Mucho antes de que el K-pop se convirtiera en un fenómeno mundial, un grupo de jóvenes misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ya estaba conquistando escenarios, programas de televisión y emisoras de radio en Corea del Sur.
La historia comenzó en 1974, cuando Eugene P. Till llegó como presidente de la Misión Corea Seúl. Para entonces, una de sus primeras preocupaciones fue encontrar una manera de que más personas conocieran la Iglesia de Jesucristo, ya que en aquel tiempo solo el 7 % de los coreanos sabía algo acerca de la Iglesia.
Fue entonces cuando se le ocurrió una idea poco convencional: utilizar la música como una herramienta para acercarse a las personas.
Así nació New Horizons

Uno de los misioneros, el élder Randy Davenport, era compositor y guitarrista. Durante una conversación con el presidente Till, expresó su deseo de enseñar el evangelio a través de la música.
Su idea llamó la atención del presidente de misión, quien le pidió que escribiera canciones y ayudara a formar un grupo musical misional, y así fue cómo nació New Horizons.
Al élder Davenport se unieron otros jóvenes misioneros, entre ellos Lonnie Gunter, Brook Richan y Clyde Robins. También formó parte del grupo un joven y talentoso arreglista llamado Mack Wilberg, quien muchos años después llegaría a ser director musical del Coro del Tabernáculo de la Manzana del Templo.
Pero para el presidente Till, el talento musical no era lo más importante a la hora de elegir a los integrantes.
«Entrevisté por el espíritu», explicó años después.
Para este proyecto, él buscaba jóvenes que fueran tiernos, amorosos, amables, humildes y que llevaran consigo el Espíritu del Padre Celestial. La música sería el medio, pero el propósito seguía siendo misional.
De las calles a la televisión coreana

New Horizons comenzó a interpretar música religiosa, canciones folclóricas y música popular inspiradora en coreano. Esa propuesta rápidamente llamó la atención y los llevó a presentarse en televisión, radio, conciertos y bases militares estadounidenses.
En sus presentaciones también participaba Tender Apples, un grupo vocal formado por niñas coreanas, algunas de ellas de apenas 14 años, provenientes de un hogar para niños.
Lo más conmovedor de esa colaboración es que los ingresos obtenidos de los cuatro álbumes que grabaron juntos fueron destinados a apoyar el hogar de las niñas.
Mientras los miembros de New Horizons se presentaba, otros misioneros aprovechaban la oportunidad para conversar con las personas, responder preguntas sobre la Iglesia y compartir el evangelio.
En algunos lugares, los misioneros llegaban incluso a los patios de complejos de apartamentos, conectaban sus equipos eléctricos y comenzaban a tocar. Poco a poco se reunían grandes grupos de personas alrededor de ellos.
Poco a poco la música les permitió llevar el evangelio a varias personas.
Una regla que llevó el nombre de la Iglesia a todas partes

El presidente Till tenía además una estrategia muy particular. Cada vez que los integrantes de New Horizons eran entrevistados, debían mencionar el nombre completo de la Iglesia en sus respuestas.
Así, una pregunta tan sencilla como «¿Les gusta el kimchi?», debía terminar con una respuesta como:
«A los misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días nos encanta el kimchi«.
La idea detrás de esta regla era aprovechar cada oportunidad para que las personas escucharan y reconocieran el nombre de la Iglesia. Y los resultados fueron sorprendentes.
Cuando el presidente Till volvió a realizar la encuesta aproximadamente un año después, el reconocimiento de las personas hacia la Iglesia de Jesucristo había aumentado del 7 % al 70 %.
Lo que comenzó como una idea para dar a conocer la Iglesia se había convertido en una herramienta que estaba ayudando a los misioneros de todo el país.
Una historia que volvió a sonar décadas después

En 2008, antiguos integrantes de New Horizons regresaron a Corea para una gira de reencuentro. Algunos de los mismos espectadores que los habían escuchado en la década de 1970 volvieron a recibirlos con entusiasmo.
En esa gira realizaron conciertos y reuniones en centros de reuniones de la Iglesia, acompañados por familiares y algunas antiguas integrantes de Tender Apples. Décadas después, aquella música todavía fue recordada en aquella gira.
La historia de New Horizons demuestra que, a veces, la obra misional puede comenzar con una canción, un talento o simplemente una oportunidad para conectar con alguien.
Y quizá esa sea una de las enseñanzas más interesantes de esta historia para nosotros. No todos tenemos que cantar, tocar un instrumento o subirnos a un escenario, pero cada persona tiene talentos, intereses y habilidades que pueden utilizarse para hacer el bien.
New Horizons encontró su manera de hacerlo en Corea del Sur a través de la música en los años setenta. ¿Cuál podría ser la tuya?
Fuente: Church News
