Para algunas personas, asistir al templo puede parecer algo sencillo: revisar el calendario, hacer una cita y conducir hasta allí. Pero para muchas familias, especialmente aquellas con niños pequeños, personas mayores o miembros que viven lejos, la realidad es bastante diferente.

El transporte, el cuidado de los hijos, los horarios de trabajo e incluso tener una recomendación vigente pueden convertirse en obstáculos que hacen que una visita al templo se posponga una y otra vez. Por eso, algunos barrios y estacas de Estados Unidos están buscando maneras diferentes de ayudar a sus miembros.

Dos experiencias recientes, una en California y otra en Georgia, muestran cómo pequeños esfuerzos de organización pueden convertir una visita al templo en una experiencia para toda la familia.

Una jornada en el Templo de Los Ángeles que fue mucho más que una visita

Miembros de la Estaca Arcadia California visitan el Templo de Los Ángeles. Imagen cortesía de la Estaca Arcadia de California.

En abril de 2026, la Estaca Arcadia, California, organizó una jornada especial en el Templo de Los Ángeles. La idea era conseguir que la mayor cantidad posible de miembros pudiera disfrutar del día, incluso aquellos que normalmente encuentran dificultades para asistir al templo.

Para ello, el barrio se organizó para que mientras algunos miembros participaban en sesiones, los niños disfruten de una búsqueda del tesoro dirigida por las misioneras. Las familias podían participar en talleres de historia familiar en el centro de visitantes y también se organizó un recorrido por los terrenos del templo.

Pero quizá la iniciativa más especial se la llevaron los niños de la Primaria quienes participaron de una actividad que consistía en construir pequeñas réplicas del Templo de Los Ángeles con piezas de Lego.

La jornada terminó con una barbacoa en el área de picnic del edificio contiguo al barrio, donde alrededor de 250 personas se reunieron después de las actividades.

De esta manera, la visita dejó de ser una experiencia reservada únicamente para quienes podían participar en una sesión del templo. Cada miembro de la familia pudo encontrar algo en lo que participar.

El transporte también puede convertirse en una barrera

Un modelo de Lego del Templo de Los Ángeles. Imagen cortesía de la Estaca Arcadia de California.

Una de las dificultades que la estaca tuvo que resolver fue el transporte. Hillary, una miembro de la Sociedad de Socorro que participó en la organización, vive a unos 56 kilómetros del Templo de Los Ángeles y explicó que el recorrido puede tomar hasta una hora debido al tráfico.

Para algunas familias, ese trayecto puede ser todavía más complicado. Si a la distancia se suman niños pequeños, horarios de trabajo y otras responsabilidades, un viaje al templo puede terminar siendo algo que se deja para «cuando haya tiempo», aunque ese momento nunca llegue.

Por eso, los obispos de la estaca trabajaron juntos para coordinar los traslados de los miembros.

También ayudaron a quienes necesitaban renovar su recomendación para el templo. El resultado fue inesperado: durante los días previos a la actividad, muchos miembros aprovecharon la oportunidad para renovar sus recomendaciones.

Esto permitió que personas que quizá llevaban tiempo sin asistir pudieran volver a hacerlo.

El cuidado de los niños abrió una puerta para muchas familias

Niños de la Estaca Arcadia, California, caminan por los terrenos del Templo de Los Ángeles. Imagen cortesía de la Estaca Arcadia de California.

Para los padres de niños pequeños, quizá uno de los mayores obstáculos sea encontrar quién cuide a sus hijos mientras ellos están en el templo.

En la Estaca Arcadia, líderes de la Primaria y padres trabajaron juntos para proporcionar cuidado infantil durante la jornada. La medida permitió que varios padres participaran en las ordenanzas del templo mientras sus hijos estaban acompañados y atendidos.

Hillary recordó especialmente el caso de una madre con varios hijos pequeños, incluido un recién nacido, que llevaba mucho tiempo sin poder asistir al templo. Para ella, la posibilidad de dejar a sus hijos bajo un cuidado seguro significó volver a experimentar la paz y la alegría que encontraba en el templo.

El resultado de toda esta organización fue significativo. Durante la jornada se llenaron dos salas de sellamiento, hubo una sesión de investidura con casi 100 participantes y alrededor de 50 jóvenes y nuevos miembros tuvieron citas en el bautisterio.

Pero quizá el resultado más importante es que para muchas familias, asistir al templo pasó a convertirse en una experiencia que podían compartir.

En Georgia, los barrios encontraron otra solución

El Templo de Atlanta, Georgia. Imagen: Adobe Stock

Una situación parecida se presentó en las estacas cercanas a Atlanta, Georgia, aunque la solución fue diferente. Allí, algunos barrios comenzaron a coordinar turnos para cuidar a los niños mientras otros miembros asistían al Templo de Atlanta, Georgia.

Kristi, una miembro de la Sociedad de Socorro que vivió en el Barrio Twin Oaks mientras su esposo estaba en entrenamiento militar, contó que su estaca organizaba el cuidado infantil entre diferentes barrios y ofrecía el servicio en un edificio ubicado junto al templo.

La idea era que en lugar de que cada familia tuviera que resolver individualmente quién cuidaría a sus hijos, los barrios compartían la responsabilidad del cuidad infantil.

Un grupo ayudaba a cuidar a los niños mientras otro entraba en sesión. Después, los turnos cambiaban. Este sistema permitió que más padres tuvieran la oportunidad de asistir regularmente.

Para una familia con niños pequeños, esa diferencia puede ser enorme. Como explicó Kristi, cuando las responsabilidades del cuidado de los niños se repartían entre los barrios, asistir al templo se volvía mucho más sencillo.

El cuidado infantil también puede convertirse en una experiencia para los niños

Imagen cortesía de la Estaca Arcadia de California.

En otro barrio de la Estaca Fayetteville, Georgia, los líderes decidieron llevar esta idea un paso más allá.

La visita al templo coincidió con una reunión de la Primaria, pero los líderes no querían que los niños simplemente pasaran unas horas esperando a que sus padres regresaran del templo.

Por eso, prepararon actividades relacionadas con el templo: dibujos para colorear, juegos y rompecabezas. También llevaron a pequeños grupos de niños a caminar por los terrenos del Templo de Atlanta.

Los líderes se sentaron con ellos frente al templo y utilizaron fotografías de los interiores para explicar qué ocurre en cada una de sus salas. Después, cada niño tuvo la oportunidad de tomarse una fotografía frente al templo.

La experiencia permitió que los niños pudieran familiarizarse con el templo, incluso aunque todavía no pudieran entrar para participar en las ordenanzas. De esta forma, el templo se convirtió en un lugar que ellos pudieron conocer, observar y aprender a valorar.

No hace falta organizar algo enorme

Cuando los miembros se ayudan unos a otros, el templo puede sentirse un poco más cerca para todos. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Las experiencias de estas estacas en California y Georgia pueden parecer grandes proyectos, pero quienes participaron en ellas destacan que no es necesario organizar una actividad enorme para ayudar a los miembros a acercarse al templo.

Hillary, de California, recomendó comenzar por algo fundamental: contactar a todos.

No basta con anunciar una actividad durante una reunión y esperar que quienes normalmente no asisten aparezcan. Es importante identificar a las personas que enfrentan dificultades específicas y hablar directamente con ellas.

Puede tratarse de una madre con un recién nacido, una persona que no tiene transporte, un miembro que necesita renovar su recomendación o una familia que simplemente no sabe cómo organizarse para hacer el viaje.

Luego de identificarlos, empieza el verdadero trabajo. A veces, ayudar a alguien a llegar al templo comienza con algo tan sencillo como ofrecerle transporte, cuidar a sus hijos, ayudarle a renovar su recomendación o preguntarle directamente qué necesita.

Cuando los miembros dejan de intentar resolver esas dificultades solos y empiezan a ayudarse unos a otros, el templo puede sentirse un poco más cerca para todos.

Fuente: LDSLiving

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