coinciden en algo. El impacto no se mide solo en números, sino en experiencias.
Cada mes, cientos de personas que no son miembros pisan por primera vez un centro de reuniones. No por obligación, sino por interés y en ese espacio, encuentran algo más que autos.
Encuentran un ambiente donde Cristo es el centro, pero presentado con cercanía y respeto.
Esto se alinea con una enseñanza clave del discipulado. En Doctrina y Convenios 88:81 se invita a compartir el Evangelio, pero también a hacerlo con sabiduría y amor. Este evento muestra cómo eso puede aplicarse en la vida real.
Una forma diferente de invitar

“Autos y Cristo” no busca reemplazar otras formas de compartir el Evangelio. Más bien, abre una puerta distinta.
En un mundo donde muchas personas dudan en acercarse a lo religioso, crear espacios accesibles puede marcar la diferencia. Espacios donde la fe no se impone, sino que se descubre.
Como muchos de los participantes han notado, todo lo que comienza con algo en común para compartir, puede terminar acercando a alguien a Cristo.
Fuente: Church News



