Durante mucho tiempo, una pregunta puede quedarse rondando en la cabeza de muchos adultos solteros de la Iglesia: ¿qué se supone que debo hacer con mis deseos sexuales si todavía no estoy casado?

La respuesta no empieza diciendo que esos sentimientos sean malos.

El presidente Ezra Taft Benson enseñó que los deseos sexuales fueron creados por Dios. Dentro del matrimonio, pueden expresar amor, fortalecer la unión entre esposos y permitir que lleguen hijos al mundo.

El desafío aparece cuando esos deseos están presentes antes del matrimonio. Ignorarlos no hace que desaparezcan, pero tampoco significa que deban controlar las decisiones de una persona.

Sentir deseo no significa perder el control

silueta de pareja
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Tener un deseo físico es natural. La diferencia está en lo que cada persona decide hacer con él.

El hambre, por ejemplo, puede sentirse con mucha intensidad, pero no decide qué comerás. De manera similar, una atracción o un deseo sexual puede aparecer sin que eso determine lo que harás después.

Ahí entra el albedrío. El problema no es reconocer que existe un deseo. La verdadera batalla comienza con lo que hacemos con nuestros pensamientos, las imágenes que alimentamos y las decisiones que vienen después. Satanás intenta convertir algo que Dios creó en una razón para pensar que no tenemos control.

pareja en el atardecer
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Algo parecido ocurrió en el Jardín de Edén. Satanás tomó deseos reales, como aprender y progresar, y los mezcló con una mentira sobre Dios y Sus límites. Ese patrón sigue apareciendo hoy: hacer creer que obedecer a Dios significa perderse algo mejor.

Sin embargo, los límites también pueden proteger. Durante la Conferencia General de octubre de 2022, el élder Quentin L. Cook recordó el consejo de Alma a su hijo Shiblón: “refrena todas tus pasiones para que estés lleno de amor”.

La idea no era eliminar las emociones ni los deseos, sino aprender a dirigirlos. El cuerpo y sus impulsos no son enemigos. Pero cuando una pasión empieza a dirigir las decisiones, puede alejarnos de aquello que realmente queremos llegar a ser.

La batalla empieza mucho antes de una decisión

la primera cita de tu hijo
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Muchas veces, una caída no comienza con una acción grande. Empieza con un pensamiento que se queda demasiado tiempo.

Jesucristo enseñó que muchas de nuestras acciones nacen primero en el corazón. Por eso, lo que una persona mira, imagina o repite mentalmente puede terminar fortaleciendo ciertos deseos.

Santiago explicó algo parecido cuando enseñó que el deseo, después de ser alimentado, puede llevar al pecado. Existe un momento entre sentir atracción y actuar. Ese espacio importa.

Si una persona vuelve constantemente a una imagen explícita, una fantasía o un pensamiento sexual, está fortaleciendo ese patrón. Por eso, una de las respuestas más prácticas es aprender a cortar el pensamiento antes de seguir alimentándolo.

ley de castidad
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Pablo enseñó a llevar “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Eso puede significar cambiar lo que estamos viendo, salir de una situación, ocupar la mente en otra cosa o simplemente reconocer lo que está pasando y acudir a Dios.

No hace falta fingir delante de Él.

Una oración puede ser tan directa como: “Padre Celestial, estoy sintiendo deseos fuertes y necesito ayuda para manejarlos”. Esa sinceridad puede ser mucho más útil que intentar aparentar que no existe ningún conflicto.

Y si una persona ya cruzó límites importantes, tampoco necesita esperar hasta “sentirse suficientemente arrepentida” para buscar ayuda.

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El arrepentimiento muchas veces comienza con una decisión antes de que lleguen todas las emociones. Hablar con el obispo puede formar parte de ese proceso cuando se trata de pecados serios. No como un castigo, sino como una manera de asumir responsabilidad y volver a acercarse a Jesucristo.

El rey David aprendió dolorosamente lo que puede ocurrir cuando una pasión deja de estar bajo control. Después de su pecado, finalmente reconoció lo que había hecho y pidió a Dios: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio”.

Esa oración también puede ser importante para alguien que siente que su corazón se ha vuelto indiferente.

Incluso cuando no aparece inmediatamente el remordimiento, una persona puede pedirle a Dios que le ayude a sentirlo, abandonar las justificaciones y comenzar a cambiar.

Ser soltero no significa dejar de sentir. Significa aprender, poco a poco, que un deseo puede estar presente sin convertirse en dueño de nuestras decisiones. Y en ese proceso, Jesucristo no espera que alguien libre la batalla completamente solo.

Fuente: Add Faith

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