Bendiciones de niños: Únicas, maravillosas y sagradas

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Mi esposo y yo tuvimos el honor de asistir recientemente a una bendición de niño, él se unió a los otros hermanos formando un circulo al rededor del bebé.

El padre del pequeño le dijo a su pequeño algo que nunca antes había escuchado. Bendijo al niño para que emulara las maravillosas características de todos los hombres del círculo, para que llegara a conocerlos y crecer con su influencia.

Me dio una oportunidad de pensar en cada uno de esos hombres maravillosos y las grandes cualidades que cada uno poseía. Me llené de gratitud al haber podido conocer a personas tan ejemplares.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Sentí un aprecio renovado por nuestra amistad y por el poder del Sacerdocio de Dios, que no solo puede sanar y ordenar, sino también llenar a un niño con bendiciones de lo alto. Es el mismo poder por el cual el universo fue creado.

Para aquellos que son nuevos en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y para aquellos que no son miembros de nuestra fe, pensé en explicarles de qué se trata esta bendición de niño.

Esta bendición es una oportunidad para dar oficialmente el nombre completo de un niño así como las bendiciones que lo ayudarán y guiarán a lo largo de su vida.

La mayoría de nosotros conocemos la historia de Jesús cuando amonestó a sus discípulos porque intentaban alejar a los niños de Él.

“Y viéndolo Jesús, se indignó y les dijo: Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de Dios.

De cierto os digo que el que no reciba el reino de Dios como un niño no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía”.– Marcos 10:14-16

“He Blessed Them One by One” por Jeremy Winborg

También bendijo a los niños en las Américas, como se registra en el Libro de Mormón.

“Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía”. -3 Nefi 17:21

Asimismo, los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec pueden tomar a un bebé en sus brazos y bendecirlo con guía, fortaleza, dones y habilidades para ayudarlos en su periodo de vida en la tierra.

En Doctrina y Convenios se nos dice:

“Todo miembro de la Iglesia de Cristo que tenga hijos deberá traerlos a los élderes ante la iglesia, quienes les impondrán las manos en el nombre de Jesucristo y los bendecirán en su nombre”.– DyC 20:70

Es importante recordar que esto no es simplemente una oración dicha a favor del bebé. Es una bendición dada por la autoridad de Dios.

Así como podemos orar por alguien que está enfermo, no es lo mismo que recurrir al poder del sacerdocio para sanar a esa persona, brindarle el consuelo necesario o dejarlos al cuidado de Dios.

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Imagen: Shutterstock

La autoridad del sacerdocio es lo suficientemente poderosa para obrar milagros, siempre y cuando sea esa la voluntad de Dios.

Por ejemplo, el élder Matthew Cowley solía contar la historia de una experiencia que tuvo en Nueva Zelanda. Un padre maorí le pidió al élder Cowley que bendijera a su bebé. Él le dijo:

“Al darle su nombre, por favor devuélvele la vista. Nació ciego”.

“Me sentí abrumado”, compartió el élder Cowley. Pero la fe de ese padre era inmensa.

El élder Cowley bendijo a ese niño con un nombre y luego reunió el valor para restaurarle la vista. Él volvió a ver a ese niño unos años después y el niño podía ver perfectamente.

Aunque la bendición de un niño no es una ordenanza salvadora, como un bautismo o una investidura del templo, el certificado de esa bendición es un registro oficial de la Iglesia y coloca al bebé en los registros oficiales de La Iglesia de Jesucristo.

Es un comienzo importante en la vida de un niño, y muchos familiares viajan grandes distancias para estar presentes en este momento especial.

Imagen: Shutterstock

Si el bebé es bendecido en la Iglesia, inmediatamente después de la bendición, el pequeño generalmente se sostiene en alto, para que aquellos que estén reunidos en la capilla puedan ver al nuevo miembro de la congregación.

Inevitablemente escuchas los “oohs” y “aahs” ante la ternura de un dulce bebé que tiene toda una vida por delante.

Es mi deseo que todos puedan hacer de este acontecimiento una celebración enternecedora y espiritual. Inviten a sus amigos, vecinos y compañeros de trabajo. Nunca se sabe qué corazones pueden ser tocados por este hermoso ritual que tan a menudo damos por sentado.

Hay verdadero poder en el sacerdocio, y aquellos que lo poseen dignamente pueden, literalmente, traer los poderes de los cielos. Es algo especial y glorioso poder presenciarlo.

Fuente: Meridian Magazine

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